
Nacho Duato
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La Compañía Nacional de Danza de España estuvo a punto de desaparecer. Reorganizaciones y desorganizaciones políticas pretendieron centralizar esfuerzos y demoler el patrimonio que por casi veinte años había creado, con resonantes éxitos para la comunidad danzaria española y mundial, el bailarín y coreógrafo Nacho Duato. Nuevos funcionarios reconsideraron la desacertada medida y dieron un espaldarazo al artífice de un estilo diferente para la danza hispana.
Eso fue en verdad algo terrible, porque se desestabilizó la compañía. Ahora estamos en otra vez en marcha, pero estuvimos un año con muchas dudas, fue un susto y aparte una metedura de pata que se podía haber evitado. Por suerte, han cambiado al Ministro, ahora tenemos a Ángeles González, que quiere siga la compañía, no aplicar las ‘prácticas de buena conducta’, como le llamó el Ministro anterior, no quiere hacer concursos para que se presenten nuevos coreógrafos, cree que es una pena aplicar estas ‘prácticas’ cuando tiene que prescindir de gente que lleva bien las cosas y que ya tiene un nombre en el mundo, que conoce la compañía que tiene su sello y su personalidad. De modo que, de momento sigo, no sé para cuantos años más, pero de momento el Gobierno está contento con el trabajo y quiere que siga adelante.
Estas son palabras del propio Nacho Duato en entrevista que me concediera el pasado diciembre, durante las representaciones en el Teatro San Martín de Buenos Aires, como parte de una gira por el cono Sur latinoamericano con su Compañía Nacional de Danza de España.
Es una gira de casi tres semanas. Empezamos en el Teatro Municipal de Chile; ahora estamos en el San Martín, hicimos un programa la primera semana pasada y, hoy día 9, estrenamos el segundo programa; y el día 13 nos vamos a Montevideo, donde tenemos tres representaciones más.
Los programas en el San Martín bonaerense incluían tres ballets cada uno, desde un ya clásico como Por vos muero, nuevos éxitos como Castrati y su última creación, Cobalto, además de White Darkness, Gnawa y O Domina Nostra, todas de Duato.
Formado de modo bastante ecléctico, uno de los coreógrafos españoles de mayor éxito internacional habló sobre su trayectoria y su apego por el estilo de Jiri Kylian, con quien trabajó en el Nederlands Dans Theater:
Yo estuve en la escuela de Mudra de Maurice Béjart por dos años. Lo vi por primera vez en el Coliseum en Londres, cuando yo estaba estudiando en el Ballet Rambert y le vi en La consagración de la primavera, y cuando empezaron esas primeras notas tan maravillosas de La consagración… de Stravinsky y empezaron a levantarse Daniel Lomell, Jorge Donn, Patrice Turon… todos esos increíbles bailarines, me dije: ‘Aquí tengo que ir yo, tengo que bailar con esta compañía’.
Pero una vez que llegué a Bruselas la cosa cambió mucho, porque iba viendo compañías que venían al Teatro de la Moneda, como Jennifer Müller, Louis Falco, Lar Lubovitch, el American Dance, y decidí irme a Nueva York y bailar más contemporáneo, más todavía, porque Béjart era para mí como moderno, neoclásico, y quería bailar algo más moderno. Por eso dejé Mudra y me fui a Nueva York.
Estuve un año viviendo en Nueva York trabajando con Alvin Ailey. Esperando conseguir la ‘green card’, Alvin me pagaba de su bolsillo, porque no tenía contrato… pero ya no podía resistir más la situación de esperar una ‘carta verde’ que quizás no me darían y cobrando de una manera un poco extraña, por eso me fui para Estocolmo. Hice audición para Mats Ek y me dio un contrato en el Ballet Culberg.
Mats Ek me gustó también mucho y aprendí muchísimo, pero donde encontré mi hogar artístico, donde encontré a mi coreógrafo fue con Jiri Kylian en Holanda. Donde empecé a hacer coreografía fue en el Nederland Danse Theater (NDT), y me siento mucho más cercano a la estética y al estilo de Jiri que a la de Béjart.
El bailarín y coreógrafo valenciano ingresó en el NDT en 1981 y desde 1988 fue coreógrafo residente, junto con Jiri Kylian y Hans van Manen. Realizó su primera coreografía, Jardí Tancat, en 1983, que recibió el Premio Internationaler Choreographischer Wettberb en Colonia. En 1990 regresa a España para dirigir la CND hasta la fecha, con más de 60 coreografías para ésta y otras más de 50 compañías en todo el mundo.
Sobre su estética actual y su asumida influencia kylineana, Nacho señaló:
Uno ha cambiado mucho a lo largo de los años. Cuando llegué al NDT en 1981 bailábamos cosas como Sinfonía de los salmos, Sinfonietta, Sonata en Mi… yo creo que Willy (William Forsythe) influyó en muchos coreógrafos y en la estética de Jiri, no tanto en el movimiento sino en la mise en escena, en la escenografía y las luces en Jiri, de hecho trabajó con el mismo diseñador de luces y de escenografía, Michael Simons. Ya él ha cambiado muchísimo, y como me pasa a mí le ha pasado a Jiri, le pasa a Willy, a muchos coreógrafos: a medida que nos vamos haciendo mayores el trabajo se va volviendo más oscuro, más introspectivo, más extraño, más negro.
Nacho Duato nunca ha visitado Cuba, aunque ha trabajado con varios bailarines cubanos. Los motivos…
Creo que el problema ha sido más un problema económico y que estoy esperando quizás algún intercambio cultural, donde pueda sacar dinero del Ministerio. Sabes que en España es muy difícil tener sponsors privados porque pertenecemos al gobierno, y ahí es muy difícil ponerse de acuerdo gobierno y empresas privadas. Además, somos una compañía grande, viajamos cincuenta y tantos bailarines –a la Argentina, por ejemplo, hacía quince años que no veníamos precisamente por el mismo problema. En cuanto haya algún evento España en Cuba o Cuba en España o algo así, espero aprovechar ese momento y llevar a la compañía. A mí me encantaría ir a Cuba, porque sé que, aparte de que es un público maravilloso, entendido en danza, conocen mi trabajo y sé que están esperando de verdad a la compañía.
De manera individual normalmente me llaman para ser jurado de concursos, dar talleres o algo así y ese es un tipo de cosas no me gustan demasiado. No me gusta tampoco dar clases magistrales, mando a mis asistentes, siempre dejo que hagan mi trabajo en escuelas, más gratuitamente, que hagan lo que quieran con mi trabajo, pero a mí me cuesta mucho ir a un sitio para trabajar con bailarines que no conozco; además, no creo que sea muy buen maestro, me gusta hacer coreografía, pero luego ensayar… y tal, me gusta más dejárselo a mis asistentes. Pero me encantaría visitar Cuba, visitar la Escuela y la compañía, ver cómo trabajan. Quizás sí, si es haciendo una coreografía o enseñándoles una coreografía, eso podría ser interesante.
Para despedirse de este interlocutor cubano, Nacho Duato dedicó unas palabras especiales:
Pues les admiro mucho, porque a pesar de que es dificilísimo, que hay pocas ayudas, y a pesar de las dificultades, siguen teniendo un nombre en el mundo dentro de la danza. El Ballet Nacional de Cuba va todos los años a Madrid con todo un mes de repertorio y es algo realmente admirable. Me gustaría entonces ir e intercambiar su trabajo con el mío, apoyar.
Con un físico impresionante y su mantenido entrenamiento de ballet, Nacho Duato espera permanecer mucho más tiempo con su Compañía Nacional de Danza, siempre con una forma creativa más suya, más “rara” –como él mismo califica–, pero siempre ambicionada por cualquier bailarín o compañía en el mundo.
Tras sus gafas inseparables, con su pelo hirsuto y su sonrisa espontánea y sincera, este poeta… y mago de la danza del la actualidad, deja el lobby del Teatro San Martín de Buenos Aires para seguir batiendo sus alas, en el cono Sur con rumbo Norte… y cuatro vientos. ¡Ojalá pronto lo veamos en Cuba!
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional. |