Hace ahora una década el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau inició un hermoso espacio en su sede del Centro Histórico de La Habana, en Muralla 63, A guitarra limpia, refugio de la trova sin tiempos.
Gracias a la pasión, sensibilidad y persistencia, el Centro, como sus seguidores cariñosamente le dicen, y bajo la dirección del poeta Víctor Casaus, ha organizado un sábado de cada mes conciertos para consagrados, conocidos y aún desconocidos, y ha ido más allá, los ha grabado en vivo y llevado, primero a casettes y ahora a CD digital.
Esta valiosa idea va teniendo ramificaciones y no hace mucho el trovador Silvio Alejandro comenzó en el cine La Rampa, el proyecto Tres tazas, título de inmediata referencia al refrán A quien no quiere caldo, tres tazas.
Muy justamente, desde el joven espacio se ha querido homenajear la belleza y singularidad de A guitarra limpia, y, con mucha ingeniosidad, lo han hecho desde de la imagen: la exposición A cámara limpia.
La muestra incluye cuarenta fotografías de los creadores Alain Gutiérrez y Kaloián Santos (fotógrafos), Enrique Smith (diseñador) y Ariel Díaz (trovador), quienes desde sus personales perspectivas seleccionaron las más sugerentes instantáneas que han tomado en los conciertos realizados en el patio de las yagrumas que mucho caracteriza al Centro.
La trova y sus protagonistas a partir de las distintas perspectivas de los artistas, son el núcleo de la exposición, que incluye un punto en común: la imagen de Luis Hernández, El Plátano, el fotógrafo de la Nueva Trova, recientemente fallecido.
Alain Gutiérrez, durante mucho tiempo fotógrafo del Centro, seleccionó, de su vasto archivo alimentado por A guitarra limpia, aquellas fotos que muestran el vínculo de los niños con los conciertos, no sorprendentemente, pues muchos son hijos de los trovadores.
Como va siendo habitual en Alain, quien hace ya un tiempo apostó por la intervención digital, presenta fotos a todo color, trabajadas mediante la adición de texturas y, en el segmento dedicado a El Plátano, lo ve entre luces y sombras, con su Zenith como testigo de técnicas ya superadas.
El segundo fotógrafo Kaloián Santos, quien supliera a Alain en las citas A guitarra limpia, optó por primeros planos, cuerdas, manos, clavijas, brazos, detalles que van contando la historia de cada concierto, y lo hace apostando por la expresividad que un buen ojo consigue con el blanco y negro.
Para recordar a El Plátano, Santos se hace testigo de su último adiós.
El diseñador Enrique Smith propone un sugerente conjunto en el cual los protagonistas son los propios fotógrafos, profesionales o aficionados, que han recogido cada uno de los conciertos sabatinos y para decirnos que él es además un artista del lente presenta una secuencia de la mirada de El Plátano, y se la aprecia soñadora y tierna.
Por último, el trovador Ariel Díaz se decidió por las atmósferas como eje de sus fotografías.
A cámara limpia, una exposición que reafirma, en su sencillez, cuatro maneras de enfocar un mismo tema, la trova, sus intérpretes, la guitarra, y el límpido ambiente y significación del espacio que abriera hace diez años el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, A guitarra limpia.
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