Foto: José Lezama Lima |
Agosto es un mes de extremo calor en el archipiélago cubano, y también el espacio para rendir tributo a uno de los mayores escritores de la lengua española, nacido en la Isla, y fallecido en su ciudad natal, en La Habana que él convirtió en metáfora, hace ya tres décadas. Me refiero a otro de esos José… eternos de la cultura cubana, a José Lezama Lima.
Releyendo sus conferencias, sus reflexiones entorno al Maestro, uno de sus calificativos es nombrarlo Odisea, al centrarse en sus diarios, los de campaña, y en su regreso, después de tres lustros de ausencia.
“Los recuerdos de esos Diarios nos sorprenden, como si Martí buscase también en él mismo una equivalencia donde lo sagrado, su misterio, como potens, engendrador de lo posible, tuviese un asidero risueño, una compañía de paso matinal, pues parece intuir que como eco de la nobleza sagrada de la inmolación, que es la etruria que ya señalé en Góngora, no podrá ser descifrado.”
Así la expresión máxima de la síntesis, de la pureza en la poética martiana atrapa a José Lezama Lima, quien considera como los antiguos helenos al Apóstol, desde su condición de “mártir”, también como testigo de su pueblo.
Asimismo, al reconocer su condición de fundador, subraya el autor de Paradiso que Martí es “el primero de nuestros cumplidores, al caer sobre las palabras sin despertales su sombra, su vida profunda y soterrada.”
Son los ojos y la lectura de un poeta lo que permite el análisis y la apropiación sustancial del cosmos martiano por Lezama, quien además consideraba a José Martí desde su totalidad, ajena su aprehensión del Maestro y de su obra, de todo esquema o fórmula, de todo afán reduccionista o maniqueo, que desconoce la complejidad del poeta de los Versos libres y los Versos sencillos.
Hombre de Orígenes, sabe Lezama indagar desde otros ángulos, sumirse en el sujeto, hasta encontrar la esencia, para adueñarse y entregarnos “el hechizo con que penetró en el bosque de la muerte.”
Y es que las valoraciones lezamianas sobre el quehacer creador y la existencia martianos tienen la dimensión de lo trascendente, porque se hacen desde una perspectiva filosófica, de profunda eticidad. “Su afán de tocar la tierra antes de morir, era una exigencia de esa hipérbole ganada por su imaginación.”
Porque desde la poesía Lezama nos devela la historia. Y con ella, nos permite aproximarnos a lo infinito del ser martiano que late en “la imagen como un potencial entre la historia y la poesía.”
También, y desde esa perspectiva totalizadora, el legado martiano cobra otra dimensión: “el espíritu de la pobreza irradiante”. Entonces, nos aproximamos con Lezama al hombre que fue Martí, no a una entelequia metafísica, ajena al dolor y al amor.
“En José Martí culminaron todas las tradiciones cubanas de la palabra, cuyo esbozo y desarrollo vimos en épocas anteriores. Su figura recuerda lo que los místicos orientales llaman el alibi, capaz de crear por la imagen de la realidad. Su importancia rebasa los límites de nuestra frontera, para ser una figura universal en las perspectivas que proyecta.”
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |