
Foto: Rosa Fornés
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Si se habla de operetas y zarzuelas en Cuba, destaca en mayúsculas el nombre de Rosa Fornés (Nueva York, 11/02/1923): vedette de prolongada vigencia, con más de seis décadas de experiencia interpretativa y alrededor de un millar de obras en su repertorio, donde trascienden títulos de tamaña significación como La viuda alegre, Cecilia Valdés, El asombro de damasco, Luisa Fernanda o María La O…
Premio Nacional de Teatro en 2001 y de la Música en 2005, su versatilidad se realiza mediante un orgullo particular hacia aquellas obras, a las que se entrega con el rigor que las identificas.
Mimada por el público a lo largo de su carrera, Rosa Fornés se reconoce en un abundante muestrario de operetas y zarzuelas, a las que llegó bajo la dirección de grandes guías, y la eternizaron en su inigualable Carolina de la Luisa Fernanda.
Tuve dos notables directores cuando comencé a hacer esos géneros, recuerda. Primero fue el español Antonio Palacios, a quien también considero mi padre artístico, y después Miguel de Grandy, que conocía mucho de operetas y zarzuelas. Él me montaba los personajes según la idiosincrasia de los mismos y yo los hacía después a mi manera, pero siguiendo sus orientaciones, señaló la legendaria intérprete.
ORGULLOS Y RAZONES
P: ¿Cuándo comenzaron sus vínculos con la música lírica?
R: Desde pequeña y mediante el repertorio clásico universal. En casa había un radio y a mi abuela le gustaba escuchar la música clásica. Es una música muy bella, que te llena el espíritu. Así que conozco mucho de ella.
P: En su carrera musical estuvo ligada, entre otros, a los Maestros Gonzalo Roig y Ernesto Lecuona. ¿Qué recuerda de sus vínculos con ellos?
R: Yo les agradezco a ellos que tuvieran tanta confianza en mí, cuando comencé. Roig fue uno de ellos. Él me daba mucho aliento cuando yo era una aficionada y me dedicaba al canto de manera intuitiva, hasta que comencé a estudiar con Mariano Meléndez, y otros que me trabajaron la voz.
Después conocí al Maestro Lecuona. Cuando debuté con El asombro de Damasco, me fue a ver, y me solicitó que formara parte de una compañía que estaba por fundar. Eso me dio mucha seguridad.
Roig se murió queriendo que encarnara su Cecilia Valdés. Cuando le preguntaba el por qué, me respondía: porque tú la vas a representar, además de cantarla. Siempre representé a Isabel de Ilichenta, pero la Cecilia la hacían otras cantantes.
P: ¿Qué títulos le son más caros?
R: Ninguno en particular. Por eso tengo un repertorio muy grande de operetas y zarzuelas españolas. Incluso en los programas de música popular incluía algo de estos géneros.
Siempre seleccioné melodías que me llenaran a la hora de hacer un concierto. Sin embargo, como tenía mucho trabajo en la televisión, a veces debí interpretar canciones que no eran de mi gusto; pero estaban de moda en aquel momento, y me lo sugerían los mismos directores.
Sí me debía sentir cómoda, tanto vocal como interpretativamente; porque soy actriz: he sentido que no sólo debía cantar, sino que necesitaba actuar el número, y así lo he hecho en mi larga carrera.
Por eso mi gusto hacia la opereta y la zarzuela, porque sus personajes siempre son distintos, con personalidades diferentes.
P: Hay una anécdota muy relacionada con su personaje de la duquesa Carolina en la zarzuela Luisa Fernanda…
R: Estrené esa obra en Cuba, cuando me dirigían Palacio y Miguel de Grandy, haciendo a la duquesa Carolina, que es un personaje muy bonito; y tuvimos mucho éxito. En aquel momento la protagonizó Zoraida Marrero, que fue una cantante muy buena y muy artista. Ella hacía la Luisa y yo la Carolina.
Poco tiempo después, trabajando en México con una compañía de revistas cuando había hecho mi debut como vedette, se presentó en mi camerino el compositor, Federico Moreno Torroba y Guillermo Fernández Shaw, autor del libro; y me dijeron: - Venimos a conocer a nuestra mejor duquesa Carolina. Eso me llenó de tanta satisfacción que aún lo recuerdo como el mejor de los halagos que he recibido por el personaje.
Pero La Revoltosa, La verbena de la Paloma, La viuda alegre, La Casta Susana, El soldado de chocolate… Todas esas obras valen mucho y cada personaje que abordé, lo asumí con mucho cariño. Y bueno después estaban los aplausos y las críticas: el mejor premio.
P: Sin embargo, no se dedicó a un solo género…
R: Admiro toda la música, la más culta o popular. De todas maneras hay una música demasiado moderna que estoy en contra de ella: el reguetón. No me acaba de convencer. La música popular para bailar, cantar u oírla, ha sido muy rica en Cuba. Lamentablemente, en los últimos tiempos ha decrecido mucho, y es hora de que se recuperen las cosas bonitas de antes.
P: Por último, ¿cómo valoró el Premio Nacional de Música que le entregaran en 2005?
R: Ese Premio no lo asociaba a mí. Pensaba que debían otorgárselo a un músico, como es el caso Maestro Frank Fernández, muy justificado para el cantautor Pablo Milanés; o en el caso de Cuca Rivero, quien ha manejado una parte importante de la música en Cuba.
Después me convencieron. Yo he interpretado una variedad muy grande de música, mucho del género lírico y en el repertorio para los programas diarios, lo mismo cantaba piezas clásicas, que populares, o música internacional, en distintos idiomas.
Para mí tiene un valor muy grande. Agradezco mucho que me entregaran ese Premio.
CUERPO Y ALMA
Rosa Fornés, admirada por su belleza y disposición histriónica, vedette de tantas generaciones y apreciada sencillez, pertenece a la lista de las grandes intérpretes cubanas que alcanzaran prolongados éxitos fuera de la Isla en la primera mitad del siglo pasado, desde el arraigo con que triunfaron en los escenarios del país.
Ligada por la pasión al teatro, el cine y la música, en cualquiera de sus roles ha brillado desde entonces por cuenta del carisma, el talento con que se expresa, y su riguroso profesionalismo.
Así se le vio trabajando, junto a los más famosos actores y actrices de su época, como los argentinos Hugo del Carril, Luis Sandrini, Libertad Lamarque y Tita Merello; o los cubanos Rita Montaner, Maruja González, Zoraida Marrero, Bola de Nieve, Benny Moré, María de los Ángeles Santana y Esther Borja; y junto a los Maestros Ernesto Lecuona, Rodrigo Prats, Adolfo Guzmán, González Mantici, o Armando Romeo, entre otros.
La actualidad, entretanto, la muestra con una vigencia sin parangón hacia aquellos tiempos que reverencia en sus presentaciones y la devuelve cada vez entrañable, haciendo gala de lo que siempre ha sido: cuerpo y alma de la música.
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