En la pluralidad de sus actividades, desplegadas durante la brevedad de su vida que no superó los 42 años, José Martí también desarrolló una intensa labor como diplomático, y eso se subraya cuando vemos que, dentro de su currículo, aquel poeta y periodista fue además diplomático, al representar, ante el gobierno de los Estados Unidos, y en calidad de cónsul, a tres repúblicas sudamericanas.
Precisamente, y hace 120 años, sería nombrado por los presidentes de las repúblicas de la Argentina y del Paraguay como cónsul de ambas naciones en Nueva York, responsabilidades que asumiría, como igualmente, la de representar al Uruguay, tarea esta que se suele mencionar más ya que fue delegado de la República Oriental, en aquella histórica Comisión Monetaria Internacional Americana, a pesar de las maniobras dilatorias del entonces secretario de Estado y aspirante eterno a ser nominado a la presidencia de los Estados Unidos, por el Partido Republicano, James G. Blaine.
Desde esta esfera, su talento y cultura, así como la dimensión alcanzada por aquel cubano, que entonces sólo tenía 37 años de edad, pero cuya voz ya había alcanzado, gracias a la prensa hispanoamericana, resonancia continental, asimismo José Martí hizo su contribución al proyecto unitario, alimentado en los ideales de Bolívar y San Martin.
Incluso, esta responsabilidad diplomática, su propio ejercicio y relaciones, amplió la mirada y la perspectiva martianas, y enriqueció su ideario, porque Martí, durante aquellos tres lustros de su destierro en Norteamérica, sobre la base de su natural talento y eterna voluntad de conocimiento, fue madurando, alcanzando una dimensión mayor que otros patricios no sólo en el ámbito del proceso revolucionario cubano, en el contexto del independentismo, sino dentro del panorama intelectual e ideológico del siglo XIX a escala de toda nuestra América.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |