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  Otras lenguas y otras culturas    
  Por Mercedes Santos Moray*
  rmusical@cmbf.icrt.cu
 

 

Ramona, de la norteamericana Helen Hunt Jackson
Ramona, de Helen Hunt Jackson

También, desde la infancia y en su modesto hogar, se produciría el diálogo de José Martí con otras lenguas y otras culturas, siendo desde entonces el idioma inglés el primer sendero que transitó, y que continúo recorriendo en la adolescencia y la juventud, tanto en Cuba como durante su destierro en España, y en sus estadios en América Latina para alcanzar mayor profundidad al poder vivir y por espacio de casi quince años en un país anglófono como los Estados Unidos.

De ahí que, dentro de los numerosos oficios que emprendió en su vida de sólo 42 años estuviera igualmente, y como medio de vida, el ejercicio de la traducción, que no únicamente fue de aquella lengua, sino que evidenció su conocimiento del francés, de lo cual queda testimonio por sus traducciones realizadas y publicadas, como por ejemplo la de Mes fils, de Víctor Hugo, durante su trabajo en el periodismo mexicano, cuando llegó del destierro para reunirse con su familia en tierra azteca, siendo un joven de apenas 22 años.

Y su conocimiento de esta lengua latina se expresaría, más tarde, en sus críticas de arte, las primeras que aparecieron en los Estados Unidos en los 80, y que fueron escritas no en inglés, sino en francés, además de la particular presencia de la cultura gala en toda la obra del Apóstol, como en la de otros destacados intelectuales hispanoamericanos de aquella centuria, en justa relación con la importancia y significación universales de esa cultura dentro del espíritu y la sociedad latinoamericanas decimonónicas.

Asimismo se afirma, y con justicia, especialmente en los últimos años, que corresponde al cubano José Martí haber sido, en el siglo XIX, como lo destacó Manuel Tellechea, "el hispano que más ha contribuido a la herencia literaria de los Estados Unidos." Y esto del mismo modo puede constatarse en la mención de numerosos autores, pintores, intelectuales norteamericanos en su papelería, amén de haber traducido, al español, y de haberla introducido para el lector hispanohablante, la obra de muchos de aquellos escritores.

Su formación académica, en la que se evidenció la huella de la escuela cubana, germen de la nacionalidad, a pesar de manifestarse en medio de las contradicciones de una sociedad colonial, contó con sólidos principios humanísticos, en los que se manifestó y gracias a los vínculos de Mendive con el método de Varela y de Luz y Caballero, sus maestros, los rasgos de una educación liberadora.

Con el conocimiento de las lenguas antiguas, como el latín y el griego clásico, y el estudio de las modernas como el francés y el inglés, y esa vocación suya, cuya huella queda en sus cuadernos de apuntes, por aproximarse a otros idiomas, pudo Martí actualizarse su información y ampliar su cultura, en un proceso constante de crecimiento que le permitiría afirmar: Patria es Humanidad.

Sin que olvidemos que, primero que todo, Martí conocía, en sus raíces y toda su riqueza, el idioma castellano, desde su propia cultura, con particular disfrute de los clásicos de la lengua y de los grandes escritores de los Siglos de Oro, experiencia que su propia biografía personal le permitió asumir con mayor hondura durante el período de su destierro en la propia península, en la que culminaría sus estudios y se graduara, hace ya 130 años, de licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras.

Era todavía un adolescente que salía de la pubertad cuando intentó, en La Habana, traducir el Hamlet de William Shakespeare y realizó su primera traducción de un poema del inglés Lord Byron. Después, realizaría otros acercamientos al mundo complejísimo de la traducción, y en 1875, recién llegado a México, publicaba su primer trabajo como traductor con la obra de Víctor Hugo.

En su destierro neoyorquino realizó de igual forma, numerosas traducciones por encargo, y alguna que no fueron de su agrado, por la aridez del texto sobre el que trabajaba, para la casa Appleton, tarea que le permitió costear el viaje y la presencia de su padre, don Mariano junto a su mujer, Carmen y su pequeño José Francisco en los años 80.

Como intentó, sin fortuna, asumir él mismo una empresa que permitiera la traducción de notables obras del inglés al español para el público latinoamericano. Así realizó y costeó la edición de su traducción de la novela Ramona, de la norteamericana Helen Hunt Jackson, la misma autora que él versionó en su poema Dos príncipes, traducción que apareció en su revista La edad de oro, a fines de los años 80, es decir, hace ya 120 años.

Así, se aproximó a grandes de las letras y de la cultura norteamericanos como Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson, Henry Wadsworth Longfellow, Walt Whitman, a quienes rindió tributo en sus crónicas periodísticas, gracias a las cuales se introdujeron en el panorama cultural hispanoamericano del siglo XIX.


* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí.

 

 
 
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