Teatro Auditórium
Amadeo Roldán |
Recientemente fuimos testigos en La Habana, de un concierto vocal de cámara ofrecido en la Sala Alejandro García Caturla del Teatro Auditórium Amadeo Roldán, cuya convocatoria causó interés al autor de este comentario.
La curaduría del mismo estuvo a cargo de la joven soprano cubana Ileana Jiménez. Ella concibió un programa bajo el título La poesía medieval española en la liederistica alemana. Para ello invitó a la soprano María Felicia Pérez, directora del Coro Exaudi y quien fuera su profesora durante varios años, y a la pianista María Victoria del Collado, integrante del Dúo Promúsica.
Ileana, fundadora y cantora por espacio de doce años del Coro Exaudi, se acaba de diplomar en el Conservatorio Giuseppe Verdi, de Turín, Italia, en la especialidad de música vocal de cámara. De ahí su disposición en presentar un concierto basado en este tipo de repertorio.
Sin embargo, la singularidad del recital estribó justamente en la relación existente entre la poesía medieval española y los compositores románticos Robert Schumann, Johannes Brahms, Hugo Wolf, Edvard Grieg y Adolf Jensen, quienes musicalizaron dichos versos.
Emmanuel von Geibel y Paul Heysel, poetas pertenecientes al llamado Grupo del Mónaco, desarrollaron una investigación basada en antologías de poetas anónimos del siglo XV, prefiriendo aquellas con carácter popular.
Ellos tradujeron esos textos y, tras el uso de una métrica breve, le dan a la obra un sentido fuertemente musical, al adaptarlos para ser cantados más que recitados. De gran atractivo fue para los músicos de la época mediante los cuales estos escritos alcanzaron notoriedad: Schumann, Brahms y Wolf.
Así, el programa se conformó con A la sombra de mis cabellos, Opus 6 número 1, de Johannes Brahms; los ciclos Spanisches Liederspiel y Spanisches Liebesliedern, de Robert Schumann; siete piezas del Cancionero Español, de Hugo Wolf; A la sombra de mis cabellos, Opus 1 número 4, de Adolf Jensen; y Alguna vez, de Edvard Grieg.
Interesante ver que varios compositores musicalizaron un mismo título y poder apreciar entonces la manera tan diferente de expresarse, con las particularidades de cada uno. También cómo, en el caso del lied Cojo jazmín y clavel, Schumann utiliza un ritmo constante similar al de la Habanera.
Ileana Jiménez es, de las tres intérpretes del concierto, la menos conocida en nuestro medio musical, debido a que radica hace diez años en Italia y por eso no la hemos visto en las salas de concierto habaneras hasta este momento.
La joven cantante dio fe de una alta capacidad como músico. Posee un timbre hermoso y una depurada técnica que le permiten hacer con su aparato vocal cuanto desee en función de la música, incluyo aquí además su perfecto conocimiento de la fonética del idioma alemán, algo realmente destacable.
Su proyección escénica estuvo muy bien ajustada a este tipo de repertorio, al ser muy expresiva, pero sin excesos gestuales. En su conjunto, considero que ella es una gran profesional, visto no solo en su inteligencia al concebir la temática del recital y seleccionar las obras idóneas, sino igualmente, al defender las mismas desde su papel de intérprete, lo cual dice mucho de su cultura y formación musical.
Agradecemos asimismo, la presencia de la maestra María Felicia Pérez quien salió una vez más de su acostumbrada labor como directora y soprano del Coro Exaudi para compartir con su público esta otra faceta.
Sí, porque entiéndase que la mayoría de los intérpretes, luego de haber transitado por varios caminos y sumando experiencias para sí, se especializan en un tipo de repertorio o vertiente musical, porque cada una tiene muchas particularidades que la hacen diferente de otras. Es entonces que los propios artistas encuentran su afinidad e identificación para con una o varias de ellas, dedicándole casi toda la carrera, tiempo y amor.
Para el final del concierto ambas cantantes se unieron junto a la pianista María Victoria del Collado para interpretar los dúos de Schumann, en los que fueron muy exactas en la manera de frasear, de hacer las articulaciones, cortes finales de cada frase. En ocasiones parecía una sola persona quien cantaba. Todo ello hizo de este momento uno de los más aplaudidos del programa.
Por su parte, la maestra María Victoria del Collado, quien no recesó en ningún instante, tuvo dos momentos en solitario que resolvió con gran acierto: Preludio y Danza Nacional, del mismo Schumann. Ella se adaptó y entendió a Ileana y María Felicia con sus individualidades, actitudes imprescindibles cuando se trabaja en conjunto y que María Victoria muestra con asombrosa naturalidad. No en balde es considerada por muchos como una figura de referencia cuando se habla de la música de cámara en Cuba.
El recital de esa tarde fue sin dudas muy disfrutado por todos los que concurrimos y nos quedará en la memoria como una de las mejores propuestas ofrecidas en dicho escenario en los últimos tiempos. Ojalá y siempre podamos contar con una programación musical de tanto rigor y alto vuelo artístico como la de ese concierto.
* El autor es pianista y profesor del Conservatorio Amadeo Roldán.
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