Ruinas La Mejorana
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Rumbo a Ti-Arriba, recorre la tropa más de 22 kilómetros, el sol cae entre la lluvia, pero a los ojos de Martí, el silencio y la belleza de la naturaleza son un regalo para el espíritu. Así comienza el mes de mayo de 1895.
Se echan sobre el suelo a dormir. Otros descansan, pero no el Delegado. Al campamento llega George Eugene Bryson, corresponsal del New York Herald para entrevistarlo y ambos dialogan hasta las tres de la madrugada.
Escribe al director del periódico neoyorquino para expresar al pueblo de los Estados Unidos y al mundo, las razones, composición y fines de la Revolución que Cuba inició desde el principio del siglo, que se mantuvo en armas con reconocido heroísmo de 1868 a 1878, y se reanuda hoy…
Después la fatiga lo vence, busca refugio en la hamaca, pero como no la encuentra, se tiende en un banco, con el sombrero de almohada. El frío le hiere, mas un soldado lo cubre con una vieja manta. Agradece el sueño y al fin descansa, cuando la diana lo despierta a las cuatro de la madrugada con el de pie del campamento. Se incorpora entonces como un soldado.
Se va el periodista con el manifiesto de Martí. Ellos también se preparan para otra jornada. Gómez, junto a Martí, se reunirá con el General Antonio Maceo, se reunirán los tres jefes en el ingenio La Mejorana.
Hay palmas y ceibas, y arroyos breves…la tropa cabalga hacia el encuentro en pos de un intercambio de ideas, Martí desea llegar al Camagüey… no piensa en el regreso a Nueva York.
Sigue con la mochila a cuestas, el jolongo pesado con libros y medicinas…en la cintura el revólver que le regaló Panchito Gómez, y en el alma, siempre Cuba:
Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche
¿O son una las dos? No bien retira
Su majestad el sol, con largos velos
Y un clavel en la mano, silenciosa
Cuba cual viuda triste me aparece…
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí |