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  RENÉ DE LA NUEZ CUMPLE 70
  Por Mireya Castañeda
 

 

RENÉ DE LA NUEZ CUMPLE 70

La caricatura en Cuba tiene una rica historia. Tres serán, sin embargo, los personajes que la marcarán: el Liborio, de Ricardo de la Torriente, el Bobo, de Eduardo Abela y el Loquito, de René de la Nuez, quien el 8 de septiembre festejó su cumpleaños 70.

Este 2007, además, su personaje clásico el Loquito, celebra 50 años y por ello se realizó una exposición, ¡¿Loco Yo?! en la galería Villa Manuela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Ante esas dos fechas, le presentamos una entrevista con ese gran caricaturista, dibujante y conversador que es René de la Nuez.

El Loquito es un personaje que te consagró.

Si, pero yo no estaba preparado para esto. De pronto me di cuenta que el loco se había convertido en adulto. Después del triunfo de la Revolución el director de Zig Zag me empezó a censurar y me lo llevé para Revolución, estuvo saliendo un tiempo, y luego otra figura, don Cizaño, que representaba la prensa reaccionaria. Don Cizaño también después muere cuando se nacionaliza la prensa, tampoco tenía ya razón de ser. Hice el Barbudo que ya venía surgiendo dentro del mismo Loquito, con otro diseño, otras características. Lo trabaje mucho tiempo en Granma y otros periódicos y todavía algunas veces lo utilizo.

¿Alguna relación con el Bobo de Abela como se ha dicho?

Se parecen en su concepto de humor, no en el dibujo. Abela es como yo de San Antonio de los Baños, al sur de La Habana y yo oí mucho hablar de él, pero no lo conocí, nunca hablé con él. Pero si reconozco que como oí hablar de Abela quise tener mi bobo particular y saqué mi loco.

¿Has abandonado la caricatura?

Nunca la he dejado de lado. Todos los días hago caricaturas y publico en México, en el periódico Por esto, de cuatro a cinco dibujos diarios. De vez en cuando hago para Juventud Rebelde, el propio periódico Granma, cuando es una caricatura que yo entiendo que debo reflejarla. También publico en el sitio Cubahora. No he abandonado la caricatura pero es verdad que le dedico otra parte de mi tiempo a hacer otro tipo de obras relacionadas con el humor, no inmediatas como la caricatura, sino de otros valores en tiempo. Por ejemplo una serie que se llamó Humor habano. Es el humor de La Habana con el aditamento de las marquillas del tabaco cubano. Esas marquillas las empecé a pegar en el dibujo como un collage y después le dieron un carácter muy interesante al dibujo, porque como la gente se pone ahora la ropa con las etiquetas por fuera… yo usé las etiquetas del tabaco, después lo convertí en parte del dibujo. Se exhibieron algunas en Villa Manuela, la exposición grande de esta serie (cien dibujos de gran tamaño) se puso en Alcalá de Henares, España hace tres años y luego ha ido a Barcelona, Cataluña y Andorra.

También haces y has expuesto pintura.

Hace unos años empecé a dibujar en tela. Yo no soy un pintor, soy un dibujante que tengo el soporte de la tela para expresarme. Telas grandes, de más de un metro, y ahí he hecho una relación con la arquitectura humana de la ciudad de La Habana, es La pícara Habana. Es la picaresca de esta ciudad, donde hay carros viejos, bici- taxi, mujeres, rumberos, vendedores ambulantes, hay de todo. Es una mezcolanza muy barroca de una Habana que yo he pensado. Una ilusión artística, llenar de gente los espacios que mencionó Carpentier, y con ese mismo barroquismo. La gente, cómo se viste, cómo son, todo ese hedonismo del cubano de vestirse con una ropa estridente o andar medio desnudos. Todo eso va conformando estos dibujos, que me han llevado gran tiempo realizarlos y todavía no he terminado la idea esencial, por lo tanto voy a estar un tiempo haciendo los cuadros grandes. Yo trabajo por etapas, como vencí la de las marquillas, espero vencer esta también.

René de la Nuez

Tus dibujos y caricaturas siempre llevan una crítica social.

Es mi interés, sin crítica no hay humor por decírtelo así de plano, porque el humor se basa en una especie de auto crítica, de reírnos de nosotros mismos. Cuando un pueblo logra reírse de si mismo llegó a un grado máximo de su sentido del humor. En Cuba eso es un poco difícil, no por problemas políticos, sino porque el cubano es muy dado a lo festivo pero no a lo filosóficamente humorístico. Y eso es uno de los problemas que a veces uno confronta, personas que no entienden un dibujo o lo toman por otra cosa, pero no es más que un retozo inteligente con el lector o el que esta frente al cuadro, para señalarle de forma humorística, y a veces yo no me lo propongo tampoco, un defecto, una crítica. Por ejemplo, estos dibujos de La pícara Habana son de gente que se ve que todo se lo compraron en la shopping, hasta la bicicleta, es utilizar como un mito estas tiendas que en definitiva están llenas de mal gusto, de kisch. Hay un kisch cubano y esas tiendas han ayudado mucho a engrandecerlo. Es lo que tienen estos dibujos, no tienen un chiste, yo no hago un chiste, tomo la realidad, como el Libro de la bicicleta, que todo está tomado de la realidad, no hay un gag. La realidad es a veces más simpática que lo que uno imagina. Es lo que estoy trabajando, un humor de la realidad, claro, cuando tu lo analizas es crítico, te lo repito, el humor tiene siempre implícita una crítica, un humorista es un provocador alguien que provoca que tú te examines a ver que pasa.

Tienes una serie de El Quijote.

Es otro personaje muy bondadoso. En realidad es Sancho, la contrafigura de El Quijote, y la contraposición filosófica. Sancho es un acomodado, que no sueña, que solo ve la realidad cruda. Los reuní en un libro pequeño que se llama En un lugar de la tinta, publicado por la editorial de la UPEC (Unión de Periodistas de Cuba), la Pablo de la Torriente. Ahora voy a entregarles otro libro que se llama El mundo se va al carajo, con el problema de los ecosistemas, el calentamiento global, y esos asuntos de la ecología.

En cuanto a los libros, tienes una veintena.

Si, dentro de mi trabajo hago libros de humor y casi siempre sin palabras. Así, el Libro del yo, 180 dibujos sobre el yo de la persona, para que tú juegues ahí también y encuentres tu yo, o para que lo ocultes. A mi me gusta mucho, es minimalista en recursos gráficos, todo con la palabra yo. Ese es el número 20 publicado. Libros de humor de distintas etapas de mi vida y de trabajo.

¿El humor?

El humor no es algo fácil. Un humorista tiene que ser un hombre de su época, muy informado, muy actualizado, pero también tiene que saber hurgar. A mí nunca me ha gustado hacer humor sólo para divertir, para hacer reír a la gente, para eso hay otras cosas. Siempre me ha gustado el humor como reflexión y entonces, tiene que ser uno un hombre de su etapa, si no, no lo encuentra. Los que hemos vivido largo como yo, hemos pasados por muchas etapas y me alegro de haberlas vivido. No es lo mismo el Loquito, de una etapa especial, o la guerra de Viet Nam, en que tuve que hacer muchos dibujos, y cuando digo tuve es porque yo tenía la necesidad de hacerlos. Uno no puede ser tampoco una persona que trabaje porque le mandan a hacer un dibujo. A mí nunca me han mandado a hacer un dibujo, yo los he hecho porque he sentido la necesidad espiritual de hacerlos, y tengo la suerte que los publican o los expongo. Uno no debe ser un interprete frío, por encargo, de la realidad, sino conciente de su realidad, la que le tocó vivir, que no es fácil, se ha ido complicando y ahora es la realidad de las bombas inteligentes, de las grandes hambrunas, las grandes miserias humanas, la sin razón de las guerras. Un mundo muy triste pero al mismo tiempo muy rico en temáticas para explotar.

Desde el punto de vista grafico ¿cómo aprecias la transformación de tus caricaturas?

Mi dibujo se transforma constantemente, por suerte, yo lucho por eso, he tratado siempre de dibujar muy libre. Cuando dibujo no se como lo haré, mi estilo es no saber cual es mi estilo. El Loquito me ayudó mucho. Cuando empecé era un espacio muy pequeño tenía que aprender a crear una idea y que fuera legible. Me ayudó a buscar esos factores en la composición. De ahí para acá he seguido dibujando. No trazo a lápiz primero, pongo algunos puntos de referencia, pero nunca paso ni la pluma ni el pincel por donde tracé a lápiz. Dibujo directamente y eso me le ha dado una frescura a la línea que, pienso yo, me ha ido manteniendo joven como dibujante. Yo siempre estoy experimentando. Para mí dibujar es una necesidad vital. Hace unos meses estaba en el hospital y estaba mal, no sabían que hacer conmigo y Pucha (su esposa, también humorista) se apareció con unos papeles y unos lápices y me dijo, oye, hay que empezar a dibujar ya, y ahí me reviví. Así que estoy vivo gracias al dibujo, que no es vivir del dibujo. Yo sí creo que el humor es algo que va dentro del hombre, es uno de los sentidos, sin él no se puede vivir. Todo el mundo tiene su sentido del humor. Los humoristas nos reímos poco. El humorista sufre mucho a pesar que trabaja con la risa. En la risa siempre hay una lágrima oculta que sale en cualquier momento. Fíjate que cuando te ríes mucho te lloran los ojos.

¿Contento?

Contento con mi trabajo. Me mantengo trabajando siempre. Claro, el Loquito me creó una situación difícil y es que la gente busca en mis dibujos siempre una clave, algo oculto, y le ponen lo que quieran, lo que entiendan, eso me ha traído a veces situaciones difíciles. Yo nací con eso en la caricatura y no me lo puedo quitar. También yo he llegado a hacer, te lo digo modestamente, un humorismo que crea opinión. Cuando estaba en el diario Granma pasaba eso, las caricaturas la gente las comentaba en seguida, las ven como una opinión gráfica. Me ha pasado ahora en México con muchos temas, como el narcotráfico, la corrupción. En resumen, sigo dibujando. Me divierto.

 
 
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