Hace más de 125 años, cuando José Martí sólo tenía 28 y se aprestaba a cumplir sus 29 años de edad, padeció la experiencia de ver cómo sus editores, en Caracas primero y luego en Buenos Aires, censuraban sus textos periodísticos.
De regreso a los Estados Unidos, luego de vivir la experiencia venezolana de su biografía, y a sólo algo más de tres lustros de haber concluido en Norteamérica la guerra de secesión, con el triunfo de los norteños, el joven emigrado cubano comenzaba a aprehender, con agudeza crítica, las contradicciones de aquel país.
Tales vivencias y reflexiones alimentaron su escritura y en trabajos enviados al diario La Opinión Nacional, de Caracas sometió, tempranamente, a sus juicios las complejas situaciones de la postguerra, en medio de la desigualdad social, la hambruna y miseria del sur, la expansión industrial y financiera del Norte, así como la presencia de la discriminación racial, a pesar de haberse abolido la esclavitud.
Sus opiniones resultaron demasiado críticas para quienes dirigían, entonces, el periódico caraqueño que, con tono conminatorio y bastante autoritario, pidieron a Martí moderación en sus juicios, una mirada edulcorada, frente a lo que consideraron una proyección en exceso radical y ultramontana.
La reacción del joven periodista fue igualmente airada.
Y así, el 10 de junio de 1882 suspende sus colaboraciones porque, además, se le había exigido que fuera elogioso con el entonces mandatario sudamericano Antonio Guzmán Blanco, a quien y por enfrentársele desde su ética y periodismo, debió Martí su salida de Venezuela.
Unas semanas más tarde, y a partir del 15 de julio de ese mismo año, comienza Martí a colaborar en el diario bonaerense La Nación, el periódico argentino que, en el siglo XIX, era la más importante tribuna para el periodismo hispanoamericano, en cuyas páginas también colaboraría Rubén Darío.
Sin embargo, la primera crónica martiana, publicada el 13 de septiembre, aparecería también censurada, por sus incisivas valoraciones de los Estados Unidos. Durante varios meses, hasta diciembre de ese año, el cubano permanecería en silencio.
Porque, en carta enviada a Martí por el director de esa publicación, Bartolomé Mitre, hijo, este le explicaría cómo los lectores demandaban su presencia entre los columnistas, -que ellos no querían perder- aunque sí le pedía más cuidado y tacto al enjuiciar a la sociedad norteamericana.
En correspondencia con la visión de la oligarquía porteña, (a la que pertenecía Mitre como su padre, el general y expresidente Bartolomé Mitre, y su propio mentor, quien fue igualmente presidente de la Argentina, Domingo Faustino Sarmiento) ellos no deseaban que se interpretasen tales criterios como una campaña contra los Estados Unidos.
Así, en carta a Mitre, el periodista José Martí expondría su método de trabajo y el carácter de sus futuras colaboraciones, y comenzaría desde entonces, a ser presencia sistemática en aquellas páginas, hasta 1891.
En tal espacio argentino daría a conocer sus hoy célebres Escenas norteamericanas, en las que con sensibilidad, talento y maestría logró Martí decir cuanto debió decir sobre Norteamérica, y sortear los escollos de la censura, para dejarnos el testimonio de su análisis sobre los Estados Unidos, al tiempo que creaba junto al nicaragüense Darío, y desde La Nación, un nuevo género literario, la crónica modernista.
*La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí
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