
Carlos Acosta y Viengsay Valdes
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Visitar Londres es, por si misma, una experiencia única para quien desde los cuatro años ha oído hablar de sus castillos, museos, monumentos, puentes y relojes. Pero, si a esto se agrega que el Ballet Nacional de Cuba actuaba en esa ciudad, la experiencia se convertiría en inolvidable.
Luego de una semana con El lago de los cisnes, la compañía presentó el espectáculo La magia de la danzaen el centenario teatro Coliseum, a sólo unos pasos de Trafalgar Square y de la iglesia de Saint Martin in the Fields, donde –entre otras memorables actuaciones– estuvieron los Ballets Rusos de Diaghilev a inicios del pasado siglo.
El público que colmó las funciones a las cuales asistí vibró al punto de provocar numerosas interrupciones por aplausos y exclamaciones debido al virtuosismo y la entrega de nuestros bailarines, bajo la presencia siempre vigente en cada función de su directora Alicia Alonso.
Este espectáculo, considerado como "highlights" de grandes clásicos del ballet mundial, enseñó la diversidad estilística del conjunto y su fuerte preparación escénica, pues tanto el cuerpo de baile, las primeras figuras como los jóvenes que asumieron roles protagónicos, variaban en cada función sus personajes e incluso en una misma función interpretaban a Giselle y a Albrect y, poco después, a Kitri y a Basilio.
Un momento también inolvidable fueron las dos actuaciones de Carlos Acosta dentro del espectáculo. Acosta, quien se encuentra como artista invitado del Royal Ballet y ya había tenido excelentes críticas por su intervención en The Judas Treede Kenneth Mac Millan, en la primera semana de la temporada del Ballet Nacional de Cuba había interpretado al príncipe el Sigfrido en El lago de los cisnes. Ahora intervenía en el pas de deux Don Quijotejunto a Viengsay Valdés.
Compenetrados como dupla artística desde hace muchos años, Valdés y Acosta marcaron el instante más relevante de ambas noches, con una Viengsay completamente poseedora de la técnica y el personaje, con interminables balances y fouetés vertiginosos, y un Carlos maduro, ciclópeo, solícito partenaire y aún virtuoso en los giros y los menages alrededor del escenario.
Ismene Brown se expresó en estos términos en su crónica: Viengsay Valdés es celebrada y bienvenida también por sus sonrientes y sostenidos arabesques tan largos como para sobrepasar el momento de ir a dormir. Valdés es el ángel heráldico de Cuba; mientras Bruce Marriott señaló que verla bailar Don Quijote es una cosa muy rara y hermosa.
Por su parte, Sadaise Arencibia y Alejandro Virelles dieron un toque de excelencia, sobre todo en La bella durmiente del bosque y El cascanueces; mientras, Anette Delgado y Javier Torres lucieron a gran altura en Giselle.
Gavin Roebuck refirió: Sadaise Arencibia como Aurora, en el pas de deux del tercer acto de La bella durmiente tiene una técnica crujiente que hace juego con el pulido clasicismo de Alejandro Virelles como el Príncipe; en tanto, Judith Mackrell en The Guardian señaló: La noche comenzó promisoriamente con el pas de deux del segundo acto de Giselle. Comenzó marcado con el conjunto de espectrales y asesinas willis, pero Anette Delgado y Javier Torres no necesitaron contexto narrativo, directamente sumergidos en la penetrante viveza de un dúo de amor bailado más allá de la sepultura. Delgado modelando delicadamente el fraseo, contenida sin el elegante ardor de Torres, hacen que Ud. desee ver el ballet íntegramente.
Las condiciones como partenaire del primer bailarín Elier Bourzac motivó la siguiente opinión del crítico Bruce Marriott: … es un muchacho simpático y lo hace todo para poder desplegar a su bailarina y tener buenos movimientos él mismo.
Varios jóvenes asumieron protagonismos y resultaron en extremo bien recibidos: Yanela Piñera despuntó como una de las revelaciones del elenco, lo que se confirma con este comentario de Donald Hutera en Times Online: Yanela Piñera fue una lánguida y a la vez rigurosa Odette en El lago de los cisnes, así como el de Ismene Brown, quien además alabó la actuación del joven Dani Hernández: también gustó la gracia reticente y el talento riguroso de Dani Hernández, el joven que escoltó a Yanela Piñera en Odette, su príncipe Sigfrido fue discreto pero no invisible, confiable para ella y cuidadoso en el dibujo de sus poses.
Entre los más bisoños que impactaron en el espectáculo La magia de la danza estuvieron Gretel Morejón y Yonah Acosta en Coppélia. Sobre ella se escribieron frases como despliega amorosamente ligereza, sonriente gracia… (Sarah Crompton, Telegraph News) o,…una vivaz joven […] mostrando interés en la fineza de las piernas (Ismene Brown); y sobre Yonah: tiene gran elevación (Sarah Crompton) o el joven Acosta fue especialmente atento con Morejón, cuyo baile fue a la vez pulcro y contoneante. El placer de la pareja tomó sobre la escena e incidió hacia la audiencia (Donald Hutera, Times Online).
Coincidí con varias personalidades de la danza y la crítica inglesa en el Coliseum. Una de ellas, Margaret Willis del Dancing Times, comentó al final de una función: Fue un excepcional programa que muestra la versatilidad y el entusiasmo del Ballet Nacional de Cuba. A pesar que sólo fue una serie de pas de deux, mostró a la compañía en modos muy diferentes del viejo mundo manierista y la técnica afiligranada de muchos de los clásicos amados, desde los fuegos artificiales de Don Quijote, la alegría de Coppélia y finalmente la Sinfonía de Gottschalk, bailada con completa vivacidad por toda la compañía. Salimos del teatro sonrientes, satisfechos con una gran noche de danza.
Mientras, Dame Monica Mason, directora artística del Royal Ballet de Londres, solo pudo articular algunas frases, sobrecogida por la emoción: Wonderful!!! [Maravilloso], sobre todo por el sentimiento con que bailan, la pasión y -poniéndose la mano en el pecho al estilo de la pantomima clásica- ¡EL CORAZON! ¡Gracias, muchas gracias al Ballet Nacional de Cuba!
Las actuaciones del Ballet Nacional de Cuba continuaron en Manchester, tras dos breves actuaciones en París para regresar posteriormente a las ciudades inglesas de Birgminham y Cardiff.
Mi estancia londinense culminó dos días después de su partida de la capital británica, luego de una semana de castillos, museos, monumentos, puentes y relojes; pero esta visita tuvo para mí un espléndido valor agregado: el haber presenciado a nuestros bailarines alzándose por sobre su mayoritaria juventud en presentaciones de alto nivel internacional en una plaza tan exigente y difícil como Gran Bretaña y obtener un reconocimiento tan sólido del público de su capital, Londres.
* El autor es profesor, crítico de danza y colaborador de los programas especializados de CMBF Radio Musical Nacional. |