Libro, José Martí Correspondencia a
Manuel Mercado
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Los afectos ocuparon un espacio muy delicado en la espiritualidad de José Martí desde su infancia hasta su muerte, en Dos Ríos, cuando sólo tenía 42 años de edad, y por eso, quiero detenerme en este elemento de su carácter y de su personalidad, cuando conmemoramos en este enero del 2008, el aniversario 155 del natalicio del Apóstol.
Porque, dentro del amplio marco de las relaciones interpersonales, en su breve pero intensa biografía, aparecen algunas personalidades que se subrayan, por la importancia y la trascendencia de sus vidas dentro del perfil martiano, como el cubano Fermín Valdés Domínguez y un mexicano, Manuel Mercado.
La primera, con Fermín fue una amistad que floreció desde la infancia y que se mantuvo a lo largo de sus existencias, en medio de vivencias muy intensas como la cárcel, el destierro y el exilio.
La otra, nació en la plenitud de la juventud, cuando el cubano sólo contaba con 22 años, durante su estancia en México, país en el que le aguardaban sus padres y hermanas, mientras en la Isla se desarrollaba la guerra de los diez años.
Así, 1875 se inscribe como el momento del encuentro de Martí y Mercado, amistad cultivada, en buena medida, gracias al género epistolar que sostendrían por dos décadas, en un intercambio de afectos y de experiencias que, como se evidencia en la correspondencia entre ambos, estaba alimentado por la sinceridad y la lealtad mutuas.
Veinte años, desde 1875 hasta 1895, duró la comunicación entre el cubano y el mexicano, desde aquel primer encuentro del 10 de febrero de 1875, en la estación de Buena Vista, en la capital mexicana, cuando Mercado acompañó a don Mariano Martí para recibir al hijo ausente que llegaba desde el Golfo, desde Veracruz al Distrito Federal, luego de su primer destierro en la península.
Más tarde, a mediados de los 90, en 1894 se produjo el reencuentro físico de aquellos dos hombres hermanados por el amor y la amistad verdaderos, mientras acudía José Martí a México, en medio de la organización de la guerra necesaria para recaudar fondos y apoyo a su proyecto revolucionario y, entonces, volvería a ser acogido en el hogar de la familia de Manuel Mercado.
Amigo primero de don Mariano, a quien auxilió, Mercado, quien fue en aquellos años del gobierno del presidente Sebastián Lerdo de Tejada, el sucesor de Juárez, Secretario del gobierno del D.F., luego fue como un hermano para José Julián a quien auxilió también para insertarlo en los medios periodísticos e intelectuales aztecas.
La profusa correspondencia entre Martí y Mercado fue publicada, en conjunto y por primera vez, por la Universidad Nacional Autónoma de México, cuando Alfonso Mercado, hijo de don Manuel, dio a conocer las 129 cartas enviadas a su padre por el Apóstol. Posteriormente, y en diferentes ediciones de las Obras Completas de José Martí, se reprodujeron esas cartas, así como en 2001, en edición del Centro de Estudios Martianos y DGE Ediciones apareció el volumen José Martí correspondencia a Manuel Mercado, en el que se reúnen un total de 141 cartas del Maestro a su amigo mexicano.
En una ocasión, y desde Nueva York, en octubre de 1891, Martí le afirmaba a Mercado: Yo no conozco hombre alguno mejor que Ud., ni de mérito más cierto, aunque no sea pomposo, ni de generosidad más natural e infatigable, ni de mente y corazón más abierto a toda bondad y hermosura. Ud, a la escondida, salva honras, ampara caídos. Yo tengo orgullo en poner, frente a este bello libro de caridad el nombre de Ud. ¿Cómo he de olvidar yo que por Ud. tiene sepultura mi hermana –y que por Ud. hallé trabajo a las pocas horas de llegar a México, mísero y desconocido?
También debemos señalar que, cuando el cubano necesitó arreglar su documentación para celebrar sus bodas con Carmen Zayas Bazán, serían Fermín en La Habana y Mercado en Ciudad México los encargados, por José Julián, para tales trámites.
Y, en vísperas de caer en Dos Ríos, queda el testimonio de la profunda amistad y la confianza, la identidad de principios compartidos entre él y el mexicano, cuando escribió a Mercado, desde la manigua, la carta inconclusa en la que enfatizaba: Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber -puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |