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  Siempre un experimentador
  Por Mireya Castañeda
  mireya@enet.cu
 

 

Aziyadé Ruíz, S/T serie Desahogo
Aziyadé Ruíz, S/T serie Desahogo

Cada exposición de Aziyadé Ruiz (Camagüey, 1972), enfrenta al espectador con su muy obvia intención de dialogar sobre problemas cotidianos. Lo hace además en piezas de medianos y grandes formatos.

En su proyección, eminentemente abstracto-figurativa, se admira la sencillez de la línea, la concentración en las texturas, su paleta de colores, terrosos, azules, y finalmente la composición.

Su discurso pictográfico es muy diverso, aún cuando aparenta recrear el mundo que la rodea, imbuida en sus vivencias personales.

La artista, en entrevista para CMBF, afirma que para ella hay un sólo tema, la búsqueda del misterio de la felicidad humana.

Su más reciente exposición ha sido Niké y Aziyadé:Dos artistas abstractas, en la Galería Espacio Abierto, de la revista Revolución y Cultura.

Inaugurada como parte de la Semana de la Francofonía, la muestra ofreció una mirada a la obra de la franco- húngara Niké Nagy y de Aziyadé. Por demás, propició que la cubana haya sido invitada a una estancia de trabajo en Francia.

La ronda de preguntas y respuestas transcurre en el estudio de Aziyadé en el barrio capitalino de Playa:

¿Cree en la inspiración?

Sí, creo en la inspiración. La inspiración y el oficio tienen que ir juntas, pero si creo que al artista lo separa eso, tiene mas vuelo su pensamiento, su forma de interpretar el mundo, de recrearlo.

¿Qué le provoca un tema?

Ante todo quiero hablar del misterio de ser feliz. A partir de ahí tomo un tema, familiar o de los sueños, o la poesía, la tragedia, de personas comunes, y trato desentrañar la felicidad humana, como la vemos, de diferentes maneras.

¿Pinta siempre su autorretrato?

Tuve una serie en que si, era un autorretrato. En algunos momentos pintaba algo bastante autobiográfico, retratos, como nos vemos las mujeres en el entorno familiar, después pasé a una serie en que recreé las historias de las tías, mujeres bastante liberadas, el amor también, en el cual he recreado las historias de cada año de mi vida conyugal. He tomado de una y de otra manera en distintos momentos.

¿Un discurso feminista?

Es un trabalenguas lo del discurso feminista. Las mujeres creamos, por la maternidad. Pero, imagino que el discurso no se centra sólo en eso. La mujer desentraña a partir de su género para mejorar el mundo. El tema de la mujer no es para la mujer, el tema de la mujer es para todos, como el discurso de un hombre no es para los hombres. Yo corto con eso. Tú creas para ser universal, no para ser centralista en el tema de género, aunque el tema género ayuda a las demás mujeres a ver el mundo mejor e insertarse mejor en el mundo. De ahí, puede ser un feminismo para educar, pero no para cortar entre géneros. No creo que yo haga un arte propiamente feminista. El amor no es feminista, el tema de la naturaleza no es feminista.
¿Si tuviera que definir su obra?

A mí me gusta recrearme mucho con la pintura, es decir, pintar gestualmente, improvisar, las materias, los espesores, me gusta experimentar, me gusta el gran formato. Primeramente, lo que estudié fue pintura y luego, me gradué en grabado, aunque es lo que menos hago. Todavía no es un abstracto puro, es un hibrido con la figuración, yo le llamo un abstraccionismo expresionista y bastante gestualista.

¿Cómo se gesta su proceso creativo? ¿Enfrenta el lienzo en blanco, o hace bocetos?  Explíquenos sobre su técnica, el dibujo, su paleta de color preferida ¿Qué determina el material a utilizar? 

El proceso creativo es el día a día. Hago bocetos, aunque sean dibujos en libretas de anotaciones, no una específica, tengo muchas regadas en el estudio, en la toda la casa, la cartera. En la pintura a veces pruebo en pequeño formato para ampliarlos después, es más empírica. Me gusta enfrentarme a mi color con el lienzo bien puesto. El tema influye mucho. Me tiro mucho a los colores contrapuestos, la tierra y el agua, a lo natural. Esto sigue una etapa mía del agua, de los fluidos, como experimentamos la felicidad, pues con los fluidos, lloramos, sudamos. Todo tiene que ver para expresarnos con el agua. Eso influye en el azul, porque salimos del agua, o los terrosos, hacia la tierra vamos y por ahí seguimos evolucionando. Es una adivinanza eterna en la creación. Me gusta esa paleta.
Claro me gusta por supuesto mucho más el óleo, más difícil para construir en gran formato, pero según lo que tenga, también el acrílico que es menos tóxico. No tengo preferencia. Puedo estar haciendo dos óleos y tres acrílicos o viceversa.

¿Cree que ha llegado a su propio lenguaje, sus propios códigos?

Es muy presuntuoso decir que tienes tu propio lenguaje. Si tuviéramos uno no siguiéramos explorando. Si creo que cada serie que uno trabaja va adquiriendo su lenguaje propio. Vas curando, al 20, 25 cuadro lograste algo más concreto de lo que te propusiste expresar. De ahí, a otra habrá diferencia, si no nos agobiáramos mucho. Creo que la gente desentraña más que uno mismo. El ojo del espectador es más agudo, más crítico que uno mismo. Ve tus preferencias.

Entre ellas el gran formato, las texturas…

Así es, prefiero el gran formato. Adquiere mas connotación el concepto de lo que estoy pintando. Me recreo mucho más. En las texturas, me gusta lo pastoso, el grosor, dar la tierra tierra. Es un disfrute.

¿Qué necesita para estar convencida de que un conjunto de obras merece ser expuesto?

Ser muy sincero primero. Cuando en un cuadro no estás a gusto lo vas desechando. Primero la sinceridad de la creación. No falsearte tú misma, ni por un mercado que a veces gusta un cuadro y no es para que sea tan contemplativo. Lo otro, que tengan una coherencia, composición, color con el tema que estoy creando. Hay un ojo en uno que te va enseñando a descartar. Eres tu propio crítico en el aspecto de la construcción misma de la obra. Al final que no reniegues nunca de lo que escogiste, un cuadro que por siempre te convenza.

¿Qué influencias reconoce y por qué?

Tengo muchas influencias. De grandes maestros. De los franceses adoro a Matisse. También, los pintores expresionistas de la post guerra, los concretos, los alemanes que eran bastante matéricos con el lirismo de la tragedia. Los preferidos, Matisse y Chagall. De los cubanos Agustín Bejarano, Moisés Finalé, Manuel Mendive, Antonia Eiriz.

Con respecto al mercado ¿Se ha visto presionada por sus modas, haría concesiones?

No puedo decir que tengo un mercado. De lo que han comprado a veces han sido las obras más difíciles, no las aparentemente más cándidas, hermosas.
¿Difíciles?

Las más dramáticas, más oscuras, de gran profundidad de conceptos y a veces parecen más sencillas. No me baso en el mercado, no repito ni hago versiones a las cosas que más compran.

Ahora le voy a nombrar algunas series:

¿Nosotros?  Es una serie y una exposición. Dedicada al tema de la pareja, a los aniversarios nupciales, a preservar el matrimonio. Ahora hay muchos divorcios, cogen el matrimonio como deporte. Tomo el matrimonio más antiguo de mi familia, mis abuelos paternos, y hago toda una historia, desde que se conocieron, el ejemplo de amor. Buscar el lirismo que cada año es diferente. Lo hice en pequeñas esculturas de resina.

¿Mujeres sin cuerpo? Es una serie, la exposición se llamó El río bajo el río, porque es lo que está escondido, lo que hay debajo. La mujer que es agua. Lo hice acerca de las mujeres que me rodean, alegres, tristes, el hijo que va.

¿Principio y fin? Está dedicada a los sentimientos humanos. Fue una serie y una exposición.

¿Animal de fondo? Fue una serie de dibujos, sobre la poesía de Juan Ramón Jiménez, del lirismo interno, entender al amigo, el salvajismo interno y como nos domamos.

¿Cada serie un cambio de estética?

Sí, en todas ha habido un cambio. Poquito a poco ha ido evolucionando. Hay algunas figurativas, otras esculturas, hay pequeño formato, como Principio y fin. En La mujer sin cuerpo me fui ampliando en formato y fueron más colorista. Ahora en lo último, me he dedicado más a la tierra y el agua. Algunas series son dibujo. Depende hacia donde me lleve el tema escojo la técnica y al final tienen diferentes hechuras, otras terminaciones.

¿Qué significa desarrollar su obra junto a un artista como Bejarano?

Es muy positivo. Es un privilegio estar al lado de un maestro. A pesar de que Agustín es mi esposo no nos vemos desde el punto de vista creativo constantemente. Se aprende mucho. Él es un incansable creador, es el primero en negarse constantemente, lo creado en un momento no lo continúa. Es un experimentador. Te impulsa a mejorarte, no puedes vivir un privilegio sin aprovecharlo. Él pinta todos los días hasta doce horas. No tiene horario para la creación. También es nutrirse, y él también se nutre de mi. Aunque tenemos una percepción estética diferente.


Aziyadé Ruíz, Sin Comprender
La Jaula, serie Nuevas Especies

¿Algún ritual, alguna manía para pintar?

Creo que si. A mí me dio por tiempo largo que no podía pintar sobre blanco, sobre el lienzo pulcro. Lo embarraba de negro, tenían que salir los colores del negro. Me gusta la noche más que el día. Me gusta la Novena sinfonía de Beethoven y también Mozart. Tengo que pintar con el drama, con sinfonías, con arias. Tengo que tener algo para sentarme y mirar el cuadro sin molestia. Como pinto en gran formato, me demoro entre una capa y otra, y en esa espera me gusta tener un amigo para conversar, porque el proceso se puede demorar quince horas en el día y no te quieres apartar del cuadro. A veces trato de llevar dos o tres a la misma vez.

¿En que trabaja ahora?

Sigo en la serie sobre Nuevas especies. Ya he producido dos muestras personales con ella que trata sobre la evolución de la naturaleza, de nosotros mismo. Las Nuevas especies es por eso, desde la naturaleza, los animales evolucionan, tratan de sobrevivir en un mundo hostil. Es la búsqueda del humanismo, de los falsos conceptos, del bien y el mal. Es muy abstracto, lo doy con colores.

Háblenos del viaje a Francia…
En la Semana de la Francofonía, la Alianza Francesa, invitó a la artista a Niké, ella es franco-húngara, e hicimos la muestra en Revolución y Cultura. Para ella era la primera vez en Cuba y en América. Creamos un ambiente favorable para pintar sobre la amistad. A ella le gustó mucho La Habana y pintó su impronta. Pintamos lo que nos pasaba diariamente. Ahora me invitan a un simposio-residencia para crear con pintores abstractos franceses que hacen en la región de la Provence. Luego, se exponen las pinturas que se hacen en el conjunto de todos los artistas invitados.

No importa cual sea la experimentación del momento, a que series la lleve, el tema tratado, en la obra de Aziyadé siempre estará la búsqueda de ese misterio que es — lograr, apreciar—, la felicidad humana.

 
 
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