La pianista cubana Olga Valiente se presentó en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, en el Centro Histórico de La Habana, el pasado 17 de julio.
El recital alcanzó ribetes de excepcionalidad por lo que interpretó la artista, todo un suceso artístico.
Olga Valiente es una pianista y profesora con sólida formación, adquirida en los Conservatorios Amadeo Roldán en La Habana y Chaikovski de Moscú.
Estos estudios académicos le dieron las herramientas para desarrollar una de las razones primordiales de su carrera: el vincular la música popular a la de concierto y viceversa.
Que en su caso es también, difundir la música americana, no importa que esta sea del cono Sur, de Norteamérica o de El Caribe, con acentos afro-americanos o indigenistas, mirando a Europa o
firmemente, enraizadas en estas tierras.
En cierta medida, Olga Valiente es embajadora cultural de todo el continente americano en un viaje a la inversa que tuvo un ilustre antecesor, el pianista y compositor norteamericano Louis Moreau Gottschalk.
El concierto constó de dos partes, la primera, de música cubana con los compositores Manuel Saumell, Ignacio Cervantes, Carlos Fariñas y Ernesto Lecuona.
En la segunda, pudimos apreciar composiciones del norteamericano George Gerhswin, el venezolano Moisés Moleiro, el brasileño Oscar Lorenzo Fernández y el argentino Alberto Ginastera.
Es curioso cómo Olga Valiente cuida de la exactitud del silencio.
Éste es activo, preciso, y se valoró y disfrutó en las obras cíclicas que interpretó, como son, Tres Preludios, de George Gershwin, Tres Danzas Argentinas, de Alberto Ginastera y sobre todo, la Suite Brasileña Número 2, de Oscar Lorenzo Fernández.
Pero fue más que inteligente y sensible, cuando organizó la sucesión de micro piezas pianísticas de diferentes autores que han engrandecido la cultura latinoamericana.
Particularmente brillante fue, en este sentido, su encadenamiento de las contradanzas de Manuel Saumell y de las piezas de Moisés Moleiro.
Pues cada una de sus respiraciones, entre frase y frase, y en todas las piezas que expuso, hasta el misterio que es el silencio entre obras, fue como un acto de magia que confirmó la coherencia de su discurso sonoro.
Momento de excepción fue su entrega en la Suite Brasileña Número 2, de Oscar Lorenzo Fernández, y principalmente, en El Viejo Boyero, de Tres Danzas Argentinas, de Alberto Ginastera.
Por primera vez, el autor de estas líneas escuchó, con Olga Valiente, a un anciano, con los achaques de la vejez, pero aún lleno de vida y recuerdos, que es, en verdad, lo que quiso expresar el maestro argentino.
¡Y mire usted que él ha escuchado la pieza, incluso por pianistas argentinos!
Y es así, con esta excepcional imagen sonora propuesta por Olga Valiente que quiere concluir su comentario Juan Piñera.
* El autor es compositor e instrumentista, profesor del Instituto Superior de Arte y director de programas de CMBF, Radio Musical Nacional.
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