En uno de sus textos juveniles, cuando comenzó el oficio de periodista en México, y luego lo continuó en las tierras de Guatemala, José Martí había afirmado que la crítica no era sino el ejercicio del criterio.
Sólo que cuando él lo hizo -como lo demostró en su abundante papelería-, al decir de uno de sus mayores discípulos y estudiosos, el maestro Cintio Vitier, no era el acercamiento dogmático a la obra o a la mirada del otro, sino una aproximación, desde el amor y la creación, porque era un acto de participación.
Así, nunca encontramos el aristotélico principio del debía ser, expresión de una preceptiva que pretende normar la obra, y descalificar las alteridades y al sujeto que crea, porque Martí nunca suplantó al otro, sino que lo acompañó en la dimensión afirmativa, voluntariosamente activo, en lo que Cintio encuentra el secreto del pensamiento y el hacer de la crítica martianos.
En su producción, la que nos ha llegado hasta el momento, realizada por espacio de más de tres décadas y media, jamás el Apóstol oficia como magíster dixit, como la entelequia suprema que todo lo sabe y puede juzgar desde el Olimpo a artistas y escritores.
Esa perspectiva, lamentablemente no superada, y muy reiterada en trabajos y estudios críticos, incluso en nuestros días, veta desde el principio que la sostiene a cualquier obra y a cualquier creador, a partir de presupuestos ideoestéticos obsoletos, por su carácter dogmático, incapaz de flexibilidad y de comunicación, porque para degustar el arte y la literatura se necesita, ante todo, un sentido abierto y de participación que nos conduzca al diálogo como vía de enriquecimiento.
Así se aproxima José Martí al texto, a la escena, a la pintura, a la música, a cualquier manifestación del espíritu humano, y eso le permite, desde su propia condición de esteta, comprender intrínsecamente el proceso creativo y la voluntad de estilo de cualquier artista y escritor.
No hay ausencia de base teórica, ni de criterio propio en Martí. Muy por el contrario, la solidez de sus ideas, de su Filosofía del Arte permiten al Maestro vivir ese espacio comunicacional tan importante que media entre quien produce una obra y quien la disfruta, lección que bien pudiéramos todos recibir, con humildad, cuando asumimos este oficio muchas veces ingrato y siempre complejo, pero gratificante, que es el ejercicio del criterio.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |