Cienfuegos es una ciudad marina, al sur de Cuba, reverenciada por muchas razones. Llamada La Perla de Cuba, por sus bellísimas riquezas naturales.
Playas, arenas, islotes, palacios, malecón, historia. Cienfuegos es eso y mucho más, porque también tiene el mérito de poseer el Jardín Botánico más antiguo del país.
Fundado en 1901, es el más importante de la Isla, no sólo por su antigüedad, sino además, posee valiosas colecciones de plantas, únicas de su tipo en América y otras regiones del Planeta. A ello se une su alto rigor investigativo en aras de continuar mejorando la calidad de las especies, para su uso nacional e internacional.
Declarado Monumento Nacional el 20 de octubre de 1989, al Jardín, a unos quince kilómetros de la capital cienfueguera, se accede por la carretera que conduce a Trinidad, una de las primeras villas fundadas en la Isla antillana por los colonizadores españoles.
Su entrada ocurre por la bautizada por el pueblo Avenida de las Palmas, a través de una extensa fila de palmas reales cubanas, uno de los símbolos de la nación cubana.
El Jardín Botánico de Cienfuegos fue fundado por el empresario estadounidense Edwin F. Atkins, quien adquirió a fines del siglo XIX la fábrica de azúcar llamada Soledad del muerto.
Las intenciones de Atkins, quien radicaba en aquellas tierras, era crear un centro de investigaciones botánicas que le permitieran mejorar las variedades de caña de azúcar en sus posesiones y obtener otras aún más productivas.
En 1901, bajo su patrocinio, se constituye el jardín botánico con el nombre de Harvard Botanical Station for Tropical Reserarch and Sugar Cane Investigation (Estación Botánica de Harvard para la Investigación Tropical y de la caña de azúcar). Poseía entonces, una extensión de 4,5 hectáreas, y sus especialistas procedían de los Estados Unidos.
Veinte años después, árboles, arbustos y especimenes traídas a Cuba desde diversos países poblaron el lugar. En 1919, el propietario azucarero traspasó la dirección del jardín a la Universidad de Harvard, institución que abandonó Cuba en 1960.
A partir de aquel momento, la importante instalación botánica integra el Ministerio de la Industria y de la Universidad Marta Abreu, de la antigua provincia de Las Villas. En la actualidad es una institución del Ministerio de Ciencias, Tecnología y Medio Ambiente de Cienfuegos.
El jardín consta en la actualidad de 97 hectáreas, siete de ellas de bosque natural preservado, en tanto, alberga más de mil 417 especies y de ellas unas 500 son ejemplares únicos, representados en plantas de unos 670 géneros de 125 familias, arbóreas en su mayoría. Según sus especialistas, el 70 por ciento de los ejemplares de la institución botánica es de especies foráneas, procedentes de Asia, África, Oceanía y América.
En el conjunto de sus variedades casi todas únicas, aparecen la colección de orquídeas, con más de 400 especies; la de bambúes, 23, palmas, 280. La pluralidad de las palmas cuenta con especies muy raras, como “la salchicha”, “pata de elefante”, “árbol que camina”, “trampa de mono”, nombres dadas por los visitantes antes las diferentes formas que adopta la planta. Esa extraordinaria colección de palmas – de África tropical hay una que florece cada 25 años – es considerada una de las diez más completas e importantes de América y el mundo.
Asimismo, en el lugar hay una colección de jagüeyes, con 65 especies; plantas medicinales, frutales y cactáceas. En sus tierras crecen la rosa de Brasil, la Ceiba de Colombia, el laurel de La India, cactus de Perú y México, entre otras especies.
La siembra en cuadrículas ha permitido al Jardín Botánico cienfueguero sobrevivir a las inclemencias del clima tropical cubano. Numerosos fenómenos naturales han afectado su amplia gama de plantas. En 1903 sobrevivió a una helada, algo atípico en el clima nacional, mientras que en 1911, 1935, 1996 y 2001 fuertes huracanes dejaron sus huellas en las plantaciones, pero todas fueron recuperadas.
El pasado año, más de 20 mil cubanos y turistas extranjeros visitaron el Jardín Botánico en busca de esa joya del verdor nacional, cuya fama y experiencia científico dado el rigor en el manejo de las plantas rebasa las fronteras nacionales. Sus actuales investigaciones contribuyen a la expansión de diferentes sectores económicos.
La ciencia puesta en función del beneficio humano, tanto como un arte de la naturaleza como por lo valioso de sus familias botánica, encuentra en Cienfuegos un símbolo del amor de un colectivo técnico y de una población que trata de perpetuar su bellísima instalación, la más antigua e importante del país.
Foto http://www.trabajadores.cu/
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