Juan José Jusid (Buenos Aires, 1941), es uno de los más exitosos directores del cine argentino. Ahora está en La Habana como jurado en la Sección Oficial de largometrajes de ficción.
Empezó su carrera profesional como realizador en 1968 con la cinta Tute Cabrero y de ahí al reconocimiento internacional con cintas como Asesinato en el Senado de la Nación (1984), Colón de Oro en Huelva y sendo premios Coral, película y actuación (a Miguel Ángel Solá) en La Habana; Made in Argentina (1987); ¿Donde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar? (1992) y Bajo Bandera (1997).
Más recientemente ha sido aclamado por títulos como Un Argentino en New York (1998); Papá es un ídolo, protagonizada por el comediante Guillermo Francella (2000), y Apasionados (2002).
Luego de la presentación de los diferentes jurados, en el Salón 1930 del Hotel Nacional, sede del encuentro, sostenemos una breve conversación con Jusid, quien ante todo afirmó tener enormes recuerdos del Festival de La Habana, y mi participación ahora como jurado es como un reencuentro.
¿Sus más recientes producciones?
Acabo de terminar una película la semana pasada. Vi primera copia. Es una producción muy grande que he realizado en la provincia argentina de San Luis, un homenaje a ese personaje mítico del cine argentino que es Isabel Sarni, que ha vuelto a aparecer, ya muy mayor. En mi país hay una gran inquietud, porque hace cuarenta años que no vemos a esta diva tan famosa e internacional del cine argentino. Vengo además, de hacer una serie de comedias que se han tenido mucha repercusión con Guillermo Francella que se ha transformado en una figura importante, entre ellas Un argentino en Nueva York.
¿Su última cinta en este Festival?
La última película con la que estuve acá fue ¿Donde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar? No pude presentarla personalmente porque estaba filmando, pero se que tuvo bastante repercusión. Un amigo de toda la vida, Julio García Espinosa, siempre me decía: tú tienes mucha suerte con el público cubano. Creo que conmovió mucho también Made in Argentina, una película sobre el tema del exilio y de la identidad, pero desde el afecto, desde el corazón.
¿Qué le parece la inclusión de los jóvenes realizadores?
Sin dudas es importante y refrescante que aparezca una nueva ola de realizadores. Se está haciendo mucho material, pero muy disparejo. Yo siento en Argentina que es necesario ser más riguroso. Doy las tesis en el Instituto de Cine de Buenos Aires y veo esto y trato de que mejore. El 80 por ciento de lo que se estrenó en mi país el año pasado fueron óperas primas y tienen una muy fuerte irregularidad. Esto es algo que estoy discutiendo con la presidenta del Instituto. Estamos tratando que sea lo más sólido posible. Son muchas películas casi 80, que se hacen con fondos del estado y creo que hay que cuidarlos mucho.
Algunos ven la comedia como un género menor…
Se la subestima y es tan difícil hacerlas. Yo vengo de filmar cuatro y debo decir que películas muy difíciles como Asesinato en el senado de la nación me han costado menos trabajo que lograr el timing en una comedia fina. Por ejemplo, Apasionados, que fue la última, la tomó una distribuidora enorme, Buenavista, y ha sido un éxito en todo el mundo, o sea que la comedia tiene con la gente una adhesión y por supuesto uno puede decir muchas cosas con una comedia.
En relación con el guión, tal vez el aspecto mas débil de las películas latinoamericanas. ¿Cómo lo trabaja usted?
Eso es cierto, pero yo lo trabajo con mucho tiempo y muchos colaboradores. Es una práctica que tiene que ver con mis treinta años de formación en el cine publicitario. Cuando termino el primer borrador del guión lo doy a leer a cinco duros e inflexibles amigos míos y voy teniendo en cuenta sus devoluciones. Uno se enamora del trabajo y esto hace perder mucha objetividad, entonces yo reelaboro y reelaboro. Salvando la comparación, el guión es como el hormigón de ese edificio que va a ser luego la película y es muy difícil hacer una buena película sin un buen guión. No hay que subestimarlo, hay que trabajar mucho y con un buen guión a lo mejor sale una buena película.
Como jurado ¿qué parámetros piensa deben considerarse fundamentales a la hora de seleccionar?
Creo que siempre el estómago de uno es el que en definitiva determina, y también qué película lo conmueve y le provoca, imágenes, conocimiento y emociones. Yo creo que el cine es un maravilloso sueño colectivo. Cuando se apagan las luces de la sala y uno entra, en la pantalla se produce un viaje y yo creo que el director de cine, como la vieja Schéhérazade tiene que seguir contando historias y contarlas bien, porque si no nos cortan la cabeza. Eso es lo que yo sostengo. Así que trataré de premiar la película mejor contada.