Desde la cultura, también José Martí pensó y se proyectó, en la trascendencia y vigencia de su legado, sobre el ámbito de la cultura, como lo sintetizan sus reflexiones en el artículo (verdadero ensayo programático), que tituló Nuestra América, y que es un necesario referente en este siglo XXI.
El diálogo con la vida, y la asimilación crítica de lo más avanzado del pensamiento universal, se integran en el ideario de Martí, como resultado, en la década de los años 90 del siglo XIX, de un proceso que se inició en los días del presidio y que fue fecundado, además, por la experiencia de un prolongado destierro en Europa, América Latina y los Estados Unidos.
El pensamiento martiano trató y reflexionó asimismo, sobre los problemas esenciales del continente, tanto desde la política y la filosofía, como en la cultura, campo este que fue su escenario natural y sobre el que se manifestó, conscientemente, como un teórico que fue legítima expresión del humanismo.
Desde la eticidad, como núcleo moral del entramado ideoestético martiano, se proyecta la visión de un hombre que, cuando se prepara a organizar la guerra que él calificó como “necesaria”, para alcanzar la independencia de Cuba, en el tránsito entre el XIX y el XX, y que expone su tesis del equilibrio del mundo, en la llave del Golfo, expresión no sólo geopolítica, sino cultural y social, como se ha manifestado, durante más de una centuria, y hasta nuestra época, en el contexto de América, desde esa sustancia moral se presenta la cultura, avalada por el espíritu de inclusión de los pueblos originarios y de los humildes, de los hombres y las mujeres de todas las razas que habitan en estas tierras mestizas.
El desarrollo como perspectiva y necesidad de las sociedades y las naciones, los aportes de la ciencia y de la tecnología, el conocimiento y la educación, desde la primaria sustancia de la instrucción adecuada a las realidades históricas de las naciones, el intercambio solidario y no la imposición de una desigualdad que, la historia lo testimonia, condujo al subdesarrollo, la presencia de la voracidad del país que él calificó como la nueva Roma americana, los peligros de una cultura que no responda a los pueblos y únicamente satisfagan las apetencias de las élites…todos estos elementos conceptuales se sintetizan en ese ideario nuestro americano, el que nació en México y Guatemala, y luego encontró la base programática del Manifiesto de Montecristi, avalado por Martí junto al Generalísimo Máximo Gómez, unas semanas antes de partir, ambos, hacia la guerra en la manigua cubana.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí. |