Bárbara Llanes |
Bárbara Llanes, considerada por la crítica especializada la mejor soprano cubana de la actualidad, es una joven de 33 años, cuya preocupación mayor es cantar mejor cada día para quedarse en paz consigo misma, y satisfacer la avidez del público por el arte lírico.
Nacida en Bejucal, donde reside con su hija de cinco años y sus padres, es poseedora de una vasta formación académica. Estudió en las Escuela Nacional de Música, y después en el Instituto Superior de Arte. Hoy se desempeña en la Empresa de Conciertos del Ministerio de Cultura. Ello, yendo y viniendo desde Bejucal hasta La Habana, cada día, desde que cumplió los ocho años, hasta que concluyó sus estudios. Mis padres, precisa, fueron unos héroes. Ella, ahora, repite la historia por su cuenta.
¿Cómo piensa esta magnífica soprano del arte lírico cubano, que durante varias generaciones llevó a los teatros a miles de seguidores?.
Fue una época dorada aquella en la que convergían figuras de la dimensión de Ernesto Lecuona y Gonzalo Roig -por citar sólo dos sobresalientes ejemplos- y voces de la talla de Esther Borja, Rosita Fornés y María de los Ángeles Santana.
Bárbara reflexionó sobre la situación de ese género en Cuba, y piensa que hay que dedicar más espacios a la lírica musical. Considera, sin ánimo de críticas superficiales, que muchos de los que dirigen esta esfera en Cuba no quieren ver que existe un público amplio e interesado en este tipo de música.
Reconoce que el teatro lírico es muy caro, las escenografías son grandes. Llevan engranajes y recursos, plantea, que se podrían utilizar sólo si valiera la pena. Pero quizás -y en esto coincidió con esa grande y experimentada cantante que es Esther Borja- se pudieran hacer actuaciones más baratas, con dúos, o recitales personales. También, dice, hay muy pocos espacios para lo lírico en la televisión. Quizás, afirma, no nos hemos ganado ese lugar todavía.
¿Preocupaciones?. Esta joven, ganadora de importantes premios en España en composición -una de sus pasiones es escribir canciones- entiende que en Cuba hay buenas voces, aunque piensa que existen algunos problemas en la formación de los cantantes. Y, además, pero faltan obras en el género.
Aunque algunos se sorprenden, a Bárbara le gusta bailar la salsa y todas las danzas caribeñas. Tampoco desecha un buen guaguancó, pero todo, precisa, tiene su espacio. En un momento me gusta Isaac Delgado, pero en otro Brahms. La vida, acota, es variedad y estado de ánimo. Pero lo que más me gusta en esta vida es cantar: cantar para mi misma, para mi hija, para mi familia. Para todos.
Respecto a su discografía, señala que hizo su primer disco, sola, con el Maestro Frank Fernández, para quien sólo tiene palabras de elogio, por su talento y su colaboración.
El repertorio, recuerda, lo elegimos entre los dos. No hubo tirantez ni diferencias artísticas, a pesar de que el es un gran Maestro, y yo apenas una joven intérprete. Siempre supe que estaba bajo su manto protector y me dejé amparar. Me siento privilegiada y es una cosa que me llevo en la vida como una gran victoria, señala.
En su opinión, el Maestro Fernández es un músico que no tiene comparación alguna en este país. Flexible, él me siguió en su música y yo a él en la suya. Una conjugación perfecta. Ninguna diferencia conceptual, musical. A la hora de trabajar era de una concentración extrema. Tomamos todo con mucha pasión, puntualiza.
También ha grabado con otros grandes músicos, como Guido López Gavilán, José María Vitier -con quien trabaja en un proyecto muy especial- y Roberto Varela.
Respecto a su método de trabajo -uno de los pilares de su corta pero exitosa carrera- Bárbara indica que trabaja poniéndose en lugar del personaje. Siempre hace un análisis del texto, del contenido temático. En cada canción trato de hacer una historia narrada por la música.
Ese método lo debe a su profesora María Eugenia Barrios, con la que, reflexiona, conversa mucho más ahora que cuando asistía a sus aulas. Hablamos de la técnica, de la voz, analizamos. Tenemos largas discusiones teóricas sobre el texto. Una coma o un punto cambia el sentido. La música no está en las nota, sino después de las notas y ahí hay que llegar.
¿Satisfacciones?. Gustar al público, hacer que disfrute con mi actuación. Si no lo hace, me disgusto bastante; pero siempre me queda la satisfacción de que lo di todo, y eso es lo más importante: entregarse. |