Playa María La Gorda
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Existe en el sureste de la Península de Guanahacabibes, a unos 300 kilómetros de la capital cubana, una playa natural considerada de las más hermosas de la Isla, cuyos mares y arenas esconden las leyendas que le dieron su nombre: María La Gorda.
El paraje, rodeado de áreas boscosas, posee los mejores fondos marinos de Cuba y uno de los del Caribe, por lo cual es visitado por turistas foráneos, deseosos de bucear entre los arrecifes coralinos, las reservas de coral negro – las mayores del Archipiélago, observadas a unos catorce metros de profundidad – gorgóneas y abanicos, y una maravillosa fauna marina.
En la playa de unos ocho kilómetros de extensión, vinculada a piratas que tejieron sus historias en El Caribe, funciona ahora un Centro Internacional de Buceo (con 19 puntos de inmersión), una marina y 55 confortables cabañas, entre otros atractivos, en tanto se ofrecen cursos impartidos por instructores con categoría internacional para quienes desconocen la emoción de la inmersión a profundidad.
Pero, siempre queda la duda y la curiosidad de los visitantes por conocer de donde la playa adquirió su femenino nombre, con el adjetivo de gorda.
Lo cierto es que en la Península de Guanacabibes, en la occidental provincia de Pinar del Río, declarada Biosfera en 1987, radicaron numerosos campamentos utilizados por los bandidos marinos que saqueaban las costas cubanas.
Cuenta la leyenda que hubo una pirata llamada María Cruz, de origen venezolano o hondureño, que vivió en el siglo XIX (alrededor de 1820), y visitaba de manera regular la peninsular zona, según indica el historiador pinareño Gerardo Ortega.
Pero, hay otra versión. Se dice que una joven indígena de una de esos dos países, llamada María, fue raptada por los piratas y obligada a quedarse en Guanahacabibes junto a otras secuestradas para complacer sexualmente a los bandidos cuando regresaban de sus fechorías.
María, con el transcurso de los años, se integró en una de las bandas de ladrones que merodeaban las costas cubanas.
Otras explicaciones cuentan que era la propietaria de un pequeño comercio para filibusteros, mientras otras, dicen que dirigía un burdel situado junto a la playa.
Desde 1880 aquel sitio privilegiado por la naturaleza comenzó a ser llamado María La Gorda, en recuerdo a aquella mujer, vinculada a la historia del lugar, pero cuya real existencia ni siquiera ha sido comprobada.
Quizás en algún navío hundido en los mares próximos a la playa se encuentre la verdadera historia de vida de esta mujer ¿pirata?, ¿victima?, ¿prostituida? del siglo XIX cubano cuyo patronímico recorre el planeta.
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