Granjita Siboney
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Desde la carretera, una vivienda discreta parece ser una más de las muchas existentes en los alrededores de la oriental ciudad de Santiago de Cuba. Esta, rodeada de vegetación, es, empero, uno de los símbolos de la lucha por la liberación nacional de Cuba.
Se trata de la granjita Siboney, estrechamente vinculada a los ataques militares al cuartel Moncada, de Santiago, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, con los que comenzó el 26 de julio de 1953, la última y definitiva etapa de la guerra por la libertad.
La granja perteneció al comerciante José Vázquez, quien la utilizaba como casa de verano, para alejarse de las tórridas temperaturas de la capital de la antigua provincia de Oriente.
Pero, estaba muy lejos de imaginarse Vázquez que aquel lugar, situado en el kilómetro 13 ½ de la carretera que conduce al poblado de Siboney, con su pozo, sus terrenos y hasta sus plantas originalmente por el sembradas, se convertirían, en el curso de los años, en el lugar alquilado por los revolucionarios que atacaron los puestos militares de la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959), la noche de la Santa Ana, cuando el pueblo se divertía en los tradicionales Carnavales de la urbe.
En el inmueble se reunieron y pernoctaron los 135 combatientes dirigidos por el joven abogado Fidel Castro Ruz, quienes llegaron a Santiago de Cuba procedentes de varias provincias de la Isla. Cuando se encontraron de nuevo en la granja, luego del revés militar sufrido en los ataques, llegaron 19 hombres, entre ellos Fidel, quien desde este sitio trataría, de manera inútil, llegar hasta las montañas que circundan la localidad.
En los salones de aquella casa, hasta ahora pintada de blanca y rojo como era originalmente, se redactó y se leyó el manifiesto revolucionario por el poeta y revolucionario Raúl Gómez García, se distribuyeron las armas, se pasó la noche en vela esperando la madrugada del ataque. Entre los combatientes, estaban dos mujeres, Melba Hernández, y Haydeé Santamaría, ya fallecida.
Pasaron los años, triunfó la Revolución, y el 23 de julio de 1965 fue fundado en la otrora Villa Blanca, que así es como Vázquez llamaba a su propiedad, el Museo Granjita Siboney, que atesora la historia de lo que ocurrió en las horas previas a los ataques militares, armas usadas en las acciones, mobiliarios, vestuario y documentos de los revolucionarios.
Son siete salas de exposiciones, que constituyen un tesoro de la historia patria, mientras que en su área exterior se conservan réplicas de las polleras (se supone que los revolucionarios habían alquilado la granja para criar aves), donde ocultaron los automóviles utilizados en los ataques, el pozo seco y la tina original en la que ocultaron parte de las armas usadas en las acciones.
La granja Siboney, construida en 1944, jugó un papel fundamental en los planes de los revolucionarios cubanos. Tres meses antes de los ataques militares fue alquilada por el santiaguero Ernesto Tizol para dar cobertura a los planes de Fidel y sus compañeros. Los paquetes de supuestos alimentos para las aves contenían armamento, las luces de los gallineros servían de guía a los que llegaban por primera vez a Santiago de Cuba.
Granja Siboney, campamento general de los atacantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes recibió el título de Monumento Nacional. Histórico sitio que identifica a la siempre heroica ciudad de Santiago de Cuba.
Dos pinos, y varias plantas de olorosos jazmines dan la bienvenida al viajero. Jazmines con perfumes que acompañaron lo que para muchos revolucionarios, fueron sus últimas horas en esta vida, pues la mayoría cayó en combate o fueron posteriormente asesinados por los sicarios de Batista.
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