Portada, Manifiesto
de Montecristi
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La anexión de Cuba a los Estados Unidos ha sido un tema recurrente en la historiografía, y sobre todo, en el desarrollo de nuestra historia, desde los tiempos de la colonia a los de la república. Y está presente, desde la juventud, en el ideario martiano, cobrando vigencia en estos tiempos, porque está es la raíz del diferendo histórico entre ambas naciones.
Tras el fracaso de los reformistas del siglo XIX y también de los intentos revolucionarios en la primera mitad de aquella centuria, antes de la guerra de secesión en los Estados Unidos, y alimentado el interés de los estados sureños, para ampliar su presencia en el contexto de la UNIÓN, con la incorporación de territorios en los que existiera además la esclavitud, el anexionismo fue un peligro que latía como un medio para dejar atrás el desconcierto y la obsolencia de la Colonia.
Mas, con el proceso histórico de la guerra de independencia, iniciada en la Demajagua por Céspedes y reafirmada luego en Guáimaro con la primera República en Armas, con diez años de acciones bélicas, la soberanía de la Isla pasó a primer plano, con el valor añadido de la abolición de la esclavitud.
Dentro de esa línea de pensamiento y de acción se inserta asimismo, y desde su adolescencia, José Martí, quien además de luchar por reunir a los cubanos de la emigración y superar resentimientos, errores y rencores, en pos de la unidad, debió igualmente luchar, pero en la segunda mitad del siglo XIX frente a otras corrientes anexionistas que favorecían la adición del país a los Estados Unidos, en correlato con intereses económicos y políticos de la oligarquía criolla e hispana, ante el descalabro de España en la Isla, en correspondencia con los proyectos imperiales que emergían en Norteamérica, luego de veinte años de haber concluido la guerra civil, dentro del diseño hegemónico.
Numerosas serían las batallas protagonizadas por Martí, desde la prensa y la oratoria, como en las conferencias celebradas en Washington, antecedentes históricos del posterior panamericanismo del siglo XX, para concientizar a la opinión pública entre los cubanos, en América latina y en los propios Estados Unidos.
Un incidente dio espacio al Apóstol para exponer sus ideas, a favor de la independencia y dar un no rotundo al anexionismo, como sucedió ante la agresión de la prensa norteamericana, despectiva sobre las virtudes del pueblo cubano, como lo expuso Martí en la carta que envió al director del periódico The Evening Post, de Nueva York, editada el 25 de marzo de 1889, seis años antes de que un día como ese, firmara junto al Generalísimo Máximo Gómez, el programa de la Revolución, conocido como Manifiesto de Montecristi.
Ningún cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral, por el mero valor de su tierra, en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter.
Así refutaba el Héroe cubano el texto infamante divulgado, el 16 de marzo de 1889 en el diario The Manufacturer, de Filadelfia, órgano de prensa del Partido Republicano que entonces, como ahora, se encontraba en el gobierno de los Estados Unidos, y que se había publicado bajo el título del artículo: ¿Queremos a Cuba?, en el que se exponían una serie de valoraciones negativas sobre los cubanos, ante la posible compra de la Isla por aquel país.
Unos días después, el 21 de marzo, y en el diario The Evening Post, de Nueva York, se comentaban favorablemente aquellas tesis, a las que se opuso Martí, y que se conocen, en su refutación histórica, como Vindicación de Cuba.
No somos los cubanos ese pueblo de vagabundos míseros o pigmeos inmorales que a The Manufacturer le place escribir; ni el país de inútiles verbosos, incapaces de acción, enemigos del trabajo recio, que, junto con los demás pueblos de la América española, suelen pintar viajeros soberbios y escritores.
También afirmó el Apóstol, ya entregado al proyecto de la patria libre que fue la célula de sus sueños: La nueva generación es digna de sus padres. Centenares de hombres han muerto después de la guerra en el misterio de las prisiones. Sólo con la vida cesará entre nosotros la batalla por la libertad.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí
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