Aquel año que vive José Martí en Cuba, luego de haber regresado, tras la firma del Pacto del Zanjón, tiene un calificativo: la lucha y la conspiración, cuando se suma, como otros patriotas, a las células clandestinas desde la cuales se pretende articular una nueva insurrección. Quien regresa no lo hace para sumarse en la derrota ni tampoco para someterse a las autoridades coloniales. Tiene el mismo ímpetu de cuando estudiaba en el colegio San Pablo, con Mendive, alimentado por la cárcel y el destierro.
Por eso, en la finca de su amigo, y antiguo compañero de destierro en España, Carlos Sauvalle, realiza prácticas de tiro, preparándose para, en esta oportunidad, sí combatir en la manigua por la independencia y realizar el sueño que no pudo materializar en su adolescencia, integrarse a las tropas mambisas como un soldado más.
Y en los clubes revolucionarios, con el seudónimo de Anahuac, el mismo que usó en su condición de masón, es uno de los más reconocidos y prestigiosos conspiradores, pronto sometido a vigilancia por el régimen hispano, que ha logrado penetrar las células revolucionarias y logra desarticularlas en la capital de la colonia, obligando tempranamente al alzamiento de los complotados en el Oriente, con el inicio de la llamada Guerra Chiquita.
Así, el 17 de septiembre de 1879, hace ya 130 años, cuando sólo contaba con 26 años, vuelve a ser detenido el joven José Martí, mientras almuerza con su amigo Juan Gualberto Gómez y con su esposa Carmen, y con su arresto, acusado de actividades subversivas, comienza su segundo destierro, el 25 de septiembre de ese mismo año, en que parte hacia España, de donde escapará para sumarse, meses más tarde, y en Nueva York, al movimiento encabezado por el Mayor general Calixto García Iñiguez.
Ciertamente, ni en la primera guerra ni en la segunda podrá sumarse Martí a las fuerzas del Ejército Libertador, aunque y con mirada más amplia, podríamos apreciar sus vínculos con ambas contiendas, desde la posición de estudiante rebelde, y de activo miembro de los Laborantes habaneros, durante la Guerra de los Diez Años, así como en su condición de preso político, desterrado a la península tras sufrir trabajos forzados en las canteras de San Lázaro, en plena adolescencia, y más tarde, en la Guerra Chiquita, primero en la Isla, dentro del movimiento clandestino que la preparaba, y después, entre los que la continuaron dirigiendo, y organizando, desde la emigración, en los Estados Unidos, en 1880.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |