Triángulo
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Todo comienza en La Habana (...) donde cercano de la brisa, del tráfico de flashes y turísticos asombros, existe un triángulo. Difícil por las cruentas travesías que propone. ¡Cuántos naufragios! ¡Cuántos castillos de esotéricos naipes derriban su silencio! Figura pitagórica dibujada por dos inmuebles y una eternidad: la Funeraria, La Oficina de Intereses de los Estados Unidos y el mar Caribe. Aquí, en el parque de su centro, coincide nuestro triángulo de sufrientes.
Así, intenta introducir el programa de mano del estreno en 2004 la pieza Triángulo, de Amado del Pino, llevada a escena por Vi-Tal Teatro, dirigida por Alejandro Palomino y próxima ahora a reponerse en Argos Teatro.
Es una obra de emociones y encuentros. Un texto de excelencia de un autor que cala hondo en el pensamiento y el sentir popular, que toma sus vivencias como materia prima y las devuelve transformada en arte mayor.
No es un calificativo festinado. Veamos tan sólo algunos premios recibidos por sus obras: Premio de Dramaturgia Virgilio Piñera, que obtuvo en su primera edición (2002), por El zapato sucio, que además fuera Premio de la Crítica a los diez mejores títulos publicados ese año, gracias a la sinceridad del texto y también, a su crudeza; el lauro Rine Leal de teatrología, por Sueños del mago; el José Antonio Ramos 2003, de la UNEAC y uno de los premios Villanueva, entre las mejores puestas de 2004 ambos por Penumbra en el noveno cuarto.
Triángulo, esa pieza tan habanera, regresa a escena gracias al grupo Cabotín Teatro, de Sancti Spíritus, que dirige Laudel de Jesús. Podría parecer sorpresivo, pero De Jesús ya probó fuerzas con otra obra de Del Pino, Tren hacia la dicha aunque no la ha presentado en la capital cubana.
¿Consideras que Triángulo, una obra diferente a otras tuyas, significó un punto de giro en tu dramaturgia?
Para esta pieza tuvo menos una acumulación de años que El zapato sucio o Penumbra… Aquí, la revelación fue instantánea; pasé por el parque que está frente a la funeraria de Calzada y K, el cual tiene forma de triángulo y me vino esa sacudida que algunos llaman inspiración. Enseguida me percaté de que era una obra mucho más misteriosa que las anteriores, con menos sitio para la narración argumental y más para el tratamiento de las atmósferas. Claro, a nivel temático hay también muchas de mis obsesiones, pues está el verso, la rima, el refrán, el dicharacho, la sexualidad asumida con desenfado. No la llamaría ruptura, pero sí creo que fue el cierre de un ciclo.
¿Te agrada que se reponga?
Triángulo la estrenó Alejandro Palomino con Vital Teatro y le haremos una especie de homenaje a ese grupo que lo hizo en el Teatro Bertolt Brecht en condiciones difíciles. Es tal vez mi obra preferida. Me preguntan porqué si otras han tenido más premios, más repercusión. Para mí es donde más ambicioso he sido. Tres personajes, tres espacios de la ciudad, el mar, la embajada norteamericana, la funeraria. Una obra casi en verso, un período dramático más ambicioso que me he puesto en mi vida. Personajes ricos, sentimentales, apasionantes. Se pondrá en Argos Teatro, donde se estrenó recientemente Reino dividido que después estuvo de gira por España. Lo digo sin ninguna demagogia, me entusiasma este Triángulo que viene del interior, de Sancti Spiritus, donde el acento es igual que en Ciego de Ávila, mi tierra natal. Va a sonar como hablan mis primas, mi hermana, el acento que es el mío.
Háblanos de las circunstancias en que escribiste Triángulo. ¿La consideras confesional como Tren... y El zapato sucio?
En las dos últimas que pensionaste estaban sobre todo mis fantasmas rurales, y en Triángulo están las presencias urbanas. ¿Las circunstancias personales de verdad? Fue la recuperación de mi vida, de un camino distinto. Veía la vida de manera fuerte. Pasé por ese parquecito que hace como un triangulito, y pensé en los tres personajes. Fue la arrancada. Está el tema del alcoholismo, el arraigo, la emigración. Es un tejido con boleros, canciones infantiles, dicharachos y textos nuevos, de poesía popular. La crítica ha hablado de poesía de la crudeza y yo creo que es la más dulce crudeza. Recuerdo que coincidió en temporada con Penumbra en el noveno cuarto, mi obra más exitosa protagonizada por Omar Franco, y yo estaba contento con las dos, pero iba a más funciones de Triángulo, porque era más difícil.
En cuanto a la estructura dramática ¿cómo la comparas con tus otras obras?
Es la menos convencional. Es una obra en que no estás asistiendo detalladamente al argumento, hasta que sales y la tienes en tu cabeza y sobre todo en el corazón. Reconstruyes el argumento. No es que sea crítica, aunque lo es, lo vamos dando por parte. Es un juego muy dinámico de seres que coinciden en ese ratico, la hora y algo que precede al amanecer y es lo único que tienen en la vida. Se parece a una función de teatro, que estamos juntos esa hora y pico. ¿No crees?
Vuelve Amado del Pino con Triángulo, una pieza que mantiene toda su actualidad. Expresamente cubana, muy marinera, dice el autor, pero muy universal al tratar el desamor, el desarraigo, el alcoholismo. Sentimiento y emoción, desde el intelecto.
Foto http://www.ahs.cu
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