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  José Martí desde las aulas
  Por Mercedes Santos Moray*
 

 

Universidad en Guatemala
Universidad de Guatemala,
Escuela de derecho.

Numerosas fueron las profesiones que asumió José Martí, desde la adolescencia, para contribuir primero al sustento familiar y luego para sí mismo, cuando se vio forzado al destierro y al exilio en el largo periplo de aquellas jornadas suyas por otras tierras de Europa y de América.

Pero sería el magisterio, la obra fundacional del maestro, una de las más legítimas expresiones en las que el cubano generoso se extendió, cuando fue maestro, en las aulas, de adolescentes y adultos, en distintos períodos de su vida.

Guatemala

Cuando llegó a la tierra centroamericana, y con sólo 24 años, su principal medio de existencia, para cubrir sus necesidades más perentorias, estando en solitario, y luego, con él más tarde a su esposa, Carmen Zayas Bazán, fue en las aulas, tanto en la Escuela Normal, ante un estudiantado de jóvenes de modestos recursos, como cuando se desempeñó en los niveles universitarios, a los que únicamente tenían acceso los hijos de las familias más adineradas, y también impartió clases para muchachas, las adolescentes del Colegio de niñas de Centroamérica, momento en el que tuvo, como alumna, a aquella hermosa María García Granados.  

Al irrumpir, por primera y única vez en su vida, como miembro del claustro académico de la Universidad en Guatemala, aquel joven graduado de Derecho y de Filosofía y Letras, durante su destierro en España, impartió diversas asignaturas, de gran complejidad como las literaturas francesa, inglesa, italiana y alemana, al mismo tiempo de tratar la Filosofía, y otras materias más prácticas como las de redacción y composición, para las cuales contaba con el aval de su ejercicio como periodista y su propia condición de poeta.

Maestro siempre

Además de enseñar en Guatemala lo haría en Cuba, tras su regreso, a raíz del Pacto del Zanjón, cuando concluyó la guerra, así como en Venezuela y los Estados Unidos, siendo la educación uno de los pivotes de su experiencia personal y vía también de forjar conciencias. 
 
En la Cuba de 1878 daría clases en el colegio habanero Casa de Educación, profesión que alternaba con su pasantía en los bufetes, vía para sostener a su esposa y al hijo, a su pequeño José Francisco, amén de ayudar a sus padres y hermanas.

Tres años después, y durante los seis meses de su estancia en Venezuela, en Caracas también trabajó como docente, así la enseñanza era su principal medio de vida. Fue maestro en el colegio Santa María para impartir clases de Gramática y de Literatura Francesa, y en el de Guillermo Tell de Villegas, donde enseñaba Literatura, y en el que crearía una singular cátedra de oratoria para cultivar a sus jóvenes discípulos en el ejercicio de la palabra. 

Durante los casi tres lustros de su exilio neoyorquino volvió a la docencia, dedicándose a la enseñaza para adultos. Se desempeñó como profesor de español durante dos cursos en la Escuela Central Superior de esa ciudad y, tuvo como propósito era enseñar gramática sin parecer que la enseñaba

Por aquellos años, Estados Unidos contaba con una gran población de jóvenes trabajadores inmigrantes, a los que ayudó desde las aulas, aquel cubano universal que ya era un reconocido periodista en toda Hispanoamérica.

Y en la propia Nueva York, para los cubanos y puertorriqueños, enseñaría José Martí como miembro del claustro de la Sociedad Protectora de la Instrucción la Liga, que había sido fundada por trabajadores de ambas Antillas, mayoritariamente de raza negra.

En la Liga pudo, entonces, Martí realizar el sueño de educar desde el amor, como medio no sólo para el conocimiento y la información, sino para preparar hombres libres, a los que comenzó a preparar, desde las aulas, para la obra mayor, la de la independencia.

Trabajadores humildes, en igualdad de razas, asistían a aquellas clases que él impartía de manera gratuita, y que continuó, a pesar de sus múltiples actividades, durante varios meses después de haber fundado el Partido Revolucionario Cubano, cuando ya comenzaba la edición del periódico Patria. Serían aquellos alumnos suyos, los de la Liga, que compartían sus ideales de libertad y de justicia, quienes comenzaron a llamarle, entre la emigración patriota de Nueva York, por el apelativo de Maestro.


* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí.

 

 
 
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