Desde la adolescencia, el periodismo atrapó al joven Martí quien, años más tarde, comenzaría a desarrollar esa importante faceta de su escritura en México, para no dejarla jamás y entregar, desde la prensa, lo más profuso de su papelería y algunos de los más centellantes momentos de su prosa literaria.
También, tempranamente, intentaría tener tribuna propia, desde la que expresar sus ideas con libertad, por eso lo vemos añorando espacios, y tratando de crear nuevas publicaciones a lo largo de sus 42 años.
Durante su estancia en Guatemala elaboró el proyecto, que no pudo materializar, de su Revista Guatemalteca. Sin embargo, tales sueños encontrarían su verdad al publicar, en Caracas y en julio de 1881, su Revista Venezolana, cuando el joven emigrado cubano sólo contaba con 28 años de edad.
Esta publicación tan singular ha sido considerada tanto por su espíritu como por su estilo precursora del Modernismo hispanoamericano, y en sus páginas, muchos estudiosos martianos han encontrado un virtual manifiesto de aquel movimiento que transformaría, en sustancia, a fines del siglo XIX, la poética de nuestro idioma.
El primero de julio apareció el primer número de la Revista Venezolana, y presentó su ideario político, cultural y también ético, desde la voz de su director, José Martí cuando afirmaba en su editorial: No obedece la Revista Venezolana a grupo alguno literario, ni la perturban parcialidades filosóficas, ni es su criterio airada y exclusivo, ni viene a poner en liza, sino a poner en acuerdo, las ideas.
En esos dos volúmenes colaborarían algunos de los más prestigiosos intelectuales venezolanos de la época como Eloy Escobar, Diego Jugo Ramírez, Guillermo Tell de Villegas y Lisandro Alvarado, entre otros.
Y en aquellas páginas novedosas también se expresaría un pensamiento revolucionador, de sólidos principios, como se manifestó en el segundo y último número de la revista, publicado el 15 de julio, en el que apareció la etopeya martiana, el tributo al gran maestro Cecilio Acosta, texto que levantaría la reacción del gobernante Antonio Guzmán Blanco quien pretendería condicionar la presencia de Martí en Venezuela a la sumisión y el compromiso, a la renuncia de sus principios.
Frente al despotismo, la respuesta viril del cubano: abandonar aquella tierra madre de nuestra independencia, y regresar a Nueva York, lo que podría hacer al contar con el generoso auxilio económico del sabio venezolano Arístides Rojas, para emprender el viaje desde el puerto de La Guaira, mientras definía su eticidad, y también expresaba su amor a la patria de Bolívar en carta al director del periódico La Opinión Nacional, cuando afirmó: Déme Venezuela en que servirla….
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |