Un filme es más o menos complejo según la historia que cuente el guión y el tratamiento dado a éste, pero en sí, lo realmente difícil es entender la representación de la esencia humana con su carga de matices. Las acciones pueden ser o no justificables, pero comprender la confusión que provoca su desenlace es, muchas veces un laberinto inexplicable.
De eso, entre otras cosas, trata Camino al Edén, el más reciente trabajo de ficción y séptimo en la filmografía, del destacado realizador Daniel Díaz Torres. También se puede apreciar que, sin muchas pretensiones, el director trata otros temas, hasta no vistos en el cine cubano como un acercamiento al contenido de la desmitificación de una supuesta heroína (Leonor) y de los hechos que a finales de 1896 tuvieron lugar con el famoso Bando de Concentración que dictara el 21 de octubre de ese año, el militar y político español Valeriano Weyler, pasaje que la ficción de la cinematografía nacional no ha afrontado en ninguna dimensión.
Contar una historia desde esta posición, es tarea ardua. El arquetipo de la heroína, esta creado por la fábula, quien la ha transformado en mito como consecuencia de sus acciones en un campamento de heridos de finales del siglo XIX, aspecto que desde las primeras secuencias se explica, cuando vemos erigida su figura, como símbolo de patriotismo y dedicación. ¿Quién era este ser humano? ¿Quién era realmente? ¿Cómo y por qué trasciende? Quizás, en la segunda parte de este filme, su director pueda decirnos más.
Para el filósofo Mircea Eliades, el símbolo y el mito representan un complejo sistema de afirmaciones coherentes sobre la realidad última de las cosas…, para el autor, los objetos del mundo exterior como los actos humanos cobran un valor y llegan a ser reales, porque participan en una realidad que los trasciende.
Para Daniel Díaz Torres, comprender la mentalidad de esta mujer, y su articulación gradual en la vida y momento de la época, es un proceso, que en cierto modo, no difiere de la historia del espíritu humano.
Otros logros acompañan el filme como la fotografía, la dirección artística, la edición, y la ambientación, así como las mejores luces en las actuaciones de Limara Meneses, Fernando Hechavarría, Mario Guerra y la indispensable Assenneh Rodríguez. Todo esto, más el binomio de Arturo Arango y Daniel, hacen del filme, una película diferente, sobre todo en el tratamiento del tema de la complejidad humana a través del tiempo y el espacio.