
Guido López-Gavilán, Aldo López-Gavilán, Teresita Junco,
Ilmar López-Gavilán.
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Un cierre de lujo tuvo 2009 para los conciertos sinfónicos dominicales del Teatro Auditórium Amadeo Roldán, arribando el Nuevo Año. Fue dedicado a la pianista y pedagoga Teresita Junco, quien esta vez ya no pudo compartir el escenario como en ocasiones semejantes, aunque su legado marcó esa ofrenda del esposo e hijos, el maestro Guido López-Gavilán acompañando a Ilmar en el Concierto para violín y orquesta, Opus 77, de Johannes Brahms, y con Aldo en el Concierto Número 1, para piano y orquesta, Opus 23, de Chaikovski.
Ilmar López-Gavilán Junco es un violinista excepcional no sólo por su carrera meteórica: también, lo es por esa elocuencia lograda a partir de un sonido firme y sólido, no importa que en el primer movimiento lidiara con una leve desafinación, resuelta para el segundo, si bien incluso así fue capaz de imprimir fuerza y carácter a una música en la cual se conjugan los impulsos románticos, equilibrados en la clásica arquitectura formal, característica harto anotada al definir el arte de Brahms, manteniendo a raya esos dos polos antitéticos junto con el despliegue virtuosístico a solo y buscando el balance integrador de las partes en un todo.
Ese ajuste de lo individual hacia el entorno orquestal, fruto y destilación de lo aprendido casi por ósmosis en un ambiente hogareño propicio, proyectó aquí un paseo, como llevados de la mano, junto a este mentor musical y en la vida, el maestro Guido López-Gavilán. Y entre ambos se reforzaba, el carácter expresivo con la más cuidada labor de orfebrería sonora, en el cual el lirismo, la pasión, la firme resolución y el paso más contundente salen de esa interacción entre solista, batuta y atriles.
Vino luego, Aldo con el Concierto Número 1, para piano y orquesta, Opus 23, de Chaikovski. Ya señalé recientemente, cómo su interpretación de Prokofiev sobre el mismo escenario, entonces con la directora Daiana García Siveiro, exhibió un nivel de prestidigitación en el que los dedos se acomodan a la velocidad, pero con la seguridad y el carácter precisos, con una orgánica personalidad interpretativa.
Sobre su Chaikovski con Guido López-Gavilán apunto ahora cómo con cada nueva presentación nos sigue asombrando tanta carga vivencial hecha música, algo ubicado mucho más allá de truco y la maña, en la esencia del magisterio y ejemplo, un legado de quien espiritualmente estuvo presente todo el tiempo sobre ese escenario, la profesora y pianista Teresita Junco.
También, la dirección del maestro Guido López-Gavilán se regodea y nos sumerge en un mar de combinaciones del timbre y del carácter expresivo con una gama de claro-oscuros, igual en los pasajes de la orquesta sola como con el solista, en el cual cuida muy bien la presencia de cada parte. Aunque si de equilibrar se trata, algo con lo cual nos sitúa más allá del ámbito sonoro físico es su manera de buscar un balance entre el pulso seguro y la expresión más suelta, y así lo vimos con Brahms o Chaikovski, desde la confluencia entre la dimensión concreta cotidiana con la espiritual trascendente, donde el cuerpo, el rostro y el gesto devienen sonido bien labrado hecho sentimiento compartido entre el podio y cada atril.
* El autor es musicólogo y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional.
Foto Kike
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