María Eugenia Barrios
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Hace algunos años tuve la dicha de conocer a la maestra María Eugenia Barrios, aunque en realidad ella no sabía quién era aquel joven que poco después veía entre tantos, por los pasillos de la Facultad de Música del Instituto Superior de Arte.
Al observarla, parece no tener descanso camino al aula donde le esperan sus alumnos, pero, si le detenemos el paso, encontraremos a una mujer encantadora, de apariencia y trato elegantes, dulce y ocurrente; en cuya conversación nunca faltan alegorías a esas canciones cubanas de todos los tiempos, como aquella que le oí nombrar por última vez: Te esperaré, de Rodrigo Prats.
Al igual que su presencia misma, su nombre inspira respeto, ganado tras muchos años de experiencia profesional como intérprete y pedagoga.
Baste mencionar sus apariciones como solista junto a orquestas sinfónicas de Cuba, México, Polonia, Corea, Colombia y Ecuador; bajo la batuta de Félix Guerrero, Fabio Landa, Roberto Sánchez Ferrer, Manuel Duchesne Cuzán, Rodrigo Prats, Norman Milanés, Adolfo Guzmán, Mario Romeu, Enrique González Mantici, Elena Herrera, Roberto Valera, Guennadi Dmitriac, Verónica Dudarova, Iván Marinov, Vladimir Markovich, Rey Cantor y Álvaro Manzano.
Asimismo, su trabajo docente ha dado frutos muy valiosos con varios alumnos que han sido premiados en concursos de canto celebrados dentro y fuera de Cuba.
La Barrios ha dedicado también parte de su tiempo a una investigación acerca de la interpretación de la canción lírica cubana, por la cual le fue conferido el grado de Doctora en Ciencias sobre Arte.
Decir cincuenta años se resume así, en una pequeña frase, pero bien sabemos que constituye una vida entera consagrada al arte. Por esas razones, el 31 de mayo pasado, igual fecha que del año 1959 marcara el debut de María Eugenia Barrios, se iniciaron las celebraciones por el aniversario cincuenta de su carrera artística.
Recientemente tuvo lugar el segundo de estos agasajos, en el Teatro Auditórium Amadeo Roldán. Un elenco de lujo se reunió: Rosa Fornés, Luis Carbonell, Huberal Herrera, Juan Espinosa, Bárbara Llanes, Ivette Betancourt, Alfredo Más, la Banda Nacional de Conciertos, el Coro del Instituto Cubano de Radio y Televisión y el Trío Concertante; en su mayoría ligados a la vida y la carrera de María Eugenia.
Sin embargo, para sorpresa de muchos, la homenajeada decidió una vez más ser protagonista activa del espectáculo, contrario a lo acostumbrado en sucesos de esta índole, cuando toca a otros ofrecer su arte. Y es que la maestra prefiere compartir la escena con sus amigos, alumnos y admiradores. No cabe duda de que fue muy inteligente de su parte y así lo agradeció el público.
Cualquiera diría que no han pasado tantos años: su voz muestra no sólo la madurez de quien posee la sabia en estas lides, sino la técnica necesaria -en cuanto a control de emisión, color y expresividad se refiere- para exponer con acierto el mensaje y la dramaturgia de cada obra.
Así la vimos, desde su aparición en la salida de la opereta La viuda alegre, de Franz Lehar, pasando por Un bel di vedremo de la ópera Madame Butterfly, de Giacomo Puccini; la Romanza de la zarzuela María la O, de Ernesto Lecuona; la Salida de Cecilia Valdés de la zarzuela homónima, de Gonzalo Roig; y junto al barítono Alfredo Más en Gran Dúo de la opereta La viuda alegre.
Tiempo atrás, cuando el programa televisivo ¡Bravo! trasmitió su interpretación de la Santuzzaen Caballería Rusticana, le escuché decir que aún no contaba con una grabación discográfica. Ciertamente es imperdonable que una figura como María Eugenia Barrios pase a la historia sin un registro en formato CD o DVD. Las instituciones pertinentes debieran reflexionar en tal sentido, pues no solo sería el mejor regalo para la artista en este cincuenta aniversario de vida profesional, sino el hecho de que su impronta se perpetúe para bien de la cultura nacional.
Quisiera concluir este comentario citando las palabras que el maestro Alfredo Muñoz, violinista y director del Centro Nacional de Música de Concierto, expresó esa tarde en el concierto de celebración y que dimensionan muy sucintamente la valía como intérprete de la maestra al decir: María Eugenia Barrios ha hecho llorar a muchas generaciones con su interpretación de Madame Butterfly y es capaz de convertir un a simple canción lírica en el más refinado lied.
* El autor es pianista y profesor del Conservatorio Amadeo Roldán.
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