Foto:Palitos de tender |
Antecedida por la exhibición Gráfica en la habanera galería La Acacia, Nelson Domínguez (Santiago de Cuba, 1947) llevó al –también capitalino- edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes, su más reciente entrega artística de Madera y Papel (1).
En aquella la cubanía vuelve a moverse en el eje central de su discurso plástico, como los demostraran Paisaje de Cojímar, Sincretismo, Mujer con guitarra y sus Martí; mientras anuncia, a partir de sus nueve litografías Palitos de tender (2006), el nuevo centro de acción abordado por este destacado artista en su muestra de Bellas Artes.
En el gran espacio que ocupa la planta baja del edificio de Arte Cubano el espectador se enfrenta a estructuras tridimensionales de metal o madera, trabajadas en convertidores de hierro, o pintadas con óleo, quemadas y caladas, que conforman estas peculiares presillas, cuyas morfologías parecen vibrar para hacerse singulares personajes.
Aún allí, también sus crucifixiones, desmitificadas e impresionantemente contemporáneas, y las conjugaciones de papel y madera en sugestivas esculturas que nos parecen mirar, indisolublemente unidas por la irónica metáfora de una ranka ortopédica; y La marcha, instalación de siluetas de gente de pueblo en piezas ensambladas de madera enserada que agitan banderas cubanas, originales e imprescindibles de cualquier movilización revolucionaria, que resulta ser una particular cofradía visual entre arte y realidad.
Ya arriba, en la sala de exhibiciones transitorias del Museo, la poesía se hace magia, la alquimia se transforma en arte; y este, el de Nelson Domínguez, no hace entrar a una encantada azotea donde una tendedera de arte y otros tantos palitos de metal, plástico y mármol miran primero para afianzar después los valores –algunos, no todos son posibles-, de la plástica cubana.
Allí en ocasionales pareos ondean las formas y colores, las líneas y composiciones de René Portocarrero, Servando Cabrera, y Wifredo Lam; pero también los de Vicente Rodríguez Bonachea, Ernesto García Peña, Roberto Fabelo y Zaida del Río; maestros y alumnos presentes en este impactante y muy bien resuelto homenaje.
Y cuando entramos al encristalado reciento estalla el talento. Precursor en la manufactura del papel, las gruesas y rugosas superficies que ahora logra Nelson Domínguez, comienzan a sostener su impresionante dibujo.
No por quebrarse las líneas, dada las texturas de sus soportes, dejan ellas de pintar –entre comillas- las anécdotas de sus fábulas. De nuevo la cubanía invade la dramaturgia que las sostiene. Aquí están los excelentes equilibrios de Interior de La Habana Vieja, Diálogos Inconclusos, especie de especiales retratos familiares; o de Los Sueños de Alejandro, su Fidel (2007), vibrante y presente, custodiados estos por sus Martí de 2003 y 2006, que nos demuestran el soberbio y sostenido ejercicio del artista.
Madera y papel perfila a un radiante Nelson Domínguez próximo a cumplir sus 60 años de vida, al pintor, grabador, dibujante y escultor, pleno en su talento, tanto que la curva parece alcanzar lo más alto en la gráfica de su carrera artística.
(1) Se refiere a las exposiciones del artista abiertas entre febrero y marzo de 2007 en las citadas instituciones habaneras.
*El autor es crítico de arte y colaborador de CMBF, Radio Musical Nacional.
Fuente / Programa Luz, forma, color.
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