
Mi solar de Alberto Alonso
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No pretendo emular con reconocidos críticos cinematográficos cubanos como Frank Padrón, Rufo Caballero o Joel del Río, pero por estos días he repasado uno de los filmes musicales cubanos más significativos de la cinematografía nacional, no precisamente por su realización –debida a Eduardo Manet– sino por haber dejado plasmado el éxito mayor de nuestra comedia musical: me refiero a Un día en el solar.
Inspirado en una de las viñetas populares de sus tiempos del cine Radiocentro, titulada El solar, Alberto Alonso estructuró en 1965 la idea del ballet para convertirla en la comedia Mi solar, estrenada en el Teatro Musical de La Habana, y dado si resonante triunfo, el ICAIC decidió convertirla en el primer largometraje a color de nuestra historia cinematográfica, contando con parte del elenco original, encabezado por Sonia Calero, Tomás Morales y Roberto Rodríguez.
En el cine al nivel internacional no siempre se hizo justicia a los coreógrafos que trabajaron para las comedias musicales.
De hecho, no fue hasta los años cuarenta del siglo XX que se acreditaron a Agnes de Mille las danzas del musical Oklahoma!, llevado a la pantalla grande en 1943, a los que le siguieron Bloomer Girl, Carrousely Brigadoonen 1944, 1945 y 1947 respectivamente.
Sin embargo, ya en 1935 Bronislava Nijinska había prestado su talento en la composición coreográfica para la versión fílmica de Max Reinhardt de Sueño de una noche de verano y William “Bubsy” Berkeley, quien había coreografiado su primer musical en Broadway en 1929, fue invitado al año siguiente por Samuel Goldwyn a Hollywood para crear las danzas de Whoopee, Volando voyy Ave del paraíso.
“Bubsy” crearía sus más famosos filmes además, como director cinematográfico, entre ellos 42nd Street, Me and My Gal –con Judy Garland y el bailarín Gene Kelly– y The Gang’s All Here–con Carmen Miranda.
Nombres imprescindibles de la coreografía del siglo XX como George Balanchine, Roland Petit, Michael Kidd y Jerome Robbins se inscribieron en los créditos del celuloide con cintas musicales como Los chicos de Siracusa, Papaíto piernas largas, Hello Dollyo West Side Story respectivamente, esta última verdadera referencia para la coreografía cinematográfica y ganadora de varios premios Oscars.
Artistas dramáticos se enfrentaron a la danza en producciones cinematográficas, como Mickey Rooney, Joan Crawford o James Cagney; cantantes como Doris Day, Judy Garland, Barbra Streisand, o Liza Minelli también, prestaron su talento al baile en la gran pantalla, mientras que bailarinas como Rita Hayworth, Shirley MacLaine o Chita Rivera devinieron actrices tanto en películas musicales como dramáticas.
Y aunque el género se conoce como “cine musical”, la danza no deja de ser un sujeto importante en su realización, de ahí la trascendencia de la composición coreográfica en la creación fílmica, al punto que muchos coreógrafos han asumido el papel de directores cinematográficos, como Robbins o Susan Stroman, con la versión fílmica de The Producers.
El cine cubano tiene pocas muestras de este género. Si bien casi nunca hubo filme sin danza antes de 1959, no pudiera hablarse de un verdadero género musical previo al estreno de Un día en el solar, en tanto cine, hoy día la obra se ve envejecida y en no muy bien conservada.
Pero al menos, los que vimos la comedia como los que no la conocieron, pueden acercarse a hitos de coreografía para musicales, como son el famoso pas de deux de la escoba, interpretado por la Calero y Roberto Rodríguez, y la antológica escena de las lavanderas, conocida por su canción Con el jabón-bon, en las cuales Alberto Alonso hizo gala de su fértil imaginación: en el primero, utilizando la escoba cotidiana como elemento participante del hecho danzario; que en la segunda, las bateas, los cubos y las tendederas igualmente, protagonizan y complementan el espectáculo.
Otros ejemplos de cine musical existen –Patakín, La bella del Alhambra o Un paraíso bajo las estrellaspudieran ser citados– lamentablemente la misma escasez, casi pérdida, del género en las tablas ha repercutido en la pantalla, cosa lamentable para un pueblo, en el cual la danza es elemento consustancial a su cultura.
Ojalá nuestro cine revierta en algún momento esta penosa situación.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional.
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