Tomás Rodríguez Zayas expuso una selección de 50 caricaturas en el Centro de Prensa Internacional de La Habana, cada una reconocible como salidas de la mano de Tomy, como firma artísticamente.
Son cuadros que existen virtualmente, en la computadora; y ahí están impresos con una buena tecnología, calidad de color, diría el artista, quien se define como un experimentador autodidacta.
P: ¿Cuantos años de caricaturista?
T: Empecé a fines de la década de 1960 a colaborar de forma aficionada con el semanario Palante. En 1967 comencé a hacer caricaturas e ilustraciones para El Bayardo, de la Columna Juvenil del Centenario en la provincia de Camagüey, y en 1968 entré a Juventud Rebelde. Desde esa fecha ya soy caricaturista.
P: Pero como llegas a la caricatura, qué te atrajo…
T: Todo parte realmente de la plástica. Soy de origen campesino. Mi entretenimiento fundamental era jugar en el campo y empecé temprano a utilizar el barro de la orilla del río o la savia de las plantas, para hacer mis propios materiales. Fue en la escuela donde empecé a dibujar. Luego, cuando estudiaba agronomía en Matanzas conocí a Manuel (otro gran caricaturista), quien me estimuló. Me dijo que tenía una buena línea para hacer humor.
P: Con respecto a la fuerte tradición del humorismo y la caricatura en Cuba, ¿te consideras heredero especialmente de alguno?
T: A pesar de que no he seguido un método investigativo sí he estado al tanto de las corrientes del humorismo en la Isla, los estilos y algo muy importante: la caricatura no se quedó en el mero hecho periodístico, trascendió a la plástica. Muchos de los caricaturistas estuvieron en la vanguardia de la plástica, como (Eduardo) Abela, que fue excelente pintor.
Eso me sirvió a mí porque, como dije, desde niño empecé experimentando con materiales alternativos. Eso me ha hecho un experimentador siempre.
“No me conformo con medios tradicionales, como la plumilla, o trabajar la línea solamente”. |
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Siempre he buscado el uso del color, de las texturas, una manera de complementar el mensaje de la caricatura; y eso me ha hecho recurrir a los grandes de la pintura y el humor, cubanos, latinoamericanos, y de otros países. Por ejemplo yo pienso que el muralismo mexicano influyó en mí y también Picasso, que creo influyó en todos por la línea, la síntesis.
En una época me sentí atraído por el fuerte movimiento de humor y gráfica que se creó en los antiguos países socialistas, como Polonia y Bulgaria. Aquel fue un estímulo inicial que también influyó mucho en mí.
P: Fundamentalmente en la caricatura política…
T: Sí, pero yo empecé haciendo humor en varias vertientes, general, un poco el costumbrismo, político. En la medida que fue pasando más el tiempo la caricatura política fue ganando mas espacio.
P: Hablemos de la línea y el color….
T: Cada caricatura lleva un mensaje que debe estar en cualquier elemento que utilices. Desde la idea que tratas de transmitir, hasta el texto, que para el humor es diferente.
Hay que pensar en la síntesis, en no dejar espacio al doble sentido. Una cantidad de recursos que se deben dominar para que el mensaje sea claro, aunque muchas veces las interpretaciones son amplias.
Hay otro elemento que a veces las personas no consideran mucho, y es la forma. Como tu dices, la utilización del diseño, la línea, el color, los espacios blancos, las texturas.
Todo eso conforma un conjunto de elementos que complementan el mensaje. Mi concepto de la línea es el mismo que cuando empecé. Pero no es lo mismo el pincel o la plumilla que ahora la computadora.
“Uno se va enriqueciendo de efectos, la experiencia o de la tecnología”.
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Cada uno te aporta maneras diferentes. Tener un estilo propio es muy importante, y que las personas reconozcan de quién es el dibujo, sólo con mirar.
P: Tus colores son cálidos, ahora comprendo que vienen de tu vínculo con la tierra…
T: Sí, mis dibujos son bien coloridos. Te cuento que cuando tenía 5 ó 6 años de edad empecé a jugar con esos colores que venían de la naturaleza. Recuerdo uno que aún utilizo, es una especie de violeta, que lo sacaba de una frutilla. El jugo daba un violeta intensísimo. Por otro lado están los ocres que vienen de la tierra.
Involuntariamente he ido formándome un concepto del color. Utilizo poco el amarillo, pero sí los ocres, los verdes y en algunos casos los grises, matizados, para crear atmósferas, lugares sórdidos.
P: ¿Sigues algún método específico de trabajo?
T: El recurso del método… y cada cual con el suyo.
Yo utilizo uno que me ha funcionado siempre; o sea, partir de dos vertientes: buscar información grafica e informativa.
Leo mucho, aunque no tanta literatura porque el hecho diario me hace sacrificarla. Así, conformo ideas que muchas veces anoto, frases, palabras o una situación. Lo otro es ir crear un archivo de imágenes porque el periodismo es muy dinámico.
Muchas veces tienes una buena idea pero el tiempo para elaborarla es poco. Por eso el archivo de imágenes, de todo lo que me rodea, con ayuda de la computadora, me facilita más.
P: La computadora…
T: Te permite archivar las imágenes, clasificar personajes: bajitos, altos, con sombrero o sin sombreros.
Esto te acelera al hacer la caricatura. Como método también hago ejercicios de hacer caricaturas. Por eso prefiero que la inspiración me sorprenda trabajando.
La formula total no existe. Vas facilitando el trabajo y luego está eso que se llama oficio. Es una disciplina que se debe ejercitar continuamente.
P: En relación con las artes plásticas…
T: No pasé ninguna escuela. La formación la obtuve principalmente de los libros y del arte en general.
Luego, en la medida que comencé a publicar me fui interesando más por cuestiones específicas de la pintura. He hecho algunos experimentos con grabado, por ejemplo, en el Taller de la Plaza de la Catedral. Hice litografía, trabajé los metales, la madera; y he ido hacia otras corrientes.
Actualmente experimento con la cerámica, en el Taller de Holguín, donde además estoy haciendo un mural muy grande sobre el Che, de 200 metros cuadrados. Soy un autodidacta.
P: ¿Y ahora hacia la pintura?
T: Me ha ocurrido algo interesante. Tengo dos hijos que son pintores, escultores, en una corriente que no tiene mucho que ver con el humor. Me han estimulado a volver a esos materiales que he dejado de utilizar desde hace un tiempo, precisamente por la computadora; resolviendo en dos o tres horas lo que hago en un lienzo con un pincel en una semana.
Eso tiene una magia y un problema, no tengo originales.
P: ¿Dejarías la caricatura?
T: No necesariamente. Cada vez la línea divisoria entre el humor y la plástica se pierden más. Son muchos los pintores que manejan el humor como manera de expresión y casi todos los humoristas van convirtiéndose en pintores o grabadores.
Yo voy por eso camino. Pero pienso que lo del humor no hay quien me lo quite, porque lo llevo muy dentro.
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