José Martí , 1894.
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Diciembre se abre en medio del silencio, en 1894. Hay que acallar el verbo. Son tiempos de acción, de intenso trabajo clandestino los que vive el Delegado aquel último mes en los Estados Unidos, antes de partir hacia la República Dominica, para llegar a los campos de Cuba.
El mes comienza con el arribo, a Nueva York, del coronel José María (Mayía) Rodríguez quien se le suma, en su calidad de representante del General en Jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez.
A los dos se incorporará el comandante Enrique Collazo quien representa a los patriotas de la Isla, para redactar el plan del alzamiento y enviarlo por medios seguros, a Juan Gualberto Gómez que lo aguarda en Cuba.
José Martí asume el seudónimo de D. E. Mantell para las operaciones bancarias y así maneja las finanzas del Partido, como su Delegado, entre tanto concluye las gestiones conspirativas y se apresta para enviar los recursos y apoyo logístico preparados en el más absoluto clandestinaje, para que se ejecuten los planes de alzamiento.
El Apóstol continúa la compra de armas, el acopio de recursos bélicos y organiza las tres expediciones que deben irrumpir, de manera unánime, en la patria, por diferentes áreas, del Oriente, el Camagüey y el centro, las que sucumbirán por la delación y la traición, de López de Queralta, días más tarde, cuando las autoridades norteamericanas se apoderen de las embarcaciones y los sueños parezcan diluirse.
Pero en el último 25 de diciembre, día de Navidad, que vive en aquel país, el Delegado es un nervio vivo, el organizador de un plan militar, bien ajustado, para producirse el levantamiento de los patriotas con el estallido de una guerra rápida y enérgica, como lo demandan las complejas circunstancias políticas que se presentan en el contexto latinoamericano y caribeño, y por el propio decursar de las ambiciones geopolíticas de los Estados Unidos.
Por lo que ordena la salida de las embarcaciones. En Boston está el Baracoa, el Lagonda debe ir a Costa Rica para trasladar al general Antonio Maceo, a su hermano José y a Flor Crombet y otros patriotas.
También se incluye el Amadís en aquel entramado conspirativo, organizado con perfección, y que extiende sus tentáculos por el arco antillano, las emigraciones cubanas en el norte, Centroamérica y el Caribe, así como en la Isla, en uno de los más elaborados planes insurreccionales de nuestra historia, en el siglo XIX.
Va a cumplir José Martí 42 años en el próximo enero, y su salud está muy resentida, no ha dejado de padecer desde los días del presidio y la cárcel. Sus últimas fotografías nos muestran una imagen envejecida, un ser escuálido, blanqueado el cabello que disminuye sobre el cráneo…la mirada profunda que sólo sostiene el alma y la voluntad, mientras le secundan y auxilian varios jóvenes como Manuel Mantilla quien usará el seudónimo de John Mantell y Patricio Corona, cuyo nombre clandestino será el de José Miranda.
Es la obra de toda su vida, los recursos de miles de familias humildes, el pan que se entrega en medio del frío y la pobreza, la fuerza de la unión que vence divergencias y alimenta la fe, es el invierno feroz que cruza sobre el cuerpo, los nervios en tensión, en tanto la guerra que se perfila y dibuja para que vuelva a escucharse en la manigua el grito de ¡Viva Cuba libre!
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |