
Fina García Marruz y Cintio Vitier |
Hace ya seis décadas, cuando preparó la antología Diez poetas cubanos en 1948, Cintio Vitier afirmaba: Fina hace de sus poemas verdaderos movimientos del alma. Y, aunque bien sabemos del amor que une a ambos, quienes se manifiestan en la vida, los hijos, los nietos y las palabras, como si fueran un solo corazón, desde esa valoración quiero comenzar este homenaje a la mayor poetisa cubana viva, nuestra Premio Nacional de Literatura y única mujer laureada con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, ante los 85 años que cumplirá Fina García Marruz.
La vida me ha privilegiado no sólo con la lectura de sus poemas y de sus ensayos, sino igualmente con el trato humano, la relación afectiva que nació de la admiración y el respeto hasta cuajar en amistad compartida con esta mujer a la vez sencilla y trascendente que alimentó su vida y su obra, y todavía la nutre como lo ha declarado martianamente desde el amor como energía.
Cuando sólo tenía 15 años conoció a Gabriela Mistral y estuvo además entre aquellos jóvenes próximos a Juan Ramón Jiménez, como cultivó desde su adolescencia no sólo la música –tan presente en su familia desde la madre y los hermanos hasta sus propios hijos- sino la espiritualidad desde una fe cristiana que habla de ese sentido tan suyo de amar a Cuba.
Miembro del grupo Orígenes, amiga y admiradora de quien consideró siempre un hermano mayor y más sabio que todos, José Lezama Lima, compañera de Cintio y cuñada de Eliseo Diego, acunada por el afecto de sus camaradas de generación, me refiero al músico Julián Orbón, al sacerdote y poeta Ángel Gaztelu, al periodista y poeta Gastón Baquero, al bibliográfo y poeta Octavio Smith, fue la musa de aquel movimiento que marcó el más sustancial momento de las letras cubanas del siglo XX.
Exigente con ella misma, desde la intimidad de su hogar, en el ejercicio constante de la escritura, investigando entre la papelería de José Martí, ha sido renuente siempre a publicar y por eso, entre libro y libro suyo han pasado años, aunque cuando llegan a nosotros sus versos o su prosa estos nos conmueven y nos hacen asimismo reflexionar porque desde la lectura nos apropiamos de los movimientos del alma de una de las más inteligentes y sensibles criaturas que han nacido en esta Isla.
A Fina, como a su Cintio, debemos algunos de los textos más luminosos sobre la producción literaria, poética, narrativa y periodística de Martí, eje central de una devoción que se acrecienta en medio de sus propias exploraciones.
Como también, desde la impronta de fe que esta voz lírica, el poema más hermoso de cuantos se han escrito en nuestro idioma a raíz de la muerte de Ernesto Che Guevara.
En ella está el amor, tal y como lo ha escrito, como energía revolucionaria, como fuerza latente de cambios y renovaciones, de experimentación y búsqueda, ajena a tabúes, oportunismos, y mediocridades desde la comprensión profunda de las esencias de la vida, con ese acento humanista que es la raíz de su verbo, en el que habitan las voces de Jesús y de Martí.
* La autora es escritora, periodista y biógrafa de José Martí.
24042008/ elz
Foto http://www.juventudrebelde.cu
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