Carlos Ruiz de la Tejera
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Carlos Ruiz de la Tejera es un extraordinario comunicador. Lo saben los más diversos públicos. De toda Cuba, y de numerosos países de América Latina, Europa y África. Una entrevista con él es divertida. Es cómo su espectáculo. Hace reír y pensar. Con este actor magnífico y conversador nato tan sólo una palabra es una provocación.
LOS INICIOS
Yo nací para esto. En la cuna me decían ¡qué niño más gracioso! A la vez que estudiaba ingeniería, aprendía francés con María de los Ángeles Santana, y le pregunté ¿donde estudio actuación? Me dijo: puede ser con Andrés Castro o Vicente Revuelta. Andrés Castro tenía la sala Las Máscaras cerca de aquí (su apartamento en El Vedado de La Habana) así que fui con él. Yo era ingeniero de día y actor de noche.
DEL TAI CHI AL YOGA
Me entreno diariamente, hago un compendio de técnicas orientalistas y occidentales. Empiezo con estiramientos del tai chi, para liberar energía, después del kata kari, movimientos involuntarios naturales, y paso a los cinco ritos de los lamas del Tíbet que te dan mucha energía. Un poco de tensión dinámica para mantener la tonicidad de los músculos, y esto me sirve para cargar mis maletas en los viajes y ahorrar propina, y termino con una sesión de yoga.
LA TÉCNICA ES MUY IMPORTANTE
Estuve en el grupo de Vicente Revuelta y con él estudiamos mucho. Porque usted puede tener talento, pero la técnica es muy importante. De ahí se desprenden las respuestas al por qué eres artista y al qué es un actor. Qué pasa en el escenario cuando te quitas las máscaras: puedes hacer lo que el espectador no puede, porque está sometido a convenciones sociales.
ELOGIO DE LA RISA
A mí me gusta hacer reír, que la gente sea feliz. Elaboré un monólogo, Elogio de la risa, es como mi presentación. Lo empecé a emplear en todo y a la vez comencé los recitales de canciones, poemas. Un humor que diga algo a los demás y haga reír. Entonces [Manolo] Rifat me llevó a la televisión, donde hice el personaje Tarado Tallarini, el nombre lo inventó [Germán] Pinelli. Pero el personaje me limitaba, no se reía, era un tipo que se vestía formalmente, tenia el pelo largo. Me di cuenta que yo era ya Tallarini y empecé a desdibujarlo.
LA HERMANA MAYOR
A mí me gusta mucho la sátira, que es la hermana mayor del humor. Con el Conjunto de Espectáculos trabajé toda la década de 1980. Y fue interesante pero me limitaba un poco el repertorio. Luego vinieron cosas que se hicieron clásicas, como El punto y coma, La vela, La guagua, en los 90 El camello, La tergiversación de la noticia, La jaba de nylon.
UN ATLETA DEL CORAZÓN
El actor es un atleta del corazón. Esa es una definición de Antonin Artaud que a mí me gusta mucho. El problema es que el actor, igual que cualquier ser humano, desde que nace se somete en cada país o idiosincrasia a las normas sociales, no grites, no hables; o sea, un niño bien educadito es un niño bien reprimidito, pero cuando tú estas en el teatro tienes que liberarte.
Tienes que llorar, gritar. Hay quien lo hace por talento intuitivo, pero está la técnica. Stanislavski abordó muchísimo la cadena de acciones. Hay autores que acotan, pero otros no, y tú tienes que inventar todas las acciones. Ahí es cuando acudes a tus vivencias.
Ahora, tú coges el texto, y tienes que estar de acuerdo. Yo, por lo menos, hace mucho tiempo que no hago nada que no crea. Tienes que creer. Después tiene que pasar por el corazón y al final por la boca.
MIENTRAS MÁS NACIONAL, MÁS UNIVERSAL
Nicolás Guillen, que era una persona excepcional, manejaba mucho el humor. El humor en su poesía es magnifico. Yo era el único que hacía sus poemas humorísticos, como El cosmonauta.
Nicolás me decía, mientras más nacional seas, más universal serás. Eso se me clavó en el cerebro. A veces la gente no entiende. Tengo una experiencia en el 80, en un teatro de Ciudad de México. Me pregunta el empresario, ¿y usted que va a hacer? , le digo bueno, el cuento de La vela, El punto y la coma. Y me pregunta ¿y La guagua? Le dije: eso es muy de allá. Pero yo lo contraté a usted por La guagua, me respondió. Le digo entonces: bueno, cambiaré algunas palabritas para que me entiendan. Entonces, concluyó enfático. Me dijo: no, no le quites una palabra porque pierde la cubanía. Ese es el sentido.
RITA MONTANER, GARDEL, LOLA FLORES
No puedes cambiar tu espectáculo, porque veamos, ¿con qué triunfó Rita Montaner en París? Con El manisero. Ella no fue a imitar a Edith Piaf. ¿Y allá hay un chino que venda maní? No, pero en Cuba sí, y a la gente le gustaba. Gardel tuvo éxito por lo porteño y Lola Flores y Sara Montiel por lo españolas. Los que van a imitar fracasan.
MONÓLOGO DEL BONSÁI
Lo que yo hago es un homenaje a la cultura del país donde voy. Por ejemplo, en Brasil, en el Foro de Porto Alegre. En un momento determinado, en el estadio Gigantinho, con 20 mil espectadores, hice en portugués Los estatutos del hombre, de Thiago de Mello.
Después seguí con Guillén: La balada de los dos abuelos, que explica muy bien la idiosincrasia cubana. Voy a Argentina y hago mi versión de la Balada para un loco de Ferrer-Piazzola. Ante los venezolanos, el Monólogo del bonsái, que me escribió Aníbal Nozoa, un humor muy político porque compara a los países de América Latina con un jardín de bonsái japonés donde los jardineros son del Fondo Monetario Internacional. Pero hay un bonsái que decide crecer…
DE GRANDES OBRAS...
Yo creo que la vida no es lo que tú te propones, sino lo que te va sucediendo, porque durante las décadas de 1960, 1970, y aún en los ochenta, el teatro tuvo una explosión cultural en Cuba.
Hacíamos Brecht: La madre, La opera de tres centavos. Era muy rico, las puestas en escenas eran tremendas. En Teatro Estudio hice Galileo Galilei, comedias, y paralelamente inicié el espectáculo que todavía mantengo con Jesús del Valle (Tatica). Son canciones, poemas, humor.
La idea nos surgió cuando José Antonio Rodríguez dirige Caminando y cantando, con poemas de América Latina. Roque Dalton, que era amigo mío, hizo el guión e incluyó el humor con una sátira al dictador que había en El Salvador, y yo me basé en como hablaba [Fulgencio] Batista.
Hicimos otros recitales, pero Raquel [Revuelta] dijo, hay que hacer teatro, nos vamos a acostumbrar a estos recitales. Pero yo me di cuenta que seleccionando canciones, poemas y humor con un sentido. Tú puedes llegar al ser humano en momentos vitales, por eso le puse Cantos de amor y vida.
CONFIAR EN LA SENSIBILIDAD
Es lo que hay que darle al hombre. Lo hago en Porto Alegre, o en la Plaza de la Revolución, donde hice el Padre Nuestro Latinoamericano, de [Mario] Benedetti, para un millón de personas, contra algunos criterios. Hay que confiar en la sensibilidad de la gente. Yo lo estrené en el año 1966, en las montañas de la provincia Pinar del Río, con la Brigada Raúl Gómez García, y había compañeros que me decían pero Carlos Ruiz, los campesinos todavía no tienen para que eso. Bueno depende como tú lo hagas.
POESÍA CONTRA EL TERRORISMO
Tengo un espectáculo, muy delicado, contra el terrorismo, hecho muy poéticamente. El guión lo configuró el poeta argentino Héctor Celano. El padre de Fabio di Celmo (el joven italiano muerto por una bomba puesta en un hotel habanero) estuvo inmerso en esto. Él no llora, lo transforma en acciones. El muchacho fue víctima del terrorismo contra Cuba, cosa que se trata de ocultar en el mundo.
El guión llega hasta Los Cinco Héroes, porque ellos lucharon para impedir esas acciones terroristas, por eso están presos en los Estados Unidos. Están ligados a Fabio.
Hay textos de la Madre Teresa para hablar de la vida, y la bellísima canción que hizo Manolo Argudín, Lejos de Génova, musicalizada por Frank Fernández. El espectáculo se llama Canción, poema y flor.
SOS CONVIVENCIA
Yo trabajo ahora sobre el problema del ruido, porque ¿quién dijo que la bulla es símbolo de alegría?, y tú vas a un lugar y los bafles no te dejan hablar; y en la falta de educación, porque hay cada vez mas cultura, pero falta educación. Nadie dice: perdone que lo moleste, me puede decir la hora. No, te dicen, oye tío qué hora es. Ese ya lo tengo y se llama SOS convivencia. Hay que reír pero que la gente piense. José Martí dijo: el humor y la sátira tienen que ser a la sociedad como un látigo, con cascabeles en la punta.
MUY MARTIANO
Yo tengo una angustia de no poder hacer todo lo que quiero. Trato de ser lo mejor posible. No me gusta la injusticia. Tengo un sentimiento muy martiano en el alma, que me lo inculcó mi madre. Martí fue un hombre muy puro y dolorido a la vez, y eso a mí me impresiona mucho. Yo trato de ser lo más justo posible.
Foto www.actualidadescenica.cult.cu
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