Aire Frio de Argos Teatro responde a expectativas

Mery Delgado
24/ 01/ 2012

Aire Frio de Argos Teatro responde a expectativasTres fines de semana lleva en cartelera el estreno del clásico cubano Aire frío, de Virgilio Piñera, por el conjunto habanero Argos Teatro que dirige Carlos Celdrán. 

Todos esos días con la pequeña sala a lleno total, lo que llevó a colocar lunetas extras, por cuenta del abundante público. 

La puesta va cumpliendo su cometido. Situada su sede en uno de los lugares menos cercanos al círculo teatral de la capital, ha logrado satisfacer  las expectativas que, sobre Aire Frío, ya existían. 

En sus quince años de trabajo el colectivo se ha erigido en uno de los grupos jerárquicos de la escena cubana, con Celdrán al frente, revalidando el criterio tras el montaje del título piñeriano

Si bien libró al texto de aquellos vínculos que reducían sus personajes a las décadas de los pasados años 40  y el 50, al tiempo que dejó la obra en dos horas sacudiéndola de cualquier adorno para llegar a lo más profundo de su tesis, el elogiado director entrega un Aire Frío de estos tiempos y para el público de hoy. 

La escenografía de Alain Ortiz, el vestuario de Vladimir Cuenca, la banda sonora de Denis Peralta y las luces de Manolo Garriga, son cómplices de esta gran factura. 

Aire Frio de Argos Teatro responde a expectativasEl nivel actoral, bastante equilibrado, logra sus mayores luces en Yuliet Cruz como Luz Marina, Francisco –Pancho- García siendo Ángel Romaguera, Michaelis Cué  en Benigno; y Waldo Franco en la interpretación del hermano Luis. 

Pero Aire Frío, por Argos Teatro, recién comienza a andar. 

Su director ha confesado que, de continuar la afluencia, la llevará hasta el mes de mayo; y ya le están respondiendo. 

Los aplausos, los sentimientos abocados que nos dejan al concluir la función, y el reconocimiento a la realidad tan cubana que Argos Teatro ha logrado mostrar entre cuatro paredes, son su mayor bandera para mantenerse en cartelera. 

Dice Celdrán en el programa de mano que Aire Frío ha tenido algo de exorcismo catártico. 

Ese efecto que él descubre en su montaje llega como efecto boomerang a los espectadores, con el mismo  dolor  de quien ha tocado fondo con el autor.  Ahí  radica su mayor mérito.

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