Cuando se habla de la obra literaria de José Martí se debe reparar que el mayor volumen de su escritura en prosa fue el periodismo, vía que le permitió llegar al público hispanoamericano y crear, dentro del grupo de los modernistas, el género de la crónica, que ha sido reconocida como una importante contribución a las transformaciones lingüísticas y artísticas de nuestro idioma en la segunda mitad del siglo XIX.
Desde la adolescencia, y hace ya 140 años, comenzó el cubano el ejercicio del periodismo, al publicar primer artículo político en el único número de El diablo cojuelo que editaba su amigo Fermín Valdés Domínguez.
Todavía usaría de un sentido del humor criollo que luego desaparece, tras la desgarradora experiencia y madurez del presidio político. Y, días más tarde, el 23 de enero, en medio de los dramáticos que conmovieron la capital de la Colonia, a raíz de los sucesos del Teatro Villanueva, apareció en La Patria Libre, periódico en el cual colaborara su maestro Rafael María Mendive, y en el que la contribución martiana lo será su poema dramático Abdala.
Más tarde, tras de las vivencias del presidio, en su primer destierro a España en 1871, volverá al oficio del periodismo para participar en la defensa de la revolución y la independencia de Cuba contra la campaña de los periódicos españoles, y contará como tribuna La Soberanía Nacional, de Cádiz y La Cuestión Cubana, de Sevilla.
Al regresar a América para reunirse con su familia, y con sólo 22 años, despliega José Martí una gran actividad intelectual y periodística en México, y comienza a trabajar como editor y redactor en la Revista Universal, de José Vicente Villada, en el que asumirá los Boletines parlamentarios, para sostener una fuerte polémica con el diario La Colonia Española, en defensa de la independencia de Cuba.
También, colaborará en otras publicaciones mexicanas durante este período, como El Socialista, órgano del Gran Círculo Obrero de México, y en El Federalista, así como aparecerán textos poéticos suyos en El Eco de Ambos Mundos.
En Guatemala realiza poco periodismo, en las páginas del diario El Progreso, y sí mucha docencia y oratoria, aunque sí intenta y no lo logra, publicar la Revista Guatemalteca.
Al regresar a Cuba, tras el Zanjón, encontrará el espacio de la oratoria en los Liceos de Regla y Guanabacoa, y publicará un artículo suyo, con el seudónimo X, en El Progreso, así como aparecerá en el manchón de los colaboradores de la revista La Niñez, dirigida por Fernando Urzáis, en agosto de 1879.
Durante su primer estadio en los Estados Unidos, y mientras, se integra al Comité Revolucionario en el contexto de la Guerra Chiquita, que lidera el Mayor general Calixto García, saldrán igualmente, sus primeras colaboraciones, como crítico de arte, en periódicos norteamericanos como The Hour y The Sun.
En tanto, en Venezuela publicará en el periódico La Opinión Nacional, y logra publicar dos números de su Revista Venezolana, clave ideológica y estética de su periodismo y de su literatura, cuyo editorial El carácter de la Revista Venezolana, ha sido considerado como el virtual manifiesto del Modernismo. Al abandonar la tierra bolivariana, y como corresponsal, continuará publicando en La Opinión Nacional, desde Norteamérica.
Pero, el gran periodismo martiano se realizará en Nueva York, donde escribe sus célebres crónicas, las que hoy conocemos como las Escenas Norteamericanas, editadas originalmente, en los años 80 y 90 (desde 1882 a 1891) en La Nación, de Buenos Aires y que fueron reproducidas en más de una docena de diarios del continente, asimismo colaborará en otros diarios de la emigración cubana hasta que funda, como órgano oficioso del Partido Revolucionario Cubano y dirige el periódico Patria.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |