Las comunicaciones no permitían el flujo de la información. No existían más vías que la palabra, y la prensa fue la tribuna adecuada para Martí, como también el diálogo directo, ese que hoy llamamos cara a cara, en el intercambio directo con sus interlocutores.
Desde la adolescencia, en la Cuba colonial, como en la juventud había demostrado su capacidad oratoria, y esta se impulsaría, años más tarde, cuando ya contaba con más de treinta años, ejemplificándose de manera notable en varios momentos de su biografía, vividos por él en el destierro, en los Estados Unidos, cuando hizo de la oratoria, y de su condición de tribuno, un verdadero apostolado.
Así, desde el discurso, Martí realizó su proselitismo entre los emigrados cubanos, extendidos por toda Norteamérica, y llegó más tarde a otras zonas geográficas como las del Caribe y Centroamérica, siendo en esta última, recordemos su estadio en Guatemala, reconocido y apodado por quienes no le quisieron ni entendieron jamás, calificado de “Doctor Torrente”.
Mas, ese dominio de la escena, la voz de barítono que algunos coetáneos suyos recordaban, la vibración de su energía en el púlpito le permitieron construir un ideario y dar vida a un proyecto revolucionario.
Hace 120 años, en 1889 y en Nueva York, pronuncia en el Hardman Hall sus célebres discursos sobre el poeta cubano José María Heredia, al que llegó a calificar en su dimensión de símbolo, y sobre cuya obra y trascendencia creó el concepto martiano de lo “herédico”, síntesis de un ideario independentista que estaba en correspondencia con las fuerzas telúricas de la patria, desde el amor a la libertad y a la justicia.
Días más tarde, en la Sociedad Literaria Hispanoamericana, y ante los delegados latinoamericanos que asistieron al Congreso de Washington, bajo la presidencia del escritor colombiano Santiago Pérez Triana, pronunciaría Martí su discurso Madre América, en el que validó la necesidad histórica de la independencia de Cuba y Puerto Rico como garantes de la independencia de toda la comunidad latinoamericana.
Su auditorio no estaba constituido por modestos emigrados, sino por diplomáticos, funcionarios de alto nivel, intelectuales procedentes de varias naciones de nuestra América, y ante tal público, se permitió el cubano avanzar en el análisis de la historia, de los peligros que venían gestándose, para invitar a los gobiernos del subcontinente a reflexionar sobre la necesidad histórica de contribuir a la independencia común, desde un destino compartido, que nos permitiese defendernos unidos y avanzar por senderos propios de desarrollo y cultura.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |