María García Granados,
la niña de Guatemala.
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Cada espacio de la existencia humana guarda sus propias evocaciones. Y en ese mapa de la vida también hay una suerte de geografía amorosa, que acompaña al hombre en su tránsito.
En Martí hay además, en medio de sus avatares, tierra de sueños, colmada de volcanes, montañas y lagos, la que se ilumina por la pluma del quetzal, y conocemos como Guatemala, en la que hace más de 130 años su juventud echó a volar, para luego ser evocada en la adultez, y en la escritura de sus Versos Sencillos, con romances como el que dedicó a María García Granados, la famosa niña de Guatemala.
En esta nación, el joven emigrado volvía a Centroamérica, a la que se había aproximado en su infancia, cuando de niño acompañó a su padre, en viaje a la llamada Honduras Británica, hoy Belice.
Pero ahora el regreso al istmo es en tierra de mayas, donde está la siembra del Popol Vuh, de las culturas ancestrales que no se comunican con el español, y que él descubre a lomo de mula, mientras avanza desde la costa atlántica hacia el Pacífico, para ejercer la docencia, escribir en la prensa, adentrarse en la historia y la política de las llamadas revoluciones liberales que, en el mundo guatemalteco enfrentó al feudalismo y al clero, como antes y en México lo conoció en el período juarista al que llegó, con la magistratura de Sebastián Lerdo de Tejada.
En ambos países, ya repúblicas independientes, pero cuajadas de lastre colonial, el joven cubano puede constatar el difícil y tenaz proceso que ha de vivir la América nuestra para, con la libertad, avanzar hacia la modernidad del espíritu y de la ciencia, con justicia social que no desplace a nadie, ni desconozca cómo lo ha apreciado, a las grandes masas de los pueblos originarios.
Martí conoce al indio, a los humildes y marginados pobladores de Guatemala como antes lo vivió en tierra azteca, y enfrenta las contradicciones que sobreviven en los códigos éticos y morales, en las desigualdades heredadas de la Colonia; entre tanto, la élite intelectual y las autoridades más que imbuirse en los orígenes, buscan en otros puntos del planeta, ajenos al propio desarrollo histórico de la nación, como Europa o los Estados Unidos, los paradigmas a imitar.
Guatemala primero, luego el breve tránsito por Honduras, tierra en la que pensó residir, pero que abandona con su Carmen que espera al hijo, para regresar a Cuba, sometida al infame revés del Zanjón, y años más tarde, cuando organiza la guerra necesaria, su encuentro con Costa Rica y Panamá integran en su biografía el diálogo que sostuvo el Apóstol con los pueblos centroamericanos.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí |