Michel Descombey
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¿Quién es Michel Descombey? Recientemente develé ésta y otras interrogantes sobre la vida y la obra de este maestro que desde 1975 se ha ligado con la danza mexicana y fundó, junto a la maestra Galdiola Orozco el Ballet Teatro del Espacio. En su sede de la colonia Juárez, Descombey y Orozco me abren las puertas de su casa, sus recuerdos y su filosofía creativa.
En Cuba recordamos a Michel Descombey por su trayectoria, pero sobre todo por La muerte de un cisne. Para Cuba ha sido como una especie de emblema… ¿y para Michel Descombey?
Es una buena pregunta. El mejor bailarín de la época en la compañía se llamaba Mario Rodríguez. Era muy buen actor además de muy buen bailarín. Tuvo un derrame cerebral que lo dejó paralizado de un lado de su cuerpo y debió dejar la danza. Fue un choque tan tremendo que decidí hacer La muerte de un cisne, se ve que el cisne está herido en un brazo, justamente el izquierdo, como un ala, del lado que quedó paralizado. Hice la obra en memoria de él y sobre todo el choque que fue tener el mejor bailarín con este problema. El murió unos años después pero se quedó la obra. Este es el origen de La muerte de un cisne.
¿Cómo considera que se proyecta hoy día la temática en la danza, no solamente mexicana sino en el resto del mundo? ¿Piensa seguir defendiendo sus tesis o adscribirse a los tiempos contemporáneos?
Primero diré que podemos ser contemporáneos sin hacer lo que los vanguardistas quieren hacer. Lo más importante en la danza es que sea un arte de comunicación. ¿Cuál es el éxito de la danza clásica? El virtuosismo, porque ver una mujer sobre puntas desafiando el equilibrio y el peso, es un desafío. Para el público es algo increíble cómo hacen eso.
En la danza contemporánea, sobre todo si estamos con pies descalzos, estamos más cerca de la humanidad, más cerca del hombre. Si no hay dentro de la obra una propuesta al nivel de la dramaturgia ¿qué tiene, de donde empieza la obra para llegar a tal punto? Es decir, para mi el final de una obra es la consecuencia de todo lo que ha pasado antes. Esto existe en literatura, en música y es la regla de mi trabajo, tengo que tener algo que decir, porque si no tienes algo que decir, cállate.
Veo en muchas obras de nuestra época el reflejo del caos que está en la sociedad en general. Hay propuestas muy interesantes, pero para mí lo más importante es ser honestos consigo mismo, seguir con una propuesta coreográfica y temática. Nunca estuve por la moda, hay muchas obras que presentamos desde hace más de 30 años que el público pide y que corresponden a una época, sobre los golpes militares en América Latina, la represión. Esa es mi posición con la danza.
Por eso hice El Ché: el Ché en Bolivia, con sus compañeros, un poco abandonado, traicionado allá, porque para mí, él es de los personajes más importantes desde mi juventud, alguien que actuó en consecuencia con sus pensamientos. Para mí la coreografía es eso, si no hubiera hecho coreografía hubiera hecho obras literarias o música, porque también estudié música y me ayudó mucho en cuanto a la coreografía.
¿Qué espera Michel Descombey de la danza del siglo XXI?
Espero que la danza actual haga algo que atraiga al público, porque hay mucha gente que dice: A la danza contemporánea no voy porque no entiendo, y yo les digo: ¿Qué han visto? Hay como una especie de tabú.
Tenemos que hacer obras pensando que alguien las va a ver, que será algo que deba tener una proyección aunque no guste, porque a veces hacemos una obra que a nosotros nos gusta y al público no. Nunca olvidar que la propuesta nuestra tiene que ayudar a la población para que venga a disfrutar, a veces con un drama. Shakespeare puede no ser alegre pero atrae al público.
El futuro del arte es luchar contra el hecho de que estamos –toda la gente del arte- en un callejón que parece sin salida, y tenemos que buscar siempre la salida. El problema de la danza es que nosotros proponemos y el público interpreta, el público dispone… pero sobre todo la sensibilidad, tenemos que seguir luchando para que el arte provoque en otros seres humanos que lo que hacemos corresponda a su sensibilidad y a la nuestra. Es eso para mí la danza de ahora, del siglo XXI, nunca olvidar que tenemos que trabajar con la sensibilidad, con la nuestra y con la del receptor que es el público.
Galdiola Orozco
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La Orozco prefiere referirse al siglo que pasó a través de los atletas de Dios idos.
Se fue el siglo XX y con él nuestros amores. ¡No al olvido!, ¡esa constelación y sus estrellas siguen en el latir de mi memoria! La vida sigue con el palpitar de su corazón, con sus ritmos y silencios, y en el silencio, la memoria me acompaña, los recuerdos y la tristeza también…
En la pared nos escoltan fotos de Descombey junto a Rudolf Nureyev; hay videos del repertorio de la compañía; alumbran los recuerdos de personas que el tiempo no podrá borrar: Freddy Romero, Raúl Flores Canelo, Martine Parmain, Guillermina Peñaloza, Rosa Reyna…
Pero también está el pequeño tamborcillo con el que Galdiola marca los compases de cada ejercicio, la mirada incisiva de Michel en cada montaje y el deseo de continuar empujando la danza para que siga animando el antiguo garaje de la colonia Juárez de la capital mexicana al son del Ballet Teatro del Espacio.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de espacios informativos y programas especializados de CMBF, Radio Musical Nacional.
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