En la casa del poeta cubano Francisco Chacón, en una de esas tertulias entre amigos y familiares, leería José Martí por primera vez, hace 120 años, los poemas que aparecieron reunidos, posteriormente, en 1891, y en edición costeada por su autor, con el título de Versos sencillos, que él dedicó a dos entrañables amigos latinoamericanos, el mexicano Manuel Mercado y el uruguayo (a quien varias veces sustituyó en Nueva York como cónsul de la nación sudamericana), Enrique Estrázulas.
Al publicarse el breve poemario, que utiliza estrofas del más puro acento popular hispano, confesaba Martí, en una nota a manera de prólogo o presentación del poemario, cómo habían surgido aquellos versos: Mis amigos saben cómo se me salieron estos versos del corazón. Fue aquel invierno de angustia, en que por ignorancia, o por fe fanática, o por miedo, o por cortesía, se reunieron en Washington, bajo el águila temible, los pueblos hispanoamericanos. ¿Cuál de nosotros ha olvidado aquel escudo, el escudo en que el águila de Monterrey y Chapultepec, el águila de López y de Walter, apretaba en sus garras los pabellones todos de la América? Y la agonía en que viví, hasta que pude confirmar la cautela y el brío de nuestros pueblos; y el horror y vergüenza en que me tuvo el temor legítimo de que pudiéramos los cubanos, con manos parricidas, ayudar el plan insensato de apartar a Cuba, para bien único de un nuevo amo disimulado, de la patria que la reclama y en ella se completa, de la patria hispanoamericana, --me quitaron las fuerzas mermadas por dolores injustos. Me echó el médico al monte: corrían arroyos, y se cerraban las nubes: escribí versos.
Así y en uno de sus poemarios esenciales, establecía el Apóstol las líneas que integran, en su existencia, la obra y la vida, y cómo la poesía que se manifestaba era la expresión de una angustia que trascendía lo personal, para asumir el latido de todo un pueblo, cuando relacionaba el orígenes de esos poemas puros, síntesis de su poética, al decir de Fina García Marruz, con aquellos meses aciagos en los que siguió el desarrollo de la Conferencia Internacional Americana que reunió, en Washington a los pueblos de América para intentar someterlos a la nueva coyunda de lo que, en política, se conocería en el siglo XX como neocolonialismo, bajo el signo conceptual del “panamericanismo”, tan ajeno en sustancia al ideario bolivariano y martiano.
La patria, el amor, la familia, los padres y las hermanas, la amistad, y el sendero de su propia ruta personal se reúnen en los Versos sencillos, cuya poética él mismo definió en su prólogo: …porque amo la sencillez, y creo en la necesidad de poner el sentimiento en formas llanas y sinceras.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |