María del Carmen
Zayas-Bazán
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Único varón, rodeado de siete hermanas, amoroso toda la vida de su madre, la recia doña Leonor con la que mantuvo, desde la niñez, una intensa relación no exenta de contradicciones y críticas, pues el amor materno no siempre comprendía el sacrificio de su hijo…así Martí cultivó, entre sus valores, el respeto, la admiración, la cortesía hacia la mujer, fuente también de sus propias pasiones de hombre.
Mucho amó, desde su adolescencia hasta la madurez de sus 42 años aquel cubano que atrapaba con su palabra al auditorio y que sabía muy bien a la emotividad femenina…en España como antes en la Cuba de su infancia y su adolescencia, vivió sus primeros amores…
Luego, y en México, varias féminas, cubanas y mexicanas lo estremecieron, se convirtieron en musa de su poesía, y finalmente una compatriota suya, hija del patriciado camagüeyano fue su novia y después su esposa, para convertirse en la madre de su único hijo, José Francisco, relación tormentosa y difícil, de fuertes caracteres humanos e ideas y objetivos los que expresaron la pareja que se formó por José Martí y María del Carmen Zayas-Bazán.
Como en otras tierras de América, desde el romance que es parte de la propia leyenda de su existencia, está esa suerte de “donna angelicatta” que fue María García Granados, a la que él llamó la niña de Guatemala, y en el exilio además, el báculo de otros afectos personales, el apoyo valiosísimo de la santiaguera Carmen Miyares.
Del ideal de mujer, de marcado acento romántico en la niñez, la adolescencia y la juventud, como se manifiesta en sus versos, novela, apuntes y cuadernos testimoniales y en su epistolario va transformándose el Apóstol, ante las realidades diversas y complejas que la propia vida le presenta, con especial fuerza en el contexto anglosajón de la modernidad que se construye, en su época, en los Estados Unidos, luego de la guerra civil.
El surgimiento de la mujer como productora, como trabajadora asalariada…de la mujer que accede a los estudios universitarios y no sólo llega a las profesiones liberales, sino que se adueña del conocimiento científico, el sentido de independencia y autoestima que alienta tras la necesidad económica, conmueven su código ante la mujer.
De ahí que cuando parta, hacia el Caribe para asumir, en Cuba su destino al frente del mambisado en la guerra necesaria, como Delegado del Partido Revolucionario Cubano e, igualmente, como Mayor general del Ejército Libertador, tras su nombramiento y reconocimiento con tales grados militares por acuerdo del consejo de jefes que presidió el Generalísimo Máximo Gómez en la manigua, tras el desembarco, en Martí haya otra mirada, una perspectiva distinta, la que lo lleva a aconsejar a su ahijada, María Mantilla, la hija de Carmen Miyares, y a la hermana de esta, la adolescente Carmita, todo un plan de estudio y de posibilidades de trabajo que les permitan a ambas jovencitas poder no sólo sustentarse a sí mismas y a sus familias, sino poder, en plano de equidad, dialogar con el hombre que será su compañero y al que ellas podrán escoger, libre de imposiciones y de intereses más allá de los sentimientos.
Es siempre el Martí que escribió, en uno de sus Versos Sencillos:
¡De mujer; Pues puede ser
Que mueras de su mordida;
Pero no empañes tu vida
Diciendo mal de mujer!
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |