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  Frank Fernández: la música en el alma
 
Por: Lidice Valenzuela
 


Frank Fernández

A sus 60 años, el Maestro Frank Fernández atesora los más importantes reconocimientos mundiales como pianista y compositor. Creador de la escuela cubana contemporánea de piano, se ha nutrido, en su carrera, de la importantísima escuela rusa y de otras fuentes de la sabiduría europea, pero también ocupan en su formación un sitio fundamental los grandes de la pianística y la composición cubana, como Sindo Garay y Manuel Corona.

Nacido en la oriental localidad de Mayarí, un lugar al que suele retornar cada vez que la oportunidad le acompaña, hijo de una ilustre profesora de música a la que perdió siendo muy pequeño y que lo acompaña cada hora de esta vida, Frank conversó durante varias horas con Cubanow en el estudio del habanero barrio de Miramar donde suele grabar sus discos, siempre reconocidos y buscados por el público amante de lo mejor de la pianística.

De muchísimas cosas se habló esa tarde que presagiaba lluvia sobre la ciudad, atormentada por el calor y los húmedos nubarrones.

Por sus palabras se deslizaron los recuerdos de su preparación como músico en Cuba, la beca que lo condujo al santuario de los músicos europeos, el conservatorio Chaikostky, de Moscú, sus grandes maestros, los vivos, como Victor Meganov, y también los que ya no están, como los clásicos de siempre, que en el entorno de la nieve y el viento le transmitieron más cercanamente, si se quiere, el sentimiento que guió mente y corazón en sus composiciones.

Se habló, aquella tarde, de música y de política, de los hijos y de los amigos. De los premios, y de las vicisitudes. De las composiciones, y de los discos grabados y por grabar. De su interés por la pedagogía, de la que jamás se separa, a pesar de las ingratitudes de algunos y de la gran mayoría de los agradecimientos de los otros. De su interés en la formación de una escuela cubana de piano como resultado histórico de un proceso en el que intervienen músicos de varias generaciones. El, Frank Fernández, es el resumen vivo de esta parte vital y fundamental de la historia de la música cubana.

De él se han hecho innumerables elogios. En España se le catalogó como uno de los cinco grandes pianistas del mundo. Premios y elogios desde distintos puntos del Planeta no le han hecho perder su gracia cubana, su interés por aprender, su estilo de vida, en el que sus amigos ocupan una parte importante. Sus hijos, músicos como él y como su esposa Alina. Una familia formada en el amor y en el arte.

Frank Fernández es, en resumen, un hombre cubano de esta época, empeñado, cuando el almanaque marca las seis décadas de vida, en aprender más, para descubrir aquello que no está en los libros, o para decir la música de otra manera. A la manera de Frank Fernández.

En fecha reciente regresó usted a Moscú. Cómo fue?

FF : Fue algo sensacional, exquisito. Hacía catorce años que no viajaba a Rusia. Catorce años después de que no tocara nadie allí, 10 años después de que fuera yo mismo quien estuvo allá y grabé. Pero no toqué en público. Ahora regreso y me catalogan como el creador de la escuela contemporánea de piano cubano.

Y eso para mi, dicho en la escuela de piano más fuerte del mundo, es un honor muy grande, no solo para Cuba, sino para América Latina.

¿Y por qué se considera que ya existe esa escuela?.

FF : Primero, por la tradición muy grande que existía, desde Ignacio Cervantes, un pianista cubano, que en el siglo XIX ya había ganado medalla de oro en Paris. Conoció a Listz, conoció a Suman. En el siglo XIX era muy raro encontrar en Latinoamerica, con la excepción de Teresa Carreño, de la que Brahms dijo no es una gran pianista, es un gran pianista. Eso es difícil de traducir. Es decir, no hay género en este caso. Empieza una tradición que en Venezuela se rompe, pienso que por la continua emigración de los grandes talentos a Estados Unidos y Europa, característica de todos nuestros países, con excepción de Cuba. Se rompen las relaciones con Estados Unidos en 1959 y el apoyo fundamental comienza a llegar de los países socialistas. Es ahí, es en esa continuidad, Cervantes, escuela francesa, Ivette Hernández, Zenaida Manfugás, grandes pianistas cubanas que habían estudiado en Europa, que están actualmente unos muertos, unos vivos, y otros en ciudades norteamericanas. En 1959, ruptura con ese mundo occidental, capitalista, y el hermanamiento con los únicos países que nos prestaron atención, y que entre las grandes cosas buenas que nos aportaron está la cultura de la Europa del Este, la cual nadie ha negado nunca, con independencia de las contradicciones políticas que tu conoces. La gran cultura musical, sobretodo, de la Europa del Este ha sido, fue y seguirá siendo de los parámetros más altos de la cultura universal.

Cuba bebió de esa fuente, y entre ellos yo fui uno de los primeros becarios, en el año 1966, cuando gané el concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Además de algún dinero, y un concierto con la Orquesta Sinfónica Nacional, contemplaba una beca en el conservatorio Tchaikosky de Moscú.

Esa beca yo la gano, y empiezo a juntar los conocimientos que había de esa tradición pianística, que es reforzada por un Ernesto Lecuona, por un conjunto de obras para piano, sobretodo sus danzas, que reafirma una nacionalidad, que asume una síntesis étnico-estética, como es el mundo africano y el mundo español y que son parámetros que yo individualmente conozco, respeto y estudio, incorporados a la escuela rusa, a través del eminente pianista Victor Merganov, y teniendo como base la tradición de la escuela de Margot Rojas, que fue alumna de Frank Listz (fíjate los lazos). La gente se sorprende, porque dice, de dónde sale esa escuela de piano, de dónde esa tradición musical. Bueno, pues teníamos un Cervantes en el siglo XIX, en Paris, pero teníamos en el siglo XIX una Margot Rojas que fue alumna de Alexander Lambert, uno de los últimos alumnos de Frank Listz. Y Frank Listz fue uno de los más grandes pianistas del siglo XIX.

Súmale a eso la sal y el curry de la escuela rusa, y mézclalo en el alma de un hombre nacido en Mayarí, y conocedor de la trova tradicional, como diría Mirta Aguirre, la lírica más fina y hermosa de la literatura cubana de esa época, se resumía en ese mundo trovadoresco, Sindo Garay, Manuel Corona, etcétera.

Y esa mezcla produce en mi una confianza y una incógnita. Esa fue: ¿Por qué tenemos los laureados internacionales que haber ido a Europa?. ¿ Por qué no se pueden producir desde Cuba?. Respuesta de todos mis contemporáneos: Frank Fernández, aquí hay una gran tradición, una gran pianística, ustedes han ganado lauros en el extranjero. Pero el ambiente cultural cubano no permite producir laureados internacionales. Llegó a cuestionarme por qué no. Si somos el único pueblo alfabetizado de Latinoamerica, si tenemos acceso a una literatura más amplia que muchos países de Europa. Información oral de esa tradición pianística mundial no había mejor. Y ahí es donde aparecen los 27 premios internacionales de mis alumnos sin haber salido de Cuba. Recuerdo a Víctor Rodríguez en Moscú, Jorge Luis Prats en Paris, Leonel Morales en España, y Rodolfo Argudín en Suiza, Elisa Pedroso en Brasil, Eliazar Herrera en Venezuela, etcétera. Esas son las razones de la escuela cubana de pianística. Estos fueron los elementos que arguyeron en Rusia. Son mis alumnos los primeros alumnos internacionales formados aquí y sin recibir ningún curso ni clases en ningún país de América del Norte ni en Europa.

Es mi inquietud ante esa incógnita, la que sin presionar a mis alumnos, dándoles a escoger: quieren aspirar a una beca en el extranjero o quieren trabajar conmigo a un nivel superior. En el caso especifico de Víctor Rodríguez tenía garantizada su beca en Moscú.

Ese es el bosquejo de lo que los rusos analizaron para designarme como el creador de esa escuela. Por qué se dio en mi esa coyuntura y por qué no se dio en Margot Rojas, eso nunca se sabrá. Por que no se dio en Espadero, por qué no se dio en Cecilia Aristi, en Angela Quintana, grandes maestros de la época. Se dio en mi, porque creo que fui el atrevido qué se preguntó por qué no podemos tener laureados desde Cuba. Creo que fue el único elemento que me dio ventaja. Porque nosotros le debemos a estos nombres y a muchísimos más el que se hable de una escuela de piano cubana. En ningún caso la escuela de piano cubana pertenece a Frank Fernández. No soy tan necio ni tan estúpido como para insinuar esto. Lo que pasa es que el giro histórico se da conmigo.

 ¿Qué hace ahora Frank Fernández :

FF: Bueno, dejé la enseñanza como algo formal dentro del aula hace 18 años, y he hecho hincapié en dos elementos de mi trabajo que realmente me apasionan y creo que sobretodo uno de ellos necesita una edad especifica, pues no se puede hacer a cualquier edad. Y es la gira y el concertismo. El otro es el compositor Frank Fernández, al que yo, por mi pasión y entrega a la docencia directa, dos o tres clases semanales, no le podía dedicar tiempo. Entonces, lo que estoy haciendo es fundamentalmente, entregándole tiempo al concertista y al compositor. Y después, sigo dando algunas clases magistrales, en Cuba y en el extranjero, y sigo promoviendo algún disco de las mas de 60 producciones mías que seguramente conoces, en todos los géneros con premios de todo tipo, nacionales y extranjeros. Quiero y me he concentrado en los últimos años en el pianista y en el compositor. Pero ni he dejado de producir algún que otro disco, ni he dejado de dar alguna que otra clase.

¿Usted cree en los niños prodigios?

FF: No. Creo en los viejos talentos. Kraus, el mas grande profesor de piano de todos los tiempos, decía que lo importante no es ser un niño prodigio, lo importante es ser viejo prodigio. De hecho, pienso que hay talentos prematuros, pero no se por qué razón casi todos se frustran.

Pero usted no se frustró...

FF : Yo nunca fui considerado un niño prodigio. Fui considerado un niño de gran talento y por suerte yo creo que la limitación cultural que había en mi pueblo de Mayarí no permitió esa explotación de esos niños de gran talento, a los que obligan a dar giras riesgosas. Quizás por la humildad de mi pueblo, por la humildad de mi familia, quizás por la muerte de mi madre, no se, por muchas cosas, no me frustré... No me acuerdo de ninguno de esos niños conocidos.

¿Cómo fue su madre, en su vida?.

FF: Siempre, cuando me preguntan sobre mi mamá, me siento en un aprieto. Tengo la sensación de que ella sigue conmigo y ha estado conmigo todo el tiempo. Pero cuando me piden que hable de sus recuerdos, no se si recuerdo lo que me contaron mis tías, pues yo tenía seis años cuando murió, o si recuerdo realmente algunas cosas. Tengo muy nítidamente en mi memoria, o en mi espiritu, mas que en mi memoria, el piano de ella, el oirla tocar. Me acuerdo que tocaba mucho a Listz. Recuerdo o creo recordar cuando en su lecho de muerte me dijo; Hijo, tu tienes talento, no abandones nunca el piano. Y de su imagen tengo una foto solamente, que la tengo en casi todas partes, y un misal, que le regaló Monseñor Perez Serantes, el Arzobispo de Santiago de Cuba, y que acabo de descubrir ahora, a los 60 años, que ella me lo había dedicado y lo había dejado en manos de unos vecinos, que se habían olvidado, y es el único hilo material de comunicación entre mi mamá y yo. Y este misal dice: Yo se lo dedico a mi hijo Baby, (ella me decía Baby) para cuando sea mayor. Ahora tiene cinco años.

Lo recobré ahora, a los 60 años.

Yo siento su presencia en todas partes. Mi obra grande o pequeña, como la valore el mundo, está dedicada a ella, todo el tiempo. Ha sido mi homenaje a su ausencia.

¿Cree usted que si se hubiera quedado en Mayarí hubiese podido convertirse en lo que es?.

FF : No, definitivamente no.

Usted ama a la pequeña localidad donde nació, en el oriente de la Isla. ¿Espiritualmente, qué le ha dado Mayarí?.

FF : Para mi, en Mayarí no están sólo los restos de mis padres, que ya es mucho. Creo que en Mayarí está la génesis de lo que ahora ya las criticas como tu, ahí tienen la posibilidad de ver. Y sobretodo, esa pregunta de la prensa y de la critica, de por qué Frank Fernández abarca tantos géneros, por qué le produce a un Silvio Rodríguez o a un Adalberto Alvarez, un músico bailable, o hace un concierto con el jazzista Chucho Valdés. Yo creo que esa respuesta está en Mayarí. En Mayarí, a pesar de esa poca información cultural a que hice referencia, y que está muy ligada a la respuesta de por qué no creo que me hubiese podido haber desarrollado si me hubiera quedado ahí. Pero había dos focos culturales: la academia de mi madre, de piano clásico, donde yo conocí a los tres o cuatro años, cuando empecé a tocar el piano de oído, era Bettoven, Schuman, Litstz, Mozart, Schuber, y el otro foco cultural era la casa de Martínez Meléndez, el director de la banda municipal . En esa otra casa, o en ese otro foco cultural único en Mayarí, en ese momento -estoy hablándote del año 1948 o 1949- allí los nombres eran un poco más fáciles de pronunciar, pero allí la música era tan bella como la que se hacía en la casa de mi madre. Porque allí yo conocí a un tal Sindo Garay, a Manuel Corona personalmente. Oí hablar y conocí las canciones de Pepe Sánchez, de María Teresa Vera, de Miguel Matamoros. Y para mi era bellísimo era oir un lead de Schubert en mi casa, y un lead de Sindo, al que no le decían lead sino canción, en casa de Martínez, como Perla Marina. Yo reto a cualquier músico de buen gusto a que me diga si no tiene una misma categoría desde el punto de vista musical. Independientemente que uno lo escribió un hombre genial en Austria, con un conocimiento académico grande, y el otro lo escribió un hombre genial en Oriente, Cuba, sin ninguna formación académico. Pero el resultado estético es similar. Esa forma en que la música llega a mi, y fíjate que todavía no se teoría de la música, todavía no he aprendido nada académico, la música entra por los sentidos. Yo creo que ahí está la génesis de ese amor que yo tengo por todos los estilos y haberme dedicado y respetado tanto los géneros llamados populares como los géneros de la música culta. Porque pienso que la música nació así, también. Yo creo que la música no nació en una universidad, ni en un conservatorio. Creo que la música nació como una necesidad del hombre, como una expansión del espíritu, como una oración, como un medio de comunicación, como un lenguaje en si mismo y después vinieron hombres mas adelantados en su intelecto que le pusieron nombres a esos signos, a esos sonidos, y a esos silencios. Y entonces comenzó a enseñarse eso que ya era la música en las academias. Y así con esa forma primigenia empezó la música como una manifestación absoluta, prístina, del espíritu, así la conocí yo. ¿Quieres cosa mas hermosa y mas profunda que esa?. Si tuve acceso a los mas altos niveles de las grandes academias, pero ahí en ese cuerpo se dio esa coyuntura. Y yo creo en esas cosas. Como dice alguien: estar en el lugar propicio, en el momento oportuno.

¿Qué le aportó Moscú a su espiritualidad caribeña?.

FF : El encuentro con Victor Merganov, un hombre que ahora es Artista Emérito del pueblo ruso, eminente pianista y pedagógo. Una de las leyendas vivas de la escuela rusa de piano. El había venido como jurado al concurso de la UNEAC en que yo gané el primer premio. Yo oí sus discos y pensé que hacerlo ya era un privilegio. Cuando supe que venía al concurso estudié el doble del tiempo. Solamente por pensar que ese pianista que yo había escuchado en discos tocando a Brahms, Paganini, Raimanov, Chopin, y por último, tuve la dicha, cuando llegué a Moscú, ya el me había dicho antes en Cuba, si algún día vas a Moscú, mis clase siempre estará abierta para ti. Estar con Merganov , hoy en día con sus 85 o 86 años, lo acabo de ver el año pasado, es estar con uno de los puntos más importantes de la escuela rusa. Ese hombre te habla de los Raimanov, de Ristter, Chaikosky, como tu hablas de Frank Fernández, con la naturalidad del que convivió o directamente, o casi directamente a través de un alumno. Esa vivencia de Merganov, y la suerte de que me tomó afecto y que yo me empeñé muchísimo, me colocó en una situación de ventaja. Hace un año él le declaró a la prensa que cuando Frank Fernández se fue de Moscú no solo se fue uno de sus mejores alumnos sino que se quedó un vació porque se fue un amigo. Y cuando tu tienes el privilegio de ser alumno y poder ser amigo de la persona, creo que aprendes muchas mas cosas. El rigor del virtuosismo de Merganov me dio a mi un espaldarazo definitivo sin el cual yo no hubiera podido a partir del año 71 obtener muchos de los resultados que hoy están concebidos en las reseñas, en las criticas y en los discos.

Es cierto que junto con esa maravilla, a esa alma caribeña, le cayeron y permanecieron durante algún tiempo algunos copos de nieve. Porque para todos los que estamos en este mundo del arte es como si la técnica analizada como una herramienta psicomotor, la capacidad del movimiento y perfección de esos movimientos y esos reflejos, en muchas ocasiones está reñida con el gran arte, y que la gran pasión y el gran desbordamiento emotivo conlleva a una libertad de pensamiento tan grande que puede estar acompañada en muchos casos de pequeños o menos pequeños errores mecánicos. Allí en Moscú Merganov trabajó sobre la perfección. Cuando yo digo copos de nieve, me refiero a que esa pasión con la que yo salí de aquí.

Hace poco la también música y mi condiscípula María Felicia Pérez, en un homenaje que me dieron en Bellas Artes decía que yo era para ella y para algunos alumnos del conservatorio como el gallito de pelea, es decir, como uno de los alumnos principales. Y que cuando volví de Moscú se asombraron un poco por el gran virtuosismo, pero que se preocuparon en los pocos momentos por cierto distanciamiento espiritual, cierta frialdad, como el criollo dice: "no tiene mucha bomba". Creo que esos copos de nieve fueron derretidos por el intenso calor del Caribe, pero quedó una de las mayores enseñanzas que Merganov me dio. El no solo me dio la perfección o la búsqueda de la perfección, él me dijo un día que estábamos en una clase, repitiendo un pasaje del cuarto concierto de Bettoven, y yo le dije: Maestro, yo se que no me sale perfecto, pero es que yo estoy buscando un mundo espiritual que yo intuyo, y que en la búsqueda de lo perfecto me lleva por otro camino. Y el me contesto, y he ahí para mi una de las más grandes enseñanzas que me dio: Frank, hay que buscar la perfección mayor, hay que luchar diez, veinte, mil, un millón de veces por lograr un termindo de la obra. Luego, cuando vayas a salir a escena, si tienes el talento que tu tienes lánzate a improvisar. Inventa la música- Esa es la maravilla. Pero si te falla la improvisación detrás está lo perfecto.

Los copos de nieve me los puse yo sin querer, en esa búsqueda de la verdad que tenemos los seres humanos.

Hace poco el lo decía: Frank es de mis alumnos que sigue avanzando, porque tiene la música en el alma.

Ahora, una vez salvado la cerca, una vez estas cosas con gran alegría, pero esos momentos son terribles.

