Desde hace varios días, y en el Centro Hispano-Americano de Cultura, se ha iniciado un ciclo de conferencias, en este año 2009, como tributo a José Martí, que comenzó el doctor Salvador Arias García, investigador del Centro de Estudios Martianos, quien con sus estudios sobre la revista martiana alcanzó hace años su propia categoría científica, y que cuenta con el aval de títulos como Un proyecto martiano esencial: La Edad de Oro y Glosando La Edad de Oro, además de haber coordinado la antología de ensayos, en la que participamos diversos intelectuales, con el título: Acerca de La Edad de Oro.
Estas conferencias, que han sido organizadas por Salvador Arias y el Museo Casa Natal de José Martí, continuarán hasta el mes de octubre del presente año. Y sería bueno que nos preguntáramos por qué destacar esa obra, dentro de la inmensa producción y la papelería del Apóstol.
Y es que nos aproximamos, en 2009, a los 120 años de la edición de La Edad de Oro, en Nueva York, que llegó a cuatro números y que tuvo en Martí no sólo a su editor, diseñador, y escritor integralmente de cada volumen, sino al hombre que le dio aliento y la concibió como empresa de corazón, y no de mero negocio.
Con esas palabras que he subrayado había respondido a un amigo cercano que, preocupado por la obra del Maestro, dentro de la pluralidad de tareas sociales, políticas e intelectuales que entonces realizaba, siendo sólo un hombre de 36, y sin comprender el proyecto ni la voluntad implícita de Martí, no lograba entender cómo aquel genio dedicaba su tiempo a una empresa que muchos calificaban de menor.
No olvidemos que estamos hablando de la segunda mitad del siglo XIX y que la niñez no era protagonista, esencial, de aquellos horizontes de la sociedad, público que lamentablemente, todavía hoy resulta menospreciado por muchos.
Sin embargo, y mientras se dedicaba con empeño a rebatir las corrientes anexionistas y autonomista, a reunir a los cubanos para preparar la obra grande de la independencia, y expandía su verbo por todo el continente, siendo uno de los más leídos periodistas de aquella centuria, al presentársele la oportunidad, no la eludió ni declinó, sino que se entregó a ella con toda su energía, para crear, con aquellos cuatro números, un trabajo modélico sobre la literatura y el periodismo que se ha de producir para el cultivo y desarrollo de la niñez.
Sólo abandonaría La Edad de Oro, cuando el dueño de la empresa, el brasileño Aarón D’Acosta Gomes, trató de imponerle dogmas y tabúes, bajo el pretexto de la religiosidad, a lo que se enfrentó, coherente con su pensamiento de hombre libre, integrador de la naturaleza, la sociedad y la vida, dentro del reino del espíritu y de la existencia, motivado como siempre lo estuvo Martí en formara hombres y mujeres libres, capaces de pensar y de dirigir su existencia.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |