La Consagración de la Primavera, partitura |
He sido testigo a menudo de la extraña reacción en varias personas, músicos o no, cuando escuchan hablar de música contemporánea. La expresión de sus rostros es muy similar a la de aquellos que no entendemos algún idioma complejo.
Por otro lado, tengo la suerte de conocer a un numeroso grupo de artistas que defienden los caminos actuales de la música llamada culta, académica o de concierto; y al cual me sumo modestamente en carácter de intérprete y promotor.
Contemporáneo no es más que un término que justifica lo que sucede en el tiempo actual y, por ende, la actualidad se manifiesta constantemente aparejada con el decursar del tiempo.
Así, la música de Bach, Händel o Vivaldi fue contemporánea en el siglo XVII, como también la de Mozart en la centuria posterior; o bien las obras de Chopin, Liszt y Schumann en el período decimonónico.
Al igual que la evolución humana, la música cambia en todo momento y se ha transformado desde su embrión más incipiente. Para nadie es secreto que la realizada en la actualidad rompe con arquetipos tradicionales y convencionalismos. Así ha sido siempre en toda la historia, y justamente a esa experimentación debemos agradecer el que hoy podamos contar con un legado musical tan rico y diverso.
Cuántas veces no hemos escuchado decir que los grandes compositores fueron incomprendidos en su tiempo. La música de Johann Sebastian Bach permaneció prácticamente en silencio un siglo después de su muerte y es sabido que recorrió en vida solo unas pocas ciudades alemanas adonde llevó su arte. Sin embargo, en el presente el mundo entero lo ejecuta sin descanso porque se ha demostrado que él es manantial de sabiduría para todos los músicos.
Por su parte, Ludwig van Beethoven fue en busca siempre de una sonoridad expresiva más amplia y de un lenguaje entregado y grandioso a la vez. En su tiempo, él fue un revolucionario al plasmar en sus obras estos elementos, que más adelante abrieron el camino a un nuevo período musical.
La Consagración de la Primavera, esa formidable obra del ruso Igor Stravinsky, fue rechazada desde su mismo estreno. En él se encontraban prestigiosos intelectuales, entre ellos músicos que trascendieron además, y no pocos la cuestionaron. Mas, sin duda alguna, La Consagración… es referencia al hablar del siglo XX en la música y de los nuevos caminos que se tomaron en aquel momento.
No pretendo establecer una comparación entre estos pilares de la creación y los compositores actuales. Pero si quisiera llamar la atención acerca de este fenómeno que nos asiste y que pienso sea fruto de la incipiente búsqueda de información, el escaso contacto de este grupo de personas con la reciente creación musical y, peor aún, el poco interés por materializar tal acción.
Para saber si una obra es interesante o no debe ser interpretada y apreciada, incluso, en varias ocasiones; solo ésa es la vía para llegar a futuras conclusiones. Un juicio prematuro, sustentado en elementos superficiales, sería desfavorable por completo.
Por ello propongo, a aquellas personas que quizás no han roto con la inercia de retraerse a ser partícipes de la música de la actualidad, a que den ese primer paso. Evitemos que los compositores, los realmente valiosos, queden en el camino del olvido y la desvaloración por parte nuestra. Su música no es más que la expresión de la época que protagonizamos y como tal debe trascender a la posteridad.
* El autor es pianista y profesor del Conservatorio Amadeo Roldán. |