José Martí y Fermín
Valdés Domínguez
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En 1853 nacieron, en la ciudad de La Habana, dos amigos que compartirían las aulas y también los mismos ideales: José Julián Martí y Fermín Valdés Domínguez.
El primero no sobreviviría a la guerra que él mismo había encabezado y organizado, el segundo y ya en los aciagos años de la primera década republicana, haría la defensa de sus compañeros de armas, la mambisada heroica, al tiempo que se adhería a los ideales del socialismo y sería un constante promotor del ideario de Martí, sobre el que escribiría páginas apasionadas, con algunos momentos que algunos estudiosos todavía debaten, dado el carácter del propio autor, muchas veces desmesurado. Este hombre, el hermano espiritual del Apóstol, Fermín concluyó la guerra de 1895 con los grados de coronel y estuvo muy cerca de los grandes héroes, como Máximo Gómez y Antonio Maceo.
Pepe y Fermín se conocieron en la escuela criolla de don Rafael Sixto Casado y, después, volvieron a encontrarse como condiscípulos, en las aulas del San Pablo, con el poeta don Rafael María de Mendive como su mentor espiritual, asumiendo desde la infancia, la pubertad y la adolescencia compartidas, las ideas de la patria y de la libertad, el independentismo más consecuente y raigal.
Fermín fundaría el periódico El diablo cojuelo, de vida efímera en el que Pepe publicaría sus primeros textos, signados estos por un profundo pensamiento radical, bajo el grito definitorio de O Yara o Madrid, y después, vivirían las mismas experiencias, la represión instaurada tras los sucesos del Teatro Villanueva, que condujeron a la cárcel y destierro de Mendive y, posteriormente, a la oleada reaccionaria que lideraron los Voluntarios.
Detenidos en su hogar por una escuadra de esa fuerza paramilitar de la colonia, tanto Fermín como su hermano Eusebio y otros amigos, y días más tarde el propio José Julián, se verían implicados en la acusación de “infidencia” por la carta dirigida a un excompañero de estudios, el entonces cadete al servicio del régimen hispano, Carlos de Castro.
Mientras Eusebio fue condenado al destierro, Fermín a seis meses de prisión, José iría a cumplir seis de trabajos forzados en las canteras de San Lázaro, de las que saldrían, más tarde y por gestión y oficios de sus padres, hacia el destierro en la península; en tanto, su amigo comenzaba sus estudios de Medicina en La Habana.
Sólo que meses más tarde, en 1871, volvería Fermín a la cárcel, y estaría entre los jóvenes víctimas de la calumnia de haber profanado la tumba del periodista español, y acérrimo enemigo de la independencia de Cuba, Gonzalo Castañón. Y, aunque en aquel infame proceso judicial no estuvo Valdés Domínguez entre los ocho jóvenes fusilados, los que conocemos como “los estudiantes de Medicina del 27 de noviembre”, sí fue condenado a seis años de cárcel, mas, gracias a gestiones de su familia, en 1872 viajaría también al destierro en la península, donde volvió a encontrarse con Pepe Martí.
Pobre y sin recursos, enfermo y necesitado de una urgente operación que no sería la única, aunque sí la primera, José Martí encuentra en Fermín como en otro cubano desterrado, Carlos Lavalle, el apoyo espiritual y económico.
Entre amores, estudios y revoluciones, como la que instaura en España a la primera república, ambos jóvenes, Pepe y Fermín, continúan sus estudios, para el primero graduarse de abogado y en Filosofía y Letras, así como concluiría sus estudios preuniversitarios; el segundo, Fermín realizaba sus estudios de Medicina y su hermano Eusebio los de Derecho, en Madrid y Zaragoza.
Finalmente, y a fines de 1874, junto a Martí, estará Fermín en París, y al despedirse de José Julián, quien enrumba hacia México para reunirse con sus padres y hermanas, Fermín retorna a España para graduarse de médico.
Los dos amigos se reencontrarán, en La Habana que los vio nacer, tras el Pacto del Zanjón, y ambos volverán a luchar, desde el movimiento revolucionario y en medio de la conspiración, para volver a encender la llama de la insurrección. Tras su detención y segunda deportación, partiría José Julián hacia España y Fermín, en el ejercicio de su carrera, se traslada a Baracoa y además realiza estudios e investigaciones sobre la flora y la fauna de la región, la historia de sus aborígenes y contribuye a la salud de los humildes pobladores.
Ya, en la década de los 90, y luego de la fundación del Partido Revolucionario Cubano por José Martí, primero desde la Isla, como su delegado en Baracoa, y luego en otros países como Venezuela y los Estados Unidos, se suma Fermín a la nueva batalla que ahora dirige su hermano del alma.
En los Estados Unidos se reencuentran los dos, por última vez, y por orientaciones martianas se establece en la Florida, en medio de la emigración cubana, y en Cayo Hueso, para contribuir, en medio de aquella comunidad de patrióticos tabaqueros, a organizar las bases, el apoyo logístico del movimiento, de la guerra necesaria, mientras ejerce como médico.
Tras la muerte de Martí, en Dos Ríos, Fermín Valdés Domínguez decide ir a la manigua y es uno de los miembros de la expedición que comanda el general de origen polaco Carlos Roloff y recibe las órdenes de organizar la Sanidad Militar en Las Villas y asiste como delegado del Camagüey en la Asamblea de Jimaguayú.
Durante los tres años de la guerra desempeña diversas responsabilidades como la de Subsecretario de Relaciones Exteriores y como ayudante del Generalísimo Máximo Gómez, así como en el campo de batalla participa en combates como el de Mal Tiempo, encabezado por el Mayor general Antonio Maceo.
Y escribe incansablemente, tanto en la prensa mambisa, como en sus propias memorias, en más de mil seiscientas páginas de lo que llamó su “Diario de soldado”, parcialmente editados, (y siempre polémico por las afirmaciones y valoraciones que expone su autor sobre sucesos y personajes de la guerra), cuyos cuatro volúmenes fueron posible rescatar gracias a la devoción del desaparecido investigador, nacido en Baracoa, nuestro amigo y maestro Hiram Dupotey Fideaux.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |