Con aires de vueltabajo, Pinar del Río cuenta con galería para el mercado del arte

Antonio Fernández Seoane
22/ 03/ 2019

El viejo anhelo de la plástica pinareña de poseer una galería de arte comercializadora de su concreta producción artística, se vio materializado desde este febrero en ese sitio considerado Monumento Nacional que es Viñales, donde abrió Monte Soy, loable labor acometida por el Fondo Cubano de Bienes Culturales, con todo éxito para su definitivo establecimiento.

Es esta una flamante galería que cuenta con todos los elementos de elegancia y buen gusto de diseño interior y exterior, así como de los dispositivos requeridos para la exhibición comercializadora del arte, en lo que sobresale su efectivo sistema de luces combinadas.

Vistió sus mejores galas en su apertura, con la muestra colectiva Aires de Vueltabajo, en la que se reunieron 35 artistas del territorio, representativos y todos aquellos –incluyendo a las más noveles promesas en ese espectro- que mantienes una dinámica de producción exhibitiva dentro y fuera de nuestro más occidental territorio.

Ello, con «el propósito de visibilizar apropiadamente (estas) creaciones», a la vez que «comprende el mayor abanico posible de maneras, generaciones y temáticas de las últimas décadas», como apunta la especialista Yania Collazo en el texto de presentación en el catálogo realizado.

Allí están obras de artistas como Pedro Pablo Oliva, Humberto Hernández «El Negro», Tamara Campo, Miguel Ángel Couret, David Santa Fé, Elvis Céllez, Raciel Linares, Ramón Vázquez, Ulises Bretaña y Juan García Miló, entre otros muchos más.

Creaciones que, aunque apretadas en su concepto museográfico -lógico aquí por el objetivo de registrar el más amplio abanico posible de la plástica pinareña-, prestigiaron al nuevo espacio expositivo con esa carga creativa de sobradas razones para calificarlas de patrimonio cultural museable.

Sin embargo, no todo tuvo esa feliz suerte.

Es necesario que nuestros creadores reconozcan que lo que debe «ir» a una galería comercializadora del arte es lo mejor de su producción plástica y, en Aires de Vueltabajo, no todas las obras gozaron de esa imponderable impronta.

El incipiente (por no decir que inexistente) mercado de arte en Cuba necesita de obras buenas para vender en grande nuestro buen arte. Aún hay tiempo para las reflexiones y esas las tendrán que tomar no solo los artistas, sino también los especialistas encargados de tales menesteres…

Por lo pronto, ya Pinar del Río cuenta con lo principal: el escenario, la Galería de Arte Monte Soy.

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