Porque por otra parte los públicos se han acostumbrado, en finales del siglo XX y ahora a principios del XXI a una especie de circo, no de circo romano, sino de circo, ni siquiera el Circo del Sol, que yo considero que tiene grandes valores estéticos, sino el circo ese pirotécnico, del nivel de riesgo como fin y único objetivo. Y esos pirotécnicos maniáticos han cautivado mucho, y han hecho mucho daño a la educación del buen gusto. Pero he tenido la fe y la certeza de que a medida que avance el siglo XXI la gente va a ir dejando atrás esos artistas que son fabricados en los estudios de grabación, esos artistas de plástico, hechos importantes a través de la reiteración de un slogan y millones de dólares pagados para su promoción. Y va a volver a renacer el maravilloso gusto por el arte que existía en los siglos 17, 18 y 19. Que era el arte vivo, el arte de la comunicación directo, publico-artista.

Se ha perdido en muchos países incluso hasta la tradición de ir a los teatros. Ya la gente está nada más buscando los DVD, o como quieran llamarlos, nadie quiere salir de la casa, tiene medio que le exploten una bomba, el estrés no deja dormir a la gente. Se toman una pastilla, y ponen un concierto de uno de los mejores y mas famosos, y se quedan dormidos. Estoy seguro que eso se va a eliminar. ¿Sabes por qué?. Porque lo más grande que tiene el ser humano es su espíritu. Y yo estoy sintiendo una búsqueda constante en todo está lo que se ha dado en llamar la onda retro. Creo que esa búsqueda, ese aparente regreso al pasado, y no creo que sea un regreso , sino en forma de espiral, siempre hacia arriba. Eso, a mi me parece que va llevando al Hombre dentro de sí mismo. Porque toda este tecnología del que hemos hablado. Todo este poder de tener con un pedazo de pantalla tener casi el mundo a tus pies hace que no seas consciente ni siquiera de tu música.

¿Crees que en otro lugar del mundo hubieras tenido una formación similar?.

FF: Pienso que en ese tiempo en Nueva York, por la presencia de muchos maestros de origen ruso, podía haber tenido esa formación o algo similar. Porque yo siempre anhelé, apenas conocí un poco, profundizar en los principios de la escuela rusa de piano, porque la considero la más sólida de todas. Lo que si creo que no hubiera encontrado en ninguna otro país del mundo es la cantidad de elementos complementarios que existían ahí, como haber estado en la clase del mejor chellista del mundo, de haber estado en los ensayos de los mejores pianistas del mundo. Ese mundo colateral que existía allí, escuchar no solo las mejores orquestas rusas, como la Gran Orquesta de la Unión Soviética, sino la de Nueva York. Moscú fue para mi un centro cultural muy importante.

¿El hecho de que usted estudiara en Europa le permitió una mayor comprensión de los compositores europeos?.

FF : Sí, creo que sí. Porque ir a tocar el último piano de Frank Listz, tocar en algunas ocasiones en Bembont el piano de Bettoven, o uno de los últimos que tuvo, tocar en algunas conexiones importantes europeas que fueron tocadas por Mozart o por otros grandes anteriores, escuchar la narración de qué opinó Chaitkosy en el examen de piano de Raimanov, y sentarme en el mismo escenario y en la misma silla donde estuvieron sentados esos dos grandes monstruos de la música clásica universal sin lugar a dudas constituyó una posibilidad de acercamiento. Pero yo tengo una sospecha desde hace muchos años y es que el verdadero talento es capaz de descubrir las esencias de las cosas sin estar en contacto con ellas directamente. Creo que ahí está la diferencia entre una persona erudita y una persona talentosa.

¿Cuál es su compositor favorito entre los clásicos?

FF: El ultimo que toco.

¿No es Bettoven?

FF: Sí, eso se ha dicho. He tenido muchos contactos con Bettoven y ha habido muchas coincidencias. Hay una critica encabezada por Stepanov, uno de los más grandes musicólogos europeos de origen ruso, que lo cree así.

¿Pero habrá alguno con los que usted se sienta mas afín?.

FF : Se que la respuesta no es sólo poco interesante, sino desconcertante. Yo no creo a veces que el privilegio ese de conocer a la música sin dogmatismo, sin prejuicios, me brindó un canal de comunicación espiritual con casi todos los compositores. Al punto que cuando yo veo una partitura y empiezo a tocar una música de cualquiera de ellos, en el 99 por ciento de los casos yo tengo la impresión de que el compositor se sienta a mi lado a decirme lo que quiere.

Usted también es compositor. Se dice que tiene mas de 650 obras, ¿cuándo sintió la necesidad de expresar sus propias ideas musicales?.

FF : Dicen que a los 10 años hice algo así como una canción. Siempre fue improvisador. A los cuatro años yo tocaba la música de oídas. Creo que los improvisadores son una especie de compositores, y me siento un excelente aprendiz de compositor.

¿Sólo aprendiz?

FF : Sí, porque mientras mas uno comprende los misterios del arte mas humilde se siente uno. Es imposible develar, abrir el sésamo de esa gran cueva que es el arte, que a veces brota en las peores condiciones de sufrimientos o de carencias, y se esconde en la opulencia, en la comodidad, en las mejores condiciones de trabajo. A veces florece al cabo de años de repetir una idea y a veces se aparece en estos estados de gracia que han tenido todos los compositores, y que yo he tenido la dicha de tener en algunos momentos, y que uno sabe si uno la escribió.

Ayer se lo decía a unos compañeros que vinieron a pedirme una obra. Y me dijeron no podría componer algo similar. Y les dije: yo no puedo hacer eso. Esa obra que a ustedes les gusta mucho, yo no la escribí, esa obra salió sola. Cuando uno comprende que esas cosas que yo estoy diciendo son absolutamente ciertas, es muy ingenuo y muy estúpido creerse un profesional de la composición.  

Aunque salió formalmente del aula, se dice que, incluso por su carácter, nunca dejará de ser pedagogo...

FF : Es cierto. Jamás dejaré de serlo.

¿Qué sentimientos le provoca ser maestro?

FF : Yo no se. Es un placer extraordinario. Es hacer un acto de magia. Es como sacar un conejo de un sombrero. Es una tentación, una curiosidad fascinante de intuir que ese otro ser humano tiene una capacidad escondida que no ha podido salir a flote y que tengo los chips para poder sacarlos. Ayer un amigo extraordinario artista y gracias por la clase, y lo que estábamos hablando de una canción. Yo no puedo dejar de enseñar lo que tengo. Hay dos placeres que yo ya he aprendido a vivir con ellos. A pesar de que tengo todos los egoísmos y todas las vanidades de todos los seres humanos del mundo, disfruto mas dando que cuando recibo, y cuando me enfrasco en cualquier comunicación con otro ser humano, siento a veces la necesidad, insolente, y a veces mal agradecida de enseñar. No sé por qué. Conclusión: yo no he dejado la docencia.

Todos mis alumnos son como los hijos. Hay uno que está mas cerca de uno. Hay unos que nos complacen, hay unos que nos manipulan, hay otros que son mas torpes, hay otros desagradecidos, otros hacen lo contrario. Pero todos son hijos de uno. Y todos lo enseñan un poco a uno, a conocerte a si mismo. Yo he aprendido con mis alumnos mucho mas de lo que les he enseñado. Y les he enseñado mucho.

Usted es padre de dos jóvenes músicos. ¿Quiso esa carrera para sus hijos?.

FF: No, en realidad hubiese preferido que fueran otra cosa. Ambos lo decidieron. La hembra sin contradicciones. Es una excelente pianista, una joven pianista, pero ya pianista. Y el varón es también un prometedor oboísta, que estudia ahora en Morelia, con un gran profesor cubano. Hay una anécdota de hasta que punto yo no he presionado a mis hijos para que fueran músicos, que mi hijo varón, el mas chiquito, que ahora tiene 24 años, le preguntaban: Tu vas a ser músico, Frank Ernesto?. Y el decía, No. Y le preguntaban por qué, el respondía, mi papá nada mas sabe tocar piano, mi mamá solo sabe tocar cello, ahora mi hermanita le ha dado por lo mismo. Alguien tiene que trabajar. Y tu que vas a hacer: Yo mecánico. El tenía seis años. Porque todo eso fue hasta el día en que se le vencía la posibilidad de entrar en el sistema de la escuela de arte, que en Cuba es muy rigurosa, y empiezan muy pequeños para hacer allí su enseñanza general, junto con la música. Y a mi me parecía, además de cómico. Ese día empezó a llorar hasta la mañana hasta la noche, que el lo que quería era entrar en la escuela de música. Y hubo que ir a la escuela a hablar con los profesores para que le dieran una dispensa y le permitieran hacer una prueba de aptitud. Sacó el máximo en las notas.

Se le considera un excelente amigo. ¿Sobre que base ofrece su amistad? 

FF: Hago culto a la amistad. Es algo muy sagrado y que se debate toda la vida, entre la separación física muchas veces, las contradicciones que surgen entre los seres humanos. Pero creo que es posiblemente después del de la madre o de los hijos, o junto a esos, el mas puro de todos los amores.

Primero que todo respetarlos en su individualidad, y después decirles a través de ese respeto todo lo que pienso y estar a su disposición sobretodo en los momentos mas difíciles. 

Este año cumplió 60 años, Mas allá de las celebraciones ¿le concede alguna importancia especial a las fecha?

FF : Me han hecho un montón de homenajes y todo lo agradezco. Ya les he dicho que no quiero mas homenajes. De alguna manera los homenajes me dan una sensación de muerte inmediata. Además, los homenajes se han convertido en la gran explotación del hombre por sus 60. Salvo un concierto que me brindaron Silvio, Pancho Amat con su Cabildo, Adalberto Alvarez y Santiaguito Feliú, que son parte de mi familia, y que no me hicieron tocar, previa consulta, se reunió el clan, todos los demás han sido conciertos míos. Me halaga muchísimo, pero he trabajado como un mulo. Coinciden dos aniversarios cerrados. Los 60 años de edad y 45 de vida artística. Y tengo una gran alegría y esto no es un chiste. Siento que estoy empezando a madurar artísticamente y que estoy empezando a aprender a tocar el piano. Y eso me da una alegría enorme, al punto de que me hace sentir un poco deprimido, como si estuviera mas cerca del final. Pero esto no les des a esto, no tiene ninguna connotación de pesimismo, ni de alucinación ni de presagio. Creo que estamos en la vida adquiriendo un conocimiento, que cuando se cumple ese ciclo empieza otro ciclo, que es el ciclo de la muerte, que para unos es la reencarnación, para otros es el más allá.

Gracias al Dr. Zelman, el médico que promociona el Club de los 120 años, estoy acabado de nacer.

Además, yo pienso que cuando uno termina de conocerlo todo, o todo lo que estaba predestinado a conocer, comienza otro ciclo. Entonces de pronto me siento tan capaz de tantas cosas.

¿Se considera una persona apasionada, tal como habla la critica de sus interpretaciones?

FF : ¿No se nota?. Totalmente. Para mi todo trasciende. Mi mujer dice, por qué tienes que tomarte todo tan en serio. Y yo le respondo: mi amor, no se ser de otra manera. Te juro que he tratado, pero no lo logro. Yo no se si es ser apasionado, o hiperkinético.

¿Y su interés ahora?

FF: Tratar de perder el menor tiempo posible, para poder tocar más cosas. Me molesta todo lo que no sea descubrir lo que no está escrito en los libros. Y esa es la capacidad que estoy empezando a sentir. Ahora tengo la certeza de poder decir cosas, o bien que no se han dicho exactamente así, o bien que no se conocen de esa manera. Esa es una manera también de ser educador. Ese sentimiento abarca todo mi interés actual.

 
 
 
 
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