José Martí , Nueva York
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Era un joven que no había cumplido todavía los treinta años cuando llegó para instalarse en los Estados Unidos, país en el que José Julián Martí vivió, con la ausencia de aquellos meses en Venezuela, durante casi tres lustros, en medio de su continuo batallar por la independencia de Cuba, desde el movimiento que lideró el Mayor general Calixto García, y que Martí secundó, en los años 80 del siglo XIX y que, en nuestra historia se conoce como la segunda guerra, es decir la llamada guerra chiquita.
Durante su prolongada estancia en los Estados Unidos no sólo estableció el diálogo con los emigrados cubanos, tanto en Nueva York como en otras ciudades de aquella nación, sino que también insertado en el contexto social, mantuvo relaciones con los norteamericanos, desde los obreros del tabaco a los de la manufactura, en los circuitos académicos y de la educación, así como conoció y estudió, divulgó entre los hispanoamericanos la obra de sus grandes filósofos como Emerson, y de sus poetas como Walt Whitman.
En 1893, y cuando ya actuaba como Delegado del Partido Revolucionario Cubano, realizaba continuas giras dentro de aquel país, entre los clubes revolucionarios y las comunidades cubanas, así como además desarrolló el intercambio, desde la palabra impresa hasta en sus discursos, con sectores populares norteamericanos a quienes explicó los objetivos de su lucha, el carácter democrático del proyecto de la independencia, en tanto defendía con pasión sus ideales antianexionistas como cuando, y a solicitud del periódico Equator Democrat, ofreció una conferencia en inglés y recibe el apoyo de aquellos trabajadores e intelectuales, que simpatizan con la causa de Cuba y de su pueblo.
También y en aquellos recorridos realizados entre noviembre y diciembre del año 1893, se encontró con miembros de la comunidad hebrea norteamericana, en el club Abarbanel quienes le manifestaron su solidaridad con el ideario de la independencia, y la obra que venía desarrollando el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, en su lucha contra el poderío colonial en la Isla.
Y mientras, entre los trabajadores emigrados de Cayo Hueso que se reunieron para celebrar, por primera vez el Día de la Patria, dedicado a la recaudación de fondos para la organización de la guerra necesaria, y cuando visitaba las manufacturas del tabaco de Pons y Monné, se dirigió en español e inglés a los obreros, criollos emigrados y estadounidenses, para sumar voluntades a la causa de la libertad de la Isla.
Ante un auditorio integrado por cubanos y norteamericanos, en el Marion Opera House, expuso los principios éticos y morales del proyecto revolucionario cubano, y al concluir recibió, del club Henry Reeve, la condición de miembro de honor de esa agrupación que rendía tributo a aquel héroe del pueblo de los Estados Unidos que combatió y cayó durante la guerra de los diez años, precisamente, en la defensa de la independencia de los cubanos.
Martí está en vísperas de cumplir tan sólo 40 años de vida y entre sus objetivos asimismo efectúa, por la vía del diálogo, la divulgación de la causa de Cuba entre los sectores más avanzados de la nación norteña, con quienes ha compartido buena parte de su propia existencia.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |