Segunda entrega de la Antología de la zarzuela cubana revela significaciones

Daniel Noriega
25/ 03/ 2019

Con parte de la obra desconocida, olvidada y rescatada del Maestro Ernesto Lecuonay el libretista Gustavo Sánchez Galarraga se produjo la segunda entrega de la Antología de la zarzuela cubana en el Centro Hispanoamericano de Cultura con una sala repleta de público.

Al frente de la dirección musical, el joven Osmany Hernández demostró su realización como instrumentista e investigador a la vez, por su respeto hacia lo que hace por sus admirables arreglos y desempeños para denotar una excelencia musical que mucha falta le hace al arte lírico cubano.

Una nómina de instrumentistas que integraron el Trío de cañas Móviles, el pianista Arián Alegre y la percusión de Manuel Jiménez protagonizaron la velada desde la entrega y los acertados acompañamientos que permitieron disfrutar del género en su más pura raigambre.

El programa que tuvo en la dirección artística al contratenor Ubail Zamora propuso como hilo conductor una historia traída a la realidad del país, que para nada estorbó; pero que por momentos se perdía en su discurso.

Fue, sin embargo, un viaje entre historia entrecortada y revista musical que el público asimiló gratamente.

Llamó la atención en este segundo programa la presencia de muy jóvenes artistas quienes desde sus primarias visiones muestran gratos signos de interés por redescubrir el patrimonio musical, algo que enriquece a todo artista y a la cultura cubana.

También resultó grato apreciar cómo se armonizaron consagradas y noveles figuras del género tratando de mostrar lo mejor de sí. Empero, no basta con el empeño, se requiere pericia para entender de qué va cada acción musical y teatral cuando se dispone a interpretar y representar.

Relevantes momentos fueron los ofrecidos por la soprano Dayri Llanes al asumir la romanza de Lola Cruz, así como el dúo de Lola y Ricardo junto al tenor Yancel Guevara. Demuestra que va creciendo en cada una de sus presentaciones, en tanto la madurez y desenvoltura con su personal desenfado hacen su arista auténtica y orgánica, lo que presume que estamos en la antesala de una de las primeras figuras del arte lírico del patio.

Por su parte Yancel Guevara estuvo a la altura de su compañera de dúo a través del encarecimiento musical. Exhibió buena proyección y musicalidad en todo momento con una energía total al punto de parecer por momentos, que estábamos en presencia de la puesta en escena, al poner y disponer sus derroches vocales reconociendo el linaje zarzuelero cubano.

El barítono Reynaldo Cobas demostró una vez más que posee un órgano vocal privilegiado y estudia profundamente cada partitura que interpreta. Sobresalió en particular al interpretar Vuelvo a ti de la zarzuela Sor Inés, con un estupendo control emotivo y vocal que arrancó fuertes aplausos.

Otros momentos de alta valía estuvieron en las voces de Reynier Borrego y Félix Román en el dueto establecido por Lecuona para la Salida de Ricardo de la zarzuela Lola Cruz a pesar de algunos accidentes.

Asimismo Allá en el batey, interpretado por Ariadna Reyes, gozó de toda la gracia vernácula que la artista ha heredado con vehemencia, aderezada con alta dosis criolla y dominio del género en gestualidad y proyección escénica; aunque debe cuidar las afinaciones en algunos momentos.

Por su parte la soprano Cristina Rodríguez realizó una grata y refinada interpretación de la romanza Sin ti de Sor Inés, no así con la entrañable Por qué no vienes de Julián el gallo; y es que se debe escarbar en la interpretación de la emblemática pieza, quien ha gozado de exquisitas intérpretes hasta la fecha.

Otros artistas formaron parte de la presentación como Dayamí Pérez, con su conocido oficio, sobre las tablas a través de La chancletera de María la O; así como Merlyn Cruz, quien a pesar de la seriedad con que se toma cada empeño no mostró sus mejores galas en esta ocasión; aunque logró buenos momentos a su paso por la escena que denotan estudio y respeto por el género.

También tomaron parte en la presentación los tenores Eugenio Hernández, Dioney González y la soprano Lucía Llanes quienes irán creciendo en futuras presentaciones.

Un final obligado a través de la emblemática Damisela encantadora, trajo el cierre de una audición que logró cotejar la excelencia musical de instrumentistas a los dispares desempeños vocales, algo recurrente desde la primera audición.

Agradecidos todos, por el rescate de parte del patrimonio que representa la zarzuela, entre toda la música cubana.

Lea además: Antología de la zarzuela cubana: Primera parte

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