Mozart: el prodigio

Anniett Martínez Pérez
03/ 04/ 2017

Entre los músicos ha habido siempre muchos precoces. Tal es el caso Georg Friedrich Händel quien se sabe que a los diez años compuso un libro de sonatas. Pero de todos, el más célebre es Wolfgang Amadeus Mozart, que escribió la mitad de sus obras antes de los 21 años, y dejó al morir más de 600 composiciones.        

Mozart dio su primera presentación pública con cinco años y a esa misma edad compuso su primer minueto. Cuentan que siendo adolescente, se le acercó un muchacho de su edad, y le preguntó cómo se componía una sinfonía.

De inicio, le contestó que debía pasar muchos años de aprendizaje antes de intentarlo, a lo que su coetáneo, le dijo evidentemente molesto: «Pero tú ya componías a los diez años»; a lo que Mozart le respondió: «Sí, pero no tenía que preguntar cómo».

En abril de 1770, Mozart y su padre llegaron a Roma para asistir a los oficios de Semana Santa en la Capilla Sixtina, cuya joya central era el Miserere, de Gregorio Allegeri.

Sobre esta pieza pesaba el derecho de exclusividad de esa capilla desde 1638, y estaba prohibida su ejecución en otro sitio, bajo pena de excomunión. Wolfgang quedó tan impresionado que al regresar a la posada la copió de memoria. Al escucharla por segunda vez, al día siguiente, advirtió que sólo había cometido dos errores.

Más tarde, después de una estancia de verano en Salzburgo, Mozart y su padre regresaron a Italia para la boda del archiduque Fernando; ocasión en que se le encargó a Mozart una ópera breve en dos actos, como complemento de la obra central compuesta por Johann Adolph Hasse.

La creación de Mozart: Ascanio in alba, eclipsó totalmente la del anciano compositor, quien aceptó la evidencia de la superioridad de Amadeus y escribió a un amigo: «Este niño hará que se nos olvide a todos